Archivo de la categoría: Emociones

Cuentos como herramientas para abordar el miedo

Me gusta trabajar con cuentos y considero que son una herramienta muy útil para acercarnos a abordar temas delicados con los niños (y no tan niños). Hoy voy a comentaros los cuentos que tengo sobre el MIEDO, y de manera breve, qué es lo que me gusta de cada uno de ellos que hace que estén en mi colección.  Los resúmenes de los cuentos los podéis encontrar fácilmente en la red, por lo que para no hacer larga la entrada me limito a extraer la idea fundamental que me aportan para mi trabajo con el miedo.

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  • Los miedos del capitán Cacurcias de José Carlos Andrés y Sonja Wimmer y Guille y los monstruos de Rocío Martínez. Estos cuentos los elegí porque ambos cuentos nos trasmiten de forma clara la idea de que los miedos están en nuestra imaginación y nos permite iniciar el trabajo con ello.
  • Samuel no tiene casi miedo de Juan Carlos Chandro y Mª Luisa Torcida. Elegí este cuento porque diferencia muy bien cómo el hecho de ser valiente no quita la importancia de ser prudente, y nos invita a poder hablar del valor adaptativo del miedo y lo importante que es para nuestra supervivencia.
  • El de Ya no tengo miedo ilustrado por Emma Brownjohn, me gustó porque nos habla de casi todos los tipos de miedos que existen y nos ayuda a normalizarlos y aceptarlos. Paso importante para invitarnos a hablar de ellos y superarlos. Además tiene pestañas y pequeños pop-up que le hacen muy llamativo. Encontramos desde miedos animales, a fenómenos naturales a miedos sociales, al fracaso o a fenómenos para normales. Una buena colección de miedos.
  • ¿De qué tienes miedo ratoncito? De Susana Isern y Nora Hilb. Lo escogí por la seguridad, la calma y el acompañamiento incodicional que la mamá ratona hace a su ratoncito.

He dejado para el final los dos cuentos que a mi parecer son los más completos en contenido, aunque a mí me gusta trabajar siempre con varios porque considero que se complementan:

  • Cuando tengo miedo de Trace Moroney. Este cuento es muy completo porque nos describe lo que podemos sentir en nuestro cuerpo cuando tenemos miedo; invita a hablar de cosas que dan miedo; nos habla del miedo y su función adaptativa y nos propone como una posible estrategia de afrontamiento el hablar de ellos. Este cuento pertenece a una colección llamada Sentimientos de SM.
  • Los tentáculos de Blef: el miedo de Teresa Arias y Eva Clemente . Este cuento también pertenece a una colección de la que de momento tenemos miedo, rabia y tristeza. Aunque se centra en el miedo al primer día de colegio nos transmite muy bien qué sentimos y necesitamos cuando tenemos miedo. Además nos hace una propuesta de intervención (la caja quitamiedos) y viene con una breve guía para padres y educadores donde nos habla del miedo, da algunas pautas y analiza algunas de las escenas del cuento para poder sacarles más partido. El pequeño Blef siempre suele tener éxito con los niños.

Cómo veis no os pongo edades porque yo elijo los cuentos según el niño, su personalidad y lo que necesite en ese momento y no tanto según la edad. Utilizo cuentos hasta con adultos. Los cuentos ilustrados son una buena herramienta para todas las edades. No obstante, podéis consultar la edad recomendada de cada editor buscando el cuento en cualquier buscador.

Estos cuentos son útiles para abordar el miedo en general. También existen cuentos que tratan sobre miedos muy concretos, como por ejemplo Durmiendo con monstruos sobre monstruos y seres imaginarios o El monstruo que se comió la oscuridad sobre la oscuridad. Podéis consultar sobre otras temáticas, por ejemplo, el siguiente enlace.   También son útiles los cuentos de emociones en general entre las cuales aparece el miedo. Estos cuentos nos ayudan a introducir el miedo dentro del contexto del resto de emociones y normalizarla como una más antes de adentrarnos en él.

Si conocéis alguno que os guste especialmente o que pueda ser complementario a todos los que os expongo, escucho agradecida vuestras sugerencias.

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ALGUNOS SECRETOS PARA TENER UN BUEN AÑO

365 oportunidades

Viñeta de Liniers

Ponerse ropa interior roja en noche vieja, brindar con oro, escribir tres deseos en un papel… mucha gente realiza esas pequeñas acciones de cara a tener un buen año. Deseamos feliz año como si la felicidad viniera de fuera. Sin embargo, la felicidad no es algo que venga o no venga. La felicidad se construye. No nos podemos quedar pasivos esperando a que venga. Por eso personas con unas buenas condiciones de vida y lo que se suele llamar suerte pueden sentirse desgraciadas, y otras personas con poco o pasando situaciones desfavorables pueden sentirse felices. Nuestras acciones y formas de enfocar las cosas, serán las que nos llevarán o no a experimentar este estado tan preciado.

