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A mi niño

Un añito del momento más duro… y más impresionante, increíble y mágico de mi vida. No el más feliz porque cada día me haces más feliz… y más vulnerable, más poderosa, más sabía, más niña, más adulta… Tener más sueño… pero también más sueños… Quererte más y quererme más.

Cada día crezco contigo, me haces intentar ser mejor persona, superarme para ser mejor ejemplo… y preguntarme quién le ha dado la vida a quién.

Felicidades

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Cómo vaya, vas a llorar con razón

Elijo esa frase como título por ser una de las que más escuchamos probablemente en nuestra infancia como amenaza (y no deja de ser curiosa cuando es la emoción y no la razón la que está relacionada con el llanto). En el post de hoy quiero hablar de los cachetes, los azotes y las amenazas de hacerlo como instrumento para modular la conducta de los niños.

Antes de nada, quiero aclarar que cuando hablo de pegar en este artículo, no hablo de palizas, de pegar al niño de manera habitual, de hacerle marcas, de causarle dolor físico… ese es un tema a parte, que tiene que ver con maltrato grave penado por la ley que no admite discusión alguna. De lo que voy a hablar, es de una parte más sutil, donde los límites entre lo que está bien y mal son difusos para la mayoría de las familias, donde la mayoría de las personas han vivido o están viviendo. Una parte que entra dentro de la normalidad en la mayoría de nuestras casas.

El objetivo de la entrada no es moralista ni decir lo que uno tiene que hacer o no con sus hijos. El objetivo es únicamente que al menos, cuando uno lo hace, lo haga siendo consciente de lo que estoy transmitiendo, y que pueda elegir hacerlo o no teniendo claro  si realmente esa era la lección que pretendía transmitir al niño. El objetivo es que tengáis toda la información para poder decidir. Porque a veces creemos que el mensaje es “eso no se hace”, pero acompañado de ese mensaje van otros de manera implícita más importantes de los que muchas veces no somos conscientes. 

Parece que todos estamos de acuerdo cuando queremos trasmitir a nuestros hijos: “Nadie tiene derecho a pegarte. No tienes derecho a pegar a nadie” (¡Cuántas cosas se arreglarían en el mundo si consiguiéramos con éxito dar siempre ese mensaje!), pero a veces no sabemos bien cómo es la mejor manera de hacerlo. 

Pegar a seres indefensos está mal. Siempre. Bajo cualquier circunstancia. En cualquier intensidad. No vamos a traumatizar a ningún niño por darle un azote flojo puntual, de verdad, no creo que eso les traumatice ni dañe nuestra relación con ellos, pero si tenemos que ser conscientes de la lección que realmente le estamos transmitiendo.

Voy a hacer un pequeño inciso sobre el cerebro antes de continuar. A grandes rasgos, podemos decir que el cerebro puede dividirse en tres áreas diferenciadas, algunos autores hablan de tres cerebros: 1) el neocortex o corteza cerebral,  la parte  más externa del cerebro, a la que también llamamos corteza; 2) el cerebro límbico;  y 3) el cerebro reptiliano. La corteza es la encargada de las funciones más desarrolladas y complejas del ser humano como la capacidad de planificación, reflexión, control de impulsos, aprendizaje, moralidad, toma de decisiones…. Está parte del cerebro se irá desarrollando a medida que el niño crece, por lo que durante la infancia no funciona a pleno rendimiento. Bajo la corteza, encontramos el cerebro límbico que es emocional, reacciona de manera no consciente, trata de protegernos, reacciona como una alarma ante los peligros y busca la acción rápida. El cerebro reptiliano es la parte más  primitiva encargado de las funciones vitales básicas (respiración, sueño, hambre…). Tanto el cerebro límbico como el reptiliano funcionan desde el inicio porque son indispensables para la supervivencia y son los más instintivos y básicos del ser humano como animal.La corteza actua como filtro y selecciona ante que información responder y cómo hacerlo de la manera más adecuada. Bueno, creo que esta burda explicación puede ser suficiente para entender lo que pretendo contaros.

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Como ya he dicho, los niños no tienen desarrollado al 100 × 100 la corteza cerebral, pensad que si ya es complicado para nosotros muchas veces actuar de manera reflexiva y controlar la parte instintiva y emocional, cómo puede ser hacerlo cuando  la corteza aún está inmadura.  Por todo esto, es más fácil que los niños se dejen llevar por este impulso instintivo. Por tanto, en la niñez es muy fácil aprender la conducta de “pegar” como parte de nuestro comportamiento habitual ya que es una conducta que aparece de manera instintiva. Pegar, para los niños,  es un reflejo de defensa muy primitivo.  Si tenéis hijos o niños cerca, habréis observado, que desde bien bebés, el impulso a golpear es frecuente cuando se frustran en la mayoría de ellos. Hasta que con la ayuda del desarrollo de la corteza y la educación,  pueden conocer otras formas de manejar esa frustración. Unos niños tardarán más que otros. 

