Archivos Mensuales: julio 2016

Dar y Recibir

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Imagen de Mama Ghanush

Mientras escribo desde mi cama, con mi pequeño al lado y me muero de amor mirando su carita… tengo que confesarlo, aunque suene impopular: soy una persona completa y feliz ahora que soy madre y… también era una persona completa y feliz antes de serlo. Y, además, creo que es importante que así sea.

Es importante no poner en nuestros hijos la responsabilidad de completarnos (ni directa ni indirectamente). Son ellos los que nos necesitan a nosotros, somos nosotros como padres lo que tenemos que dar, y para poder dar es importante cuidarse.

No es infrecuente ver en la consulta adultos que siguen cargando con el peso de la responsabilidad sobre el bienestar de sus padres, y es que lo que aprendemos de niños queda grabado en el alma. No es difícil ver cómo los adultos que no se trabajan esto y lo hacen consciente, además de sufrir, a su vez sin querer lo transmiten a sus propios niños.

Tratemos de sostenerlos y no de ser sostenidos por ellos.  Querámosles de manera incondicional sin exigirles lo mismo (en el fondo ya lo hacen se comporten como se comporten).

Cuidemos el lenguaje “si lo haces no te quiero, si lo haces no me quieres, me vas a quitar la vida, te voy a abandonar, con todo lo que hago por ti..” tanto el que les decimos como el que nos decimos a nosotros mismos.

Demos sin hacerles sentir en deuda. Los padres dan, los hijos reciben. Cuando damos la vuelta a esta situación aparecen problemas que pueden arrastrarse durante generaciones.

No han nacido para cumplir nuestras expectativas ni rellenar nuestros vacíos.

Demos amor incondicional, demos sustento físico y psicológico, demos guías, límites y demos alas. Y solo dando, sin querer ni pedir recibiremos.

Y mientras tanto sigo mirando la carita de mi niño tranquila, relajada. Confío y deseo en que siempre (o la mayoría de las veces) pueda sentir de mí que soy un soporte, que puede confiar y sentirse así de tranquilo a mi lado y que puede separarse cuando lo necesite sin hacerme daño.

PicsArt

(Imágenes tomadas de la autora Senzhana Soohs. Instagram: Vskafandre)

 

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Supermamás

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Hacía mucho tiempo que no escribía en el blog. He estado muy ocupada primero con un montón de trabajo y después con mi embarazo y el nacimiento de mi pequeño.

Hoy he decido volver a escribir, esta vez desde el otro lado, desde el lado de la maternidad y desde un punto de vista más personal. Estaba navegando por Facebook y he topado con un artículo sobre el peso y el postparto, con muchísimos comentarios de madres que no se sienten bien consigo mismo mismas. Y me he identificado.

Hoy voy a dejar de lado la crianza y voy escribir sobre el inicio la maternidad y lo que yo me he encontrado. Y no voy a hablar de las cosas bonitas, que esas ya las leemos en muchos sitios. Y me voy a enfocar en la madre y no el bebé.

El postparto y el inicio de la maternidad es todo un mundo. Nadie te prepara suficiente ( en realidad no sé si puede una prepararse hasta que no lo vive). No es cuestión de tenerle miedo pero tampoco es agradable que te pille por sorpresa. Además no es algo de lo que se suela hablar… pero si inicias la conversación, puede que te encuentres con más de una cara de alivio en el otro lado y un “ a mí también me pasa”.

No es todo de color de rosa, y menos aún cuando hay alguna complicación o resulta especialmente doloroso el postparto. Muchas veces no hay un enamoramiento a primera vista de tu bebé ni se te olvida todo lo que has pasado nada más verle la carita. A veces sentirse madre lleva su tiempo. Dar lactancia materna no es fácil, es sacrificado y los inicios son duros. Que todo el mundo opine sobre lo que debes o no hacer en un momento de tanta vulnerabilidad es complicado. Obviar tu dolor y agotamiento  para atender a tu niño desgasta. Darte cuenta de que tu vida ha dado un giro brutal puede ser un shock. Y no reconocerte en tu propio cuerpo, verte con tantos kilos de más, la flacidez, las estrías es agobiante.