Desde mi punto de vista la felicidad no es un estado completo de placer (pensando así mucha gente puede afirmar que no existe o puede pasarse la vida buscándola en lugar de sintiéndola). La felicidad para mí es un modo de encarar la vida en el que podemos experimentar diferentes emociones que van y vienen como es el miedo, la tristeza, la alegría… que son necesarias para vivir y que no son incompatibles con la felicidad. La felicidad sería el cielo, las emociones las nubes. La felicidad es un estilo de vida. ¿No es más fácil considerarse feliz desde este enfoque? Me considero una persona feliz, en las buenas y en las malas, por que sé valorar lo que tengo y sacarle partido a la vida sin necesidad de grandes cosas, aunque a veces sufra y me angustie. La definición de felicidad que tengamos en mente es importante para poder experimentarla y reconocerla.

Laura y Dino 126 alberto montt

Viñeta de Albert Montt

Os propongo hoy 4 hábitos claves que podemos hacer en lugar (o además) de comernos las 12 uvas y otros rituales de Nochevieja, y que apuesto a que tendrán mejor resultado:

  • Haz cada día algo que te haga sentir bien:

Hablo de esos pequeños detalles que nos hacen sentir bien y que dejamos de hacer o hacemos de manera automática sin tener conciencia de ello. Seguro que si te paras a pensar se te ocurre una buena lista. De hecho, sería una buena idea que hicieras esa lista, tanto para tenerlas más presente y ponerlas en práctica cuando no las hagas, como para saber reconocerlas y valorarlas cuando las hagas. Como por ejemplo una ducha calentita, disfrutar de una comida, pararnos un segundo más en ese beso automático de buenas noches, disfrutar  un olor, echarnos crema tras la ducha, pintarnos los labios, ponernos ropa que nos guste (incluso aunque no te veas bien, eso ya vendrá), leer un ratito, dibujar, hacer algo que te relaje, poner tu canción favorita… seguro que todos los días podemos sacar unos minutos para ello. Sino se te ocurre nada fíjate en tus 5 sentidos y sácales partido.

Mira, huele, saborea, siente y escucha.

Recuerda que el truco no sólo está en hacerlo sino en hacerlo con consciencia y saboreándolo.

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  • Haz cada día algo con sentido en cuanto a tus metas y valores:

Pregúntate si lo que haces te aleja o te acerca a tus pequeñas o grandes metas o a tus valores. Busca esas pequeñas cosas que te hacen vivir de manera coherente a ellos. Hazte donante de médula, de sangre, colabora a una buena causa, recicla, haz un curso, sigue la dieta, juega más con tu hijo, habla más con tu pareja, enfrenta pequeños miedos, levántate antes, resuelve una tarea pendiente… Y recuerda que cada paso es una meta en sí misma. Felicítate por ello.

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  • Haz ejercicio:

Está demostrado que el ejercicio físico es beneficioso tanto para nuestra salud física como mental. Trata de practicarlo, aunque sea empezando por caminar unos minutos al día. Busca algo que te guste o que no te resulte muy difícil y sé constante. Créeme, sé constante y lo notarás.

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  • Practica el agradecimiento:

Trata de capturar momentos a lo largo del día por los que sentirte agradecido (una sonrisa, un gesto amable, una hora más de sueño, un semáforo en verde, compartir tiempo con tu hijo o incluso de disfrutar de agua corriente…). Puedes empezar por hacer un repaso al final del día buscando 3 ó 4 cosas que agradecer. Hasta en el día más malo puedes encontrar algo. Si lo entrenas, poco a poco te saldrá de manera automática y se podrá convertir en una actitud. Agradecer y valorar lo que tenemos probablemente tenga una relación muy estrecha con la felicidad.

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¿Y os preguntaréis que qué tiene que ver con los niños y mi blog? Pues mucho. Porque el bienestar de los cuidadores es fundamental para el bienestar de los niños y porque somos un ejemplo para ellos ;). La máxima del cuidador es: “Cuídate para cuidar”.

¡No leas este artículo!