El adulto tiene un papel importante en el óptimo desarrollo de la corteza del niño. De alguna manera, podemos decir que en los primeros años se convierte en su corteza, siendo quién le enseñe a regular toda esa parte instintiva. Y a lo que voy, si le pego, no estoy siendo “corteza”, estoy reforzando el actuar desde el impulso.

Bueno, y todo esto, solo para tratar de dar a entender que antes de amenazar con pegar a un niño o darle un pequeño cachete, debo ser consciente de que:

  • Para los niños, los padres somos perfectos. Lo que nosotros hagamos está bien.  Somos un modelo a imitar. Somos su guía de vida. 
  • El ejemplo es la manera más potente de profundizar un aprendizaje.
  • Los niños no entienden de intensidad. No vale ” si le doy en el pañal, no le hago daño”, “en el culo si, la cara no”. Los niños no son tan sutiles, lo que le estoy enseñando es que golpear está bien, da igual como lo haga. Los niños no tienen medida.
  • El mensaje que le hago llegar es: pegar está bien para conseguir lo que uno quiere. Pegar me da poder.
  • Cuando pego es porque he perdido el control. Es una conducta no controlada que libera rabia. Si lo que quiero es que el niño aprenda autocontrol tengo que plantearme si es la forma correcta de hacerlo.
  • El solo hecho de amenazar ya está trasmitiendo que pegar es algo lícito, planteo esa conducta como posible y válida para conseguir mis objetivos. 
  • También trasmitimos mensajes subliminales de “Te hago daño porque te quiero” “Te hago daño porque te lo mereces” no hace falta que diga lo dañino que puede ser trasmitir este mensaje para relaciones futuras.

Si no obstante, pierdo el control (como humanos que somos y costumbres heredadas de nuestros padres), y lo hago, recuerda siempre que rectificar es de sabios. Pide perdón y habla con el niño sobre que no está bien lo que has hecho y tratarás de no hacerlo más. Tenga la edad que tenga.

Recuerda que no le has pegado porque su conducta lo merezca, le has pegado por tu falta de recursos para manejar la situación y tu frustración, o bien porque en tu casa se hacía así. A día de hoy hay tanta información sobre crianza con la que nuestros padres y abuelos no contaban, que no podemos escudarnos en lo que ellos hacían. Es nuestra responsabilidad aprender, informarnos y avanzar en ofrecer una crianza con límites y respeto.

De verdad creo que está en nuestras manos cambiar el mundo.

(Pretendía escribir una entrada corta y al final se me ha ido de las manos, perdón por la extensión y gracias a los que habéis llegado hasta el final 😉 ).

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Lo que tú me enseñas, pequeño

Ya catorce meses conmigo, nueve dentro y cinco a mi lado. Probablemente aprendo y reaprendo cosas a cada segundo desde que estás aquí.

Quiero compartir algunas de las cosas que me has enseñado y sobre las que me has hecho reflexionar en este tiempo….