Y comienzan las prisas para que todo vuelva a la “normalidad” (pero cuidado, ¡que igual la normalidad es otra cosa en este momento!)

¿Y por qué nos sentimos así? ¿Por qué intentamos llegar a todo? Pienso que socialmente a día de hoy la mujer tiene un nivel de exigencia y autoexigencia brutal. Tenemos que dar el 100% en nuestra vida profesional, tenemos que tener la casa impecable, cocinar bien,  tenemos que tener cuerpos perfectos, ir guapas, maquillaje, depiladas, la manicura bien hecha, los pelos decentes… Tenemos que ser buena esposa, buena amiga, buena hija, buena madre. Tenemos que parir sin epidural con parto natural, dar lactancia materna  cueste lo que cueste (pero ojo, que si la das alguno te dirá que el niño no se alimenta bien), no perder los nervios en la crianza, sacrificarnos con gusto si de verdad queremos a nuestros niños… Pero además sacar tiempo para salir con amigas, ser independiente,  viajar… Un todo terreno, vamos. Que al final, hasta el ocio se vive como imposición. Ser una mujer de hoy en día es complicado (tristemente siempre lo ha sido, pero ahora encima creemos que estamos liberadas), y cuando ya eres madre mejor ni hablar. Y todo esto sin quejarnos no vaya a ser que alguien piense que somos flojas o que no queremos suficente a nuestros hijos. Nos venden la imagen de “superwoman” como si fuera algo bueno ¡Cuidado! Es una trampa… Y cuando fallamos en alguna de de todas las cosas que CREEMOS que tenemos que sacar adelante nos sentimos mal, nos despreciamos. En vez de hablarnos a nosotras mismas con comprensión, con cariño, como lo haríamos con una amiga, somos realmente crueles y nos dañamos más. Y no nos damos cuenta de que lo hacemos. Haz la prueba, cuando te sientas mal, observa detenidamente como te estás hablando a ti misma, que tono y palabras utilizas y si de verdad crees que es la forma adecuada de hablar con alguien a quien debes amar y con quien debes pasar el resto de tu vida.

Hasta esta semana me he sentido fatal con los kilos de más que el embarazo me ha dejado (hablo de los kilos como pueden ser el resto de presiones autoimpuestas). He buscado ropa ancha que me disimule y tenía intención de no ir a la playa este verano. Pero de repente, y leyendo a tanta mujer que se siente así, me he dado cuenta que hacer eso es solo alargar esta situación y no me estaba dando cuenta. Que empezar a esconderme y dejar de hacer cosas, perderme pedazos de vida solo por esos kilos les da cada vez más fuerza. Así que ayer me puse una camiseta ajustada y en unas semanas me marcho a la playa. Y estudiaré cuando pueda y viviré a mi ritmo y al de mi niño y cuando me apetezca salir sin él, lo haré sin sentirme culpable, y si no me apetece salir sin él tampoco me sentiré culpable.

Que después de dar vida, una tenga que andarse con estas tonterías (porque todo es una tontería al lado de lo que hemos hecho) es muy triste.

Y ojo, no hay que engañarse. A veces vemos a madres que parece que cumplen todos los requisitos y eso nos hace sentir peor,  “ella puede”. Pero desde ahora os digo que no. Que todas esas madres aunque puedan tener mejor o peor aspecto de cara al escenario, en el backstage también tienen sus dudas, sus miedos y sus presiones.

No digo que no nos cuidemos o cuidemos nuestro entorno, pero cuando nos estamos sintiendo mal es una señal que indica que necesario revisar nuestras prioridades,  bajar la exigencia, ver que es lo que realmente necesitamos en ese momento y darnos una autopalmadita en la espalda , sin reproches. Solo tratándonos con cariño podemos dar y darnos lo mejor de nosotras mismas.

Somos las propias mujeres las únicas que podemos cambiar esto, y solo podemos hacerlo queriéndonos más,  tratándonos con cariño y apoyándonos en los demás siempre que sea necesario. Las “superwoman” para los tebeos.

Y ahora voy a dormirme la siesta al lado de mi pequeño y el mundo y los kilos, que esperen.

Y por cierto, aunque al principio parece imposible, al final ocurre, al final si te olvidas del parto y del postparto al mirarle la carita.