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– No cierres la puerta
Nos mira. Pone la mano en la puerta.
– No cierres la puerta que te puedes pillar.
Nos mira. Parece desafiarnos. Sentimos que nos entiende.
– No cierres la puerta que me enfado.
Cierra la puerta y sentimos que nos mira con triunfo.
“No tiene ni dos años y nos toma el pelo” – pensamos – .
Nos enfadamos.
(…)
Quizás sea una escena cotidiana que la mayoría de nosotros podemos tener en nuestra cabeza si tenemos o hemos tenido niños pequeños (de hecho esa escena de ayer me inspiró a escribir este artículo).
Hoy quiero haceros reflexionar sobre la curiosidad y los niños.
La curiosidad es la emoción con diferencia más predominante en los niños pequeños, muy especialmente de 0 a 3 años. Si hay una emoción que llame especialmente la atención en un niño sano con sus necesidades básicas cubiertas es la curiosidad .
Todas las emociones tienen funciones y están encaminadas a movilizar a las personas hacia determinadas conductas. Como función podemos decir, que la curiosidad es una emoción que predispone al conocimiento. Es el pilar básico del aprendizaje y ayuda a crecer. La curiosidad promueve la conducta de exploración. En los primeros años de vida todo es nuevo y nuestro cerebro está deseoso de absorber información, por tanto la exploración del entorno se convierte en prioritario.
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La curiosidad en el niño llega a límites que el adulto en muchas ocasiones no puede ni a llegar a comprender. Como en el ejemplo que puse al inicio, muchas veces tratamos de valorar el comportamiento del niño desde la mirada de adulto y es entonces cuando solemos pensar que los niños nos retan, que les da igual lo que les digamos… Le acabamos de decir que no toque algo y sigue haciéndolo y… ¡Además nos mira mientras lo hace! ¡Encima se regodea! Lo entiende perfectamente y nos desobedece.
Esa mirada… no ayuda.  Solo nos enfada más y nos dificulta dar una respuesta adecuada. Una respuesta desde la reflexión y no desde una reacción de nuestro descontrol emocional.
No nos retan. Al menos no guiados desde las malas intenciones que otorgamos.
Es por curiosidad. Curiosidad por ver qué pasa si lo hago (tiene que ser algo impresionante para que mis padres se pongan así), por ver cómo reacciona mamá/papá y porqué lo hace así, por ver donde están los límites, porque les extraña esa actitud de papá/mamá y quieren ver un poco más, para ver si es para tanto, para ver si sé hacerlo o porque simplemente el instinto me mueve a curiosear y puede más que yo (la parte más racional de su cerebro está en proceso de maduración, las emociones mandan). Es posible que hasta le parezca divertido ver cómo nos ponemos porque toque un objeto del cual no comprende el valor o el peligro que le otorga un adulto y por ello nos mire con picardía.
Y aunque entienda que no nos gusta que lo haga, muchas veces volverá a hacerlo, sí. Porque su curiosidad estará por encima de todo y será lo que le mueva (su misión principal en esa edad es aprender). La curiosidad suele estar también por encima del miedo (por ello los niños pequeños pueden correr peligros y necesitan nuestra protección) así que los castigos y reprimendas no suelen servir mucho y puede que vuelva a tocar el objeto si no lo hemos cambiado de lugar o hemos tomado medidas que impidan directamente la acción sin que la dejemos a su buena elección.
Creo que verlo desde este enfoque, nos permitirá desarrollar mucho más nuestra paciencia y comprensión y con ello tomar decisiones más acertadas.

Por todo ello, será muy importante en estos primeros años el control del entorno. Que el niño pueda vivir y explorar libremente en un entorno seguro  donde no tengamos que estar luchando constantemente con su curiosidad, ya que nos desgasta a nosotros y daña nuestra relación con ellos (y también puede inhibir esta emoción tan importante si el conflicto es constante). El enfado requiere mucha energía. Convivir y cuidar de un niño pequeño requiere mucha energía. No la malgastemos donde no merece la pena.

Ante situaciones peligrosas para él, para los demás o para los objetos nuestra postura debe ser firme y calmada, retirándolo de la situación “no voy a dejar que te hagas daño” y distrayéndole hacia otros estímulos (lo bueno de que sean tan curiosos es que muchas veces es fácil distraerlos y que decidan curiosear en otra parte).
Volviendo a la viñeta del inicio, para otra vez, en lugar de repetirle veinte veces que no cierre la puerta e ir aumentando nuestro grado de enfado, algunas de las cosas que podemos intentar son:
– Interpretar adecuadamente su comportamiento sin sentirme desafiado (acordaros de la curiosidad). Sólo esto hará que sea más fácil aplicar cualquier otra medida.
– Desviar su curiosidad entusiasmadamente hacia otra parte: “vamos a jugar…”, “mira, ven y ayúdame a…” (personalmente a mí lo de “ayúdame a” me sirve muchísimo, los primeros años tienen unas ganas tremendas de colaborar).
– Darle las instrucciones en positivo: facilitan la colaboración ya que por un lado son menos aversivas y disminuyen la resistencia y la curiosidad del ver que pasa , y por otro, son menos complejas a nivel de operaciones mentales. No existe en nuestra imaginación la instrucción en negativo, para imaginarme “no cierres la puerta” primero tengo que imaginarme cerrando la puerta y luego asumir el no. “Ven con mama y deja la puerta abierta” , evoca en nuestra imaginación la imagen a cumplir de forma directa, me quita tentaciones.
– Enseñarle cómo cerrar la puerta sin hacerse daño o ayudarle a hacerlo.
– Si es importante que no la cierre, y las otras opciones fallan, retirarlo físicamente de la puerta antes de darle tiempo a desobedecer, cerrarla nosotros o poner medidas físicas que impidan el cierre (que sabemos que va a ocurrir).
¿Entraste a leer el artículo a pesar de su título (incluso debido a su título)? ¿Nunca te has sentido tentado a hacer algo que sabes que no debes solo por curiosidad? Multiplícalo por mil y será la que sientan en ellos.
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A vueltas con la timidez infantil: recomendaciones

Todas las imágenes pertenecen al cuento “Mimí, tomatito”

Las relaciones sociales son muy importantes para el ser humano. No solo dependemos de los demás para sobrevivir sino que el apoyo social es uno de los factores considerados como de protección para superar cualquier adversidad o incluso prevenir trastornos. Las dificultades en la interacción social pueden llegar a suponer un problema importante.