  • Que eres un milagro, que somos un milagro. Que si podemos formar seres tan maravillosos de la nada, todo es posible.
  • Que nos construimos de la nada, por lo que siempre podremos reconstruirnos.
  • Que necesitamos de los demás para sobrevivir (aunque no de personas concretas). No hay que tener miedo ni vergüenza de apoyarse en los demás.
  • Que el cuerpo y la mente de la mujer son increíbles. Tengan o no hijos. Tenemos una fuerza de la que no somos conscientes en absoluto.
  • Que tengo que amar, cuidar mi cuerpo, tratarle con cariño. Ya no es el mismo de antes pero ha sido capaz de crearte a ti. Le debo mucho a mi cuerpo, le debo mi vida y la tuya. Un respeto para nuestros cuerpos.
  • Lo que es el dolor. El dolor del parto es indescriptible, pero cuando el dolor lo tienes tú eso no tiene palabras. Eso es el dolor de verdad.
  • A vivir el presente. Es increíble verte vivir el presente de manera tan radical, tanto que puedes reír si te dicen algo y explotar a llorar al minuto al ser consciente de tener hambre. No hay pasado ni futuro, solo tienes presente.
  • A redescubrir el mundo, a volver a mirar los árboles desde abajo y darme cuenta de que estoy paseando bajo ellos. A mirar por primera vez y valorar todas las cosas que damos por supuesto. Ser consciente de las pequeñas cosas que hacen importante la vida.
  • A saber que puedo dormir menos de 8 horas y estar bien ;). A saber que puedo, a secas.
  • A que tenemos que pedir y protestar firmemente por lo que queremos, expresar nuestras necesidades. Perdemos esta costumbre cuando crecemos. Pedir cuando se necesita, negarse cuando no se quiere (lo haces parecer tan sencillo…).
  • A pedir abrazos y mimos. La importancia del cariño, no solo tenerlo sino demostrarlo.
  • A recordar que el ser humano desde que nace aprende por ensayo y error, que hay que insistir sin frustrarse. Si las cosas más importantes para la vida se aprenden así, es porque es un buen método, que no importa equivocarse.
  • Que existen miedos que no conocía. Que tenemos que vivir con ellos. Que es importante que estén ahí para cumplir su función (la función del miedo siempre es prevenir el daño) pero que es necesario no dejarlos ir más allá, mantenerlos al margen para poder disfrutar mejor de nuestros momentos.
  • Que la sonrisa es contagiosa. Que hace sentir bien. Que tenemos que sonreír más. Ser más agradecidos como tu agradeces cualquier mínima cosa que se te dice con tu sonrisa.
  • Me maravillo con la velocidad a la que se desarrolla tu cerebro, como se nota cada día esa evolución en cómo reconoces, como coordinas, la forma en que miras… Es impresionante, jamás en la vida volverá a explosionar de esa manera. Es mi responsabilidad que te sientas seguro física y afectivamente para que tu cerebro no tenga que preocuparse de tu supervivencia, para que pueda seguir evolucionando.
  • Que el tiempo pasa muy rápido. Que lamentarse de ello no ayuda a que sea de otra forma (solo hace que no lo aprovechemos). Que tampoco importa que el tiempo pase porque cada tiempo de nuestras vidas es especial y tiene sus peculiaridades. Que la posibilidad de de disfrutar y/o aprender se mantiene constante. Que es bonito mirar con añoranza hacia atrás (porque significa que fue bueno) pero que no podemos quedarnos anclados en eso, porque siempre están pasando cosas y si no vivimos en el presente nos las estamos perdiendo. Quiero construirte miles de buenos recuerdos, porque serán mi mayor legado para ti y para toda la gente que algún día formará parte de tu mundo. Nuestras acciones tienen repercusiones durante mucho tiempo en mucha gente, lo cual nos hace inmortales de alguna manera. Quiero que esta responsabilidad no me abrume pero me haga intentar siempre ser mejor persona. 
  • Que los bebés no necesitan estimulación sofisticada ni grandes gastos o estrategias complicadas: solo cariño, apoyo, que le hablemos, le miremos, le cantemos (aunque parezcas un grillo, adorará tu voz) y demos nuestra aprobación.  Solo hacerle caso. Solo ayudarle a sentir que existe, que importa. El desarrollo viene por sí mismo en cada uno a su tiempo (si no hay ninguna necesidad especial que requiera atención extra). Es necesario dejarles libertad de movimiento en un entorno seguro, dejarles experimentar, enseñarles mundo. Tampoco necesitamos gastarnos 100€ en un juguete por tener por ejemplo el apellido montessori. Los juguetes cuanto más sencillos mejor, harán desarrollar mejor su capacidad de atender y su creatividad. Vivimos en un mundo de niños sobreestimulados.  Nuestro tiempo, nuestro cuerpo y nuestra mente serán su mejor y más preciado juguete.

Y si tengo que hacer un resumen a tanto texto… Me has enseñado a vivir cada día de manera consciente y con significado. Y deseo devolvértelo, que no lo pierdas al crecer.

…Y esto no ha hecho más que empezar. Estoy expectante por no perderme nada de lo que los niños vienen a enseñarnos.

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La lección de August

Dí por casualidad con este libro: “La lección de August” y ha sido todo un descubrimiento.
Me parece ideal para que lo lean los chicos en los colegios (parece ser que obligarlos a leer El Quijote o La Celestina no es que les incite el gusto por la lectura que debería ser lo perseguido).
Es un libro de fácil lectura con el que se puede trabajar maravillosamente la EMPATÍA. Empatía, una capacidad cognitiva que suele definirse como “la capacidad para ponerse en el lugar del otro”. Ser empático no significa pensar y sentir cómo el otro, significa ser capaz de comprender como el otro siente y piensa aunque yo no lo haga de la misma manera.
Fomentar la empatía desde mi punto de vista, es CLAVE para ganar la lucha al acoso escolar.
Bueno, volviendo a August. August es un niño de 10 años con una grave deformación en la cara a causa de una mutación genética.
El libro está escrito en varias voces, lo que permite empatizar con varios personajes y comprender los diferentes puntos de vista.
Empieza con los capítulos contados desde el punto de August con lenguaje tierno, inocente, cercano, realista. Nos cuenta cómo se siente August y como se enfrenta al colegio y las reacciones del resto de niños.
La hermana de August, ocupa los síguenos capítulos. Muestra fenomenal el papel y el sentir de los hermanos, los grandes olvidados muchas veces cuando en una familia hay algún niño con alguna necesidad especial.
Otro personaje que nos cuenta su punto de vista es Summers, una niña del colegio que consigue ver a August más allá de su aspecto y no se deja llevar por la influencia de los demás.