La mayoría de las consultas que tenemos los psicólogos clínicos relacionadas con dificultades en las relaciones interpersonales en niños suelen tener que ver con trastornos de conducta;  los niños con problemas de excesiva timidez, al ser menos llamativos y menos molestos para el entorno, suelen pasar desapercibidos. No obstante, su sufrimiento y la necesidad de intervención no son menores y por eso he decidido hacer este post, para dar visualización a los niños tímidos.

Lo primero que me gustaría dejar claro es que me encantan las personas tímidas. Suele haber personas muy bonitas detrás de la timidez: suelen tener con un gran corazón, ser nobles  y empáticos. Me inspiran una gran confianza.

Tendemos a categorizar la timidez como un atributo negativo. Pero la timidez no es mala en sí misma,  el simple hecho de no categorizarla como negativa ayuda, paradógicamente, a aceptarse a uno mismo y abrirse a los demás.

La vergüenza, que es la emoción principal que encontramos tras la timidez, es universal y aparece en todas las personas y todas culturas, es una emoción útil que ayuda comportarse adecuadamente ante ciertas situaciones, ser cautos ante la novedad  o incluso a intentar ser mejores en lo que hacemos y actuar con reflexividad.

No todo el mundo necesita relacionarse en el mismo grado, el problema es cuando uno se relaciona poco pero le gustaría hacerlo más y se siente mal por ello. Es importante distinguir distintos niveles de timidez. Existen desde los casos más graves que provocan rechazo en otros niños a los que prefieren relacionarse poco pero no les agobia y no tienen problemas si tienen que hacerlo.

El problema viene pues, cuando la timidez conlleva sufrimiento y nos impide hacer cosas que nos gustaría poder hacer. Se convierte en un problema cuando aparece con demasiada frecuencia, en situaciones en las que no tendría por qué aparecer o bien cuando lo hace de manera muy intensa. Además si el malestar es excesivo o interfiere significativamente en la vida cotidiana de los niños podemos estar ante trastornos como fobia social, trastornos de vinculación, depresión… y sería necesario hacer un diagnóstico diferencial. En esta entrada me centro exclusivamente en cómo las familias pueden ayudar a los niños tímidos a mejorar sus relaciones y sentirse mejor consigo mismos. En ningún caso pretendo nunca convertir a los niños en extrovertidos, sino respetar su timidez y ayudarle a que no sea una causa de sufrimiento.

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Os expongo a continuación algunas recomendaciones para las familias:

–          No etiquetes al niño. La tendencia natural que tenemos los padres cuando nuestro niño baja la mirada y se niega a saludar, a menudo es decir “es que es muy tímido”, ”no te va a contestar”, “no sé qué hacer con este muchacho…”.  Para todos los niños y en especial para los tímidos, lo que escuchan de los demás es importante, y puede sumergirles aún más en su rol de timidez, siendo cada vez más difícil que traten de romperlo. En lugar de eso, podemos no prestar excesiva atención a ese comportamiento y hablarlo con él a solas con tranquilidad y sin reproches. “Cuando alguien nos saluda, le gusta que les digamos hola, puedes intentarlo la próxima vez”

–          No compares más que consigo mismo.

–          Evita reproches y críticas de los comportamientos de timidez.

–          No prestes excesiva atención a las conductas de timidez

–          Muestra expectativas positivas y realistas “seguro que cada vez te irá costando menos”.

–          Ves despacio. Expónle poco a poco a situaciones sociales, empezando por las que sean más sencillas y fáciles para él, en las que el éxito esté asegurado. Incluso podemos entrenar antes en casa (por ejemplo jugando a las tiendas, jugando a que vamos al parque), podemos invitar a algún compañero con el que tenga más feeling a casa o al parque e ir ampliando el círculo poco a poco….

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–          Favorece situaciones sociales tanto en la calle como en casa y en la escuela. No es lo mismo pasar la tarde viendo una peli que jugando a juegos de mesa o juego simbólico. Trata de proporcionar, sin forzar, situaciones sociales variadas, que te acompañe siempre que sea posible a tus recados y poco a poco colabore.

–          A través de cuentos, juegos y películas puedes presentar modelos de cómo relacionarse. Son especialmente eficaces los modelos con los que el niño se puede identificar y que van superando progresivamente sus propias dificultades (edito para poner algunos cuentos: Mimí tomatito, Que hace un cocodrilo por la noche, Fuera vergüenza, Carlota no dice ni pío…). Contar cuentos e historias ayuda además a ampliar el vocabulario y mejorar las habilidades de conversación.

–          Evita situaciones excesivamente incómodas donde se ponga de manifiesto su timidez de una manera muy patente (por ejemplo esperar mucho rato todos a que el niño conteste o a situaciones muy ansiógenas cuando aún no hemos superado otras menores).

–          Refúerzarle por cualquier intento de afrontamiento de situaciones sociales, haya sido eficaz o no. Si tenemos que apoyarle o sugerir mejoras, hazlo a solas con tranquilidad.

–          Sé un ejemplo.

–          Muchas veces nuestra actuación no será directa sobre la timidez, ya que puede resultarles violento y causar inhibición, si no a través de potenciar el autoestima y la autonomía del niño. La timidez suele estar asociada a una baja autoestima.

 o   Puedes leer esta entrada sobre algunas recomendaciones para potenciar el autoestima infantil en positivo: Autoestima infantil: 15 recomendaciones

o   Evita la sobreprotección. La sobreprotección trasmite miedo e inseguridad. Muchas veces estos niños parecen vulnerables y provocan en el otro un sentimiento de necesidad de protegerlo. Es importante tratar de no hacer las cosas por él y poco a poco ayudarle a ganar en autonomía tanto en casa como fuera de ella. Asígnale responsabilidades de acuerdo a su edad que le hagan sentirse útil y capaz.

–          Ten paciencia y tranquilidad, los cambios son lentos. No olvides que para el niño es difícil.

–          Respeta su necesidad de privacidad. También tenemos que dejarles su espacio y no tratar de manera obsesiva que todo el rato se esté relacionando.

–          En situaciones nuevas, deja que primero observe. No le fuerces a actuar. Son niños que necesitan observar más que otros antes de actuar.

–          Habla con él en casa sobre tu día a día, pregúntale por el suyo (sin invadirle). Es importante aprender a conversar con naturalidad y la mejor manera de hacerlo es en casa.

–          Reconoce tus errores y muéstrale cómo te sirven para aprender.

–          No le interrumpas cuando esté haciendo algo para que lo haga más deprisa, respeta sus tiempos en la medida de lo posible.

–          Anticipa los cambios y como serán las situaciones nuevas a las que se enfrente siempre que sea posible. Cuanto más sepa sobre esas situaciones, menores serán los temores.

Y por supuesto, si piensas que el grado de malestar de tu pequeño es importante y sientes que tu apoyo no es suficiente, no dudes en pedir consulta con un profesional. Algunas de las características de los niños que sufren timidez que suelen trabajarse en consulta son:

–          Déficit en habilidades sociales

–          Tendencia al aislamiento

–          Tendencia a la inactividad

–          Evitación de situaciones interpersonales

–          Pensamientos negativos o distorsionados sobre si mismos (con baja autoestima), los demás y las situaciones

–          Excesiva atención hacia si mismo y su actuación (que en ocasiones incluso pueden confundirse con déficit de atención)

–          Miedo al rechazo y juicio de los demás

–          Sentimientos de soledad, tristeza…y también irritabilidad o enfado exagerado en el contexto familiar.

        Y ante todo, respeta su introversión y hazle tener presente que lo que te importa no es que se relacione más o menos sino que sea feliz y no lo pase mal en esas situaciones, transmite que son cosas que se aprenden y necesitan tiempo.

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Depresión infantil: detección y prevención

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Los niños suelen tener un buen estado de ánimo. Cuando presentan malestar suele ser muy fluctuante y muy marcado por el entorno y experiencia inmediata (un niño puede mostrarse enfadado o triste y al minuto contento y feliz porque ha empezado a jugar), a veces es tan marcado que puede sorprender a muchos adultos. Los niños viven muy centrados en el presente y es una de las cosas que les hace tan especiales. Sin embargo, debemos tener en cuenta, que los niños también sufren trastornos del estado de ánimo y que debemos estar alerta ante cualquier signo de malestar que se mantenga de manera constante durante varios días. Además, en el caso de la depresión infantil, los síntomas pueden ser algo diferentes a lo que encontamos en los adultos o a la típica idea de depresión que tenemos en la cabeza, y por ello es importante conocerlos. La sintomatología también puede variar según el nivel del desarrollo del niño. Por ejemplo, en niños más pequeños suelen aparecer con más frecuencia quejas físicas, agitación, ansiedad y temores, mientras que los más mayores suelen presentar más problemas de conducta, agresividad e irritabilidad. Los deseos de muerte o intentos de suicidio (que no tienen porqué ir unidos a la depresión) suelen aparecer más en la adolescencia.

Algunos de los síntomas que nos tienen que mantener en alerta son:

– Estado de ánimo irritable o depresivo (a diferencia de los adultos, el estado de ánimo irritable es común en niños depresivos, sin que se aprecie la tristeza)

– Pérdida de interés en sus actividades o de disfrute

– Aislamiento social

– Agitación

– Problemas de conducta

– Autoestima baja, sentimientos de minusvalía

– Desesperanza

– Dificultad de concentración

– Llanto frecuente

– Quejas físicas injustificadas médicamente

– Cambios bruscos en el peso o no aumentar lo esperado para su edad

– Disminución o aumento de apetito

– Disminución o aumento de sueño

– Cansancio (es raro que un niño esté cansado mucho tiempo)

– Autolesiones o pensamientos a cerca de la muerte o el suicidio

Recuerda que todos estos síntomas, pueden formar parte de la depresión pero también de otros trastornos, por lo que siempre es importante consultar a un profesional.