August nos da una bonita lección con este libro y animo a que se lea en los colegios o en casa.

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Dar y Recibir

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Imagen de Mama Ghanush

Mientras escribo desde mi cama, con mi pequeño al lado y me muero de amor mirando su carita… tengo que confesarlo, aunque suene impopular: soy una persona completa y feliz ahora que soy madre y… también era una persona completa y feliz antes de serlo. Y, además, creo que es importante que así sea.

Es importante no poner en nuestros hijos la responsabilidad de completarnos (ni directa ni indirectamente). Son ellos los que nos necesitan a nosotros, somos nosotros como padres lo que tenemos que dar, y para poder dar es importante cuidarse.

No es infrecuente ver en la consulta adultos que siguen cargando con el peso de la responsabilidad sobre el bienestar de sus padres, y es que lo que aprendemos de niños queda grabado en el alma. No es difícil ver cómo los adultos que no se trabajan esto y lo hacen consciente, además de sufrir, a su vez sin querer lo transmiten a sus propios niños.

Tratemos de sostenerlos y no de ser sostenidos por ellos.  Querámosles de manera incondicional sin exigirles lo mismo (en el fondo ya lo hacen se comporten como se comporten).

Cuidemos el lenguaje “si lo haces no te quiero, si lo haces no me quieres, me vas a quitar la vida, te voy a abandonar, con todo lo que hago por ti..” tanto el que les decimos como el que nos decimos a nosotros mismos.

Demos sin hacerles sentir en deuda. Los padres dan, los hijos reciben. Cuando damos la vuelta a esta situación aparecen problemas que pueden arrastrarse durante generaciones.

No han nacido para cumplir nuestras expectativas ni rellenar nuestros vacíos.

Demos amor incondicional, demos sustento físico y psicológico, demos guías, límites y demos alas. Y solo dando, sin querer ni pedir recibiremos.

Y mientras tanto sigo mirando la carita de mi niño tranquila, relajada. Confío y deseo en que siempre (o la mayoría de las veces) pueda sentir de mí que soy un soporte, que puede confiar y sentirse así de tranquilo a mi lado y que puede separarse cuando lo necesite sin hacerme daño.

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(Imágenes tomadas de la autora Senzhana Soohs. Instagram: Vskafandre)

 

Supermamás

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Hacía mucho tiempo que no escribía en el blog. He estado muy ocupada primero con un montón de trabajo y después con mi embarazo y el nacimiento de mi pequeño.

Hoy he decido volver a escribir, esta vez desde el otro lado, desde el lado de la maternidad y desde un punto de vista más personal. Estaba navegando por Facebook y he topado con un artículo sobre el peso y el postparto, con muchísimos comentarios de madres que no se sienten bien consigo mismo mismas. Y me he identificado.

Hoy voy a dejar de lado la crianza y voy escribir sobre el inicio la maternidad y lo que yo me he encontrado. Y no voy a hablar de las cosas bonitas, que esas ya las leemos en muchos sitios. Y me voy a enfocar en la madre y no el bebé.

El postparto y el inicio de la maternidad es todo un mundo. Nadie te prepara suficiente ( en realidad no sé si puede una prepararse hasta que no lo vive). No es cuestión de tenerle miedo pero tampoco es agradable que te pille por sorpresa. Además no es algo de lo que se suela hablar… pero si inicias la conversación, puede que te encuentres con más de una cara de alivio en el otro lado y un “ a mí también me pasa”.

No es todo de color de rosa, y menos aún cuando hay alguna complicación o resulta especialmente doloroso el postparto. Muchas veces no hay un enamoramiento a primera vista de tu bebé ni se te olvida todo lo que has pasado nada más verle la carita. A veces sentirse madre lleva su tiempo. Dar lactancia materna no es fácil, es sacrificado y los inicios son duros. Que todo el mundo opine sobre lo que debes o no hacer en un momento de tanta vulnerabilidad es complicado. Obviar tu dolor y agotamiento  