Como medio de prevención de la depresión y el fomento de una buena salud mental en general, os presento el siguiente decálogo basado en la obra El niño que no sonríe de Méndez, con mis modificaciones y ampliaciones:

1. Sé su modelo. Sonríe, muestra tu buen humor, evita las quejas excesivas que no llevan a ninguna parte, disfruta de tu tiempo libre, ten aficiones, habla en forma positiva de ti mismo, cuidate.

2. Ayúdale a sentirse bien: programa actividades agradables, potencia que se relacione, sorpréndele, potencia su curiosidad, jugad juntos, destaca sus logros o su esfuerzo y aprendizaje cuando no se consiguen. Ten en cuenta sus opiniones y preferencias. Elogialé con sinceridad y concretando todo lo posible.

3. Evítale sufrimientos innecesarios: cuida su salud (higiene, alimentación, vacunas, hábitos de sueño), preparalo y acompáñalo ante situaciones de estrés (inicio del colegio, mudanzas, duelos…)

4. Cuida el ambiente familiar: muéstrale tu cariño con palabras y hechos, fomenta la comunicación familiar, evita su presencia en las discusiones de pareja y sobretodo no lo utilices como interlocutor o le pongas entre la espada y la pared entre las dos personas que más quiere. Intenta mantener rutinas y anticipa con tiempo los cambios.

5. Edúcalo con afecto y coherencia: Llegad a consensos en su educación y mostraros unidos y firmes en esas cuestiones. Fija normas razonables. Colabora con la escuela. Ayúdale a entender y manejar sus emociones. Trátale con respeto.

6. Potencia sus cualidades, aficiones y pasatiempos. Anímale, sin forzar, a nuevas experiencias.

7. Enséñalo a tolerar la frustración y la incertidumbre: enséñale a respetar turno, a demorar poco a poco las satisfacciones inmediatas y felicítale por conseguirlo.

8. Hazle responsable, no culpable. Valora sus esfuerzos e intenciones por encima de resultados. Ayúdale a saber cómo reparar lo que ha dañado, emplea castigos que sean consecuencia natural de sus actos. Fija objetivos realistas. Ayúdale a diferenciar lo que está dentro de su control de lo que no.

9. Moldea un estilo cognitivo racional: Evita las etiquetas y lenguaje absolutistas “eres malo”, “nunca me haces caso” (ojo con los “eres”, “todo”, “nada”, “siempre”, “nunca”). No le des las soluciones directamente, ayúdale a pensar “¿Cómo podriamos hacer…?”.

10. Fortalezca tu autonomía: permítele que poco a poco tome decisiones, enséñale a cuidarse y valerse por si mismo de acuerdo a su edad, pérmitele colaborar en casa sin corregirle de manera constante.

Y sobre todo, recuerda que dedicarle tu tiempo y tu mirada es la mejor forma de mostrarle lo importante que es.

Duelo: el álbum de recuerdos

Hoy os quiero hablar de una actividad que a veces invito a realizar a las familias cuando se ha sufrido la dolorosa experiencia de perder a un ser querido; aunque también puede ser adaptado  para otras pérdidas que les resulten difíciles a l@s niñ@s  como la pérdida de una mascota, el cambio de casa, un amigo que se muda lejos…

El ejercicio se llama “El álbum de los recuerdos”, más tarde dí con el precioso cuento El árbol de los recuerdos y me pareció un complemento precioso para complementar el ejercicio.

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Respecto a las edades, puede ser adaptado a cada edad y ser más complejo para los más mayores. Algunas veces lo he utilizado con adultos. También se puede realizar en formato digital o en forma de video, con música… pero yo soy muy partidaria de seguir utilizando las manos y el papel para sentirlo más nuestro (algunos adolescentes prefieren el formato digital).

¿Por qué puede ser útil?

  • Las personas necesitamos rituales de despedida, de ahí los velatorios y funerales. Los que nuestra cultura realiza pueden ser muy útiles, pero especialmente para los niños*, son más incomprensibles y menos personalizados. De este modo, aunque hayan acudido a los ritos, dedicar un tiempo para despedirse y honrar a la persona fallecida les ayudará a asumir la realidad de la pérdida y comenzar a elaborar su dolor.
  • Nos permite compartir momentos especiales con ellos y les permite sentirse acompañados en la pérdida.
  • Facilita poder hablar del fallecido, de nuestras emociones.
  • Nos invita a evocar emociones positivas asociadas al recuerdo.
  • Ayuda a la elaboración de la pérdida, a recolocar emocionalmente al fallecido.

Me he encontrado más de una vez en consulta con adolescentes y adultos jóvenes con duelos prolongados en los que desde la pérdida, no se ha facilitado el poder hablar de la persona fallecida y se ha convertido en un tabú que les ha ido aislando y bloqueando en su proceso de duelo. Este ejercicio puede ayudar a prevenir este tipo de situaciones, que, una vez enquistadas, casi siempre es preferible que sea un profesional quien ayude al joven a pasar por este proceso.

Para realizar el ejercicio es necesario que el niño quiera, y que el adulto no vaya a desbordarse haciendólo, pudiendo mostrar sus emociones controladamente.

¿En qué consiste?

El ejercicio tiene dos partes , aunque puede realizarse solo la segunda. Se puede hacer en varios días y se recomienda que se dé un plazo para terminarlo, para poder cerrar el proceso (aunque no se descarta poder añadir alguna vez otras páginas si es necesario). También recomiendo realizarlo en un horario en el que luego podamos hacer una actividad diferente que nos desepeje (no por ejemplo antes de dormir).

En la primera parte recomiendo la lectura con la niña del cuento El árbol de los recuerdos. En el argumento, un zorro muere en el bosque y los animales, muy tristes, se reúnen para recordar juntos al zorro. Es un cuento muy bonito sobre el duelo que se centra en la idea de que nuestros recuerdos harán que la persona que ha fallecido esté en nuestro corazón para siempre y nos enseña que recodar no es un tabú ni tiene porqué ser siempre doloroso, además es necesario.  El cuento nos sirve como introducción para mostrar lo importantes que son los recuerdos y lo importante que es no dejarlos de lado, permite dar mayor sentido al ejercicio. Así nos dará pie, a proponer la segunda parte de la actividad, y si al niño le apetece, empezar a llevarla a cabo.

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La segunda parte sería la creación de El album de los recuerdos. Su formato lo dejo a la imaginación de las familias, pues siempre tienen más creatividad que yo y es una cosa muy personal. Algunas de las cosas que se pueden incluir:

  • Escribir brevemente algunos recuerdos con esa persona
  • Escribir cosas que a esa persona le gustaban o nos enseñó, escribir cosas que nos gustaban de ella.
  • Incluir fotos de momentos vividos juntos
  • Incluir fotos de lugares u objetos especiales que nos recuerden a esa persona
  • Decorarlo a nuestro gusto
  • Incluir siempre algún dibujo, especialmente como modo de poner fin al álbum, incluso podemos dibujar nuestro árbol si hemos leído el cuento.

El dibujo va a ser un medio de expresión fundamental para los más pequeños.

Hay álbumes de recuerdos que pueden ser solo un dibujo y otros que están muy elaborados con muchas páginas, todo en función de cómo  la niña entre a ello, de su desarrollo evolutivo… Las opciones son muchas. La idea es poder hablar de la otra persona y expresarse a través del dibujo y la fotografía.

Y mientras tanto… creemos buenos recuerdos en la vida de nuestr@s niñ@s para poder dejar esa huella en ellos para siempre.

 

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* A lo largo del texto utilizo los términos masculino y femenino de manera indiferente.

Cómo vaya, vas a llorar con razón

Elijo esa frase como título por ser una de las que más escuchamos probablemente en nuestra infancia como amenaza (y no deja de ser curiosa cuando es la emoción y no la razón la que está relacionada con el llanto). En el post de hoy quiero hablar de los cachetes, los azotes y las amenazas de hacerlo como instrumento para modular la conducta de los niños.

Antes de nada, quiero aclarar que cuando hablo de pegar en este artículo, no hablo de palizas, de pegar al niño de manera habitual, de hacerle marcas, de causarle dolor físico… ese es un tema a parte, que tiene que ver con maltrato grave penado por la ley que no admite discusión alguna. De lo que voy a hablar, es de una parte más sutil, donde los límites entre lo que está bien y mal son difusos para la mayoría de las familias, donde la mayoría de las personas han vivido o están viviendo. Una parte que entra dentro de la normalidad en la mayoría de nuestras casas.

El objetivo de la entrada no es moralista ni decir lo que uno tiene que hacer o no con sus hijos. El objetivo es únicamente que al menos, cuando uno lo hace, lo haga siendo consciente de lo que estoy transmitiendo, y que pueda elegir hacerlo o no teniendo claro  si realmente esa era la lección que pretendía transmitir al niño. El objetivo es que tengáis toda la información para poder decidir. Porque a veces creemos que el mensaje es “eso no se hace”, pero acompañado de ese mensaje van otros de manera implícita más importantes de los que muchas veces no somos conscientes. 

Parece que todos estamos de acuerdo cuando queremos trasmitir a nuestros hijos: “Nadie tiene derecho a pegarte. No tienes derecho a pegar a nadie” (¡Cuántas cosas se arreglarían en el mundo si consiguiéramos con éxito dar siempre ese mensaje!), pero a veces no sabemos bien cómo es la mejor manera de hacerlo. 

Pegar a seres indefensos está mal. Siempre. Bajo cualquier circunstancia. En cualquier intensidad. No vamos a traumatizar a ningún niño por darle un azote flojo puntual, de verdad, no creo que eso les traumatice ni dañe nuestra relación con ellos, pero si tenemos que ser conscientes de la lección que realmente le estamos transmitiendo.

Voy a hacer un pequeño inciso sobre el cerebro antes de continuar. A grandes rasgos, podemos decir que el cerebro puede dividirse en tres áreas diferenciadas, algunos autores hablan de tres cerebros: 1) el neocortex o corteza cerebral,  la parte  más externa del cerebro, a la que también llamamos corteza; 2) el cerebro límbico;  y 3) el cerebro reptiliano. La corteza es la encargada de las funciones más desarrolladas y complejas del ser humano como la capacidad de planificación, reflexión, control de impulsos, aprendizaje, moralidad, toma de decisiones…. Está parte del cerebro se irá desarrollando a medida que el niño crece, por lo que durante la infancia no funciona a pleno rendimiento. Bajo la corteza, encontramos el cerebro límbico que es emocional, reacciona de manera no consciente, trata de protegernos, reacciona como una alarma ante los peligros y busca la acción rápida. El cerebro reptiliano es la parte más  primitiva encargado de las funciones vitales básicas (respiración, sueño, hambre…). Tanto el cerebro límbico como el reptiliano funcionan desde el inicio porque son indispensables para la supervivencia y son los más instintivos y básicos del ser humano como animal.La corteza actua como filtro y selecciona ante que información responder y cómo hacerlo de la manera más adecuada. Bueno, creo que esta burda explicación puede ser suficiente para entender lo que pretendo contaros.

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Como ya he dicho, los niños no tienen desarrollado al 100 × 100 la corteza cerebral, pensad que si ya es complicado para nosotros muchas veces actuar de manera reflexiva y controlar la parte instintiva y emocional, cómo puede ser hacerlo cuando  la corteza aún está inmadura.  Por todo esto, es más fácil que los niños se dejen llevar por este impulso instintivo. Por tanto, en la niñez es muy fácil aprender la conducta de “pegar” como parte de nuestro comportamiento habitual ya que es una conducta que aparece de manera instintiva. Pegar, para los niños,  es un reflejo de defensa muy primitivo.  Si tenéis hijos o niños cerca, habréis observado, que desde bien bebés, el impulso a golpear es frecuente cuando se frustran en la mayoría de ellos. Hasta que con la ayuda del desarrollo de la corteza y la educación,  pueden conocer otras formas de manejar esa frustración. Unos niños tardarán más que otros. 

El adulto tiene un papel importante en el óptimo desarrollo de la corteza del niño. De alguna manera, podemos decir que en los primeros años se convierte en su corteza, siendo quién le enseñe a regular toda esa parte instintiva. Y a lo que voy, si le pego, no estoy siendo “corteza”, estoy reforzando el actuar desde el impulso.

Bueno, y todo esto, solo para tratar de dar a entender que antes de amenazar con pegar a un niño o darle un pequeño cachete, debo ser consciente de que:

  • Para los niños, los padres somos perfectos. Lo que nosotros hagamos está bien.  Somos un modelo a imitar. Somos su guía de vida. 
  • El ejemplo es la manera más potente de profundizar un aprendizaje.
  • Los niños no entienden de intensidad. No vale ” si le doy en el pañal, no le hago daño”, “en el culo si, la cara no”. Los niños no son tan sutiles, lo que le estoy enseñando es que golpear está bien, da igual como lo haga. Los niños no tienen medida.
  • El mensaje que le hago llegar es: pegar está bien para conseguir lo que uno quiere. Pegar me da poder.
  • Cuando pego es porque he perdido el control. Es una conducta no controlada que libera rabia. Si lo que quiero es que el niño aprenda autocontrol tengo que plantearme si es la forma correcta de hacerlo.
  • El solo hecho de amenazar ya está trasmitiendo que pegar es algo lícito, planteo esa conducta como posible y válida para conseguir mis objetivos. 
  • También trasmitimos mensajes subliminales de “Te hago daño porque te quiero” “Te hago daño porque te lo mereces” no hace falta que diga lo dañino que puede ser trasmitir este mensaje para relaciones futuras.

Si no obstante, pierdo el control (como humanos que somos y costumbres heredadas de nuestros padres), y lo hago, recuerda siempre que rectificar es de sabios. Pide perdón y habla con el niño sobre que no está bien lo que has hecho y tratarás de no hacerlo más. Tenga la edad que tenga.

Recuerda que no le has pegado porque su conducta lo merezca, le has pegado por tu falta de recursos para manejar la situación y tu frustración, o bien porque en tu casa se hacía así. A día de hoy hay tanta información sobre crianza con la que nuestros padres y abuelos no contaban, que no podemos escudarnos en lo que ellos hacían. Es nuestra responsabilidad aprender, informarnos y avanzar en ofrecer una crianza con límites y respeto.

De verdad creo que está en nuestras manos cambiar el mundo.

(Pretendía escribir una entrada corta y al final se me ha ido de las manos, perdón por la extensión y gracias a los que habéis llegado hasta el final 😉 ).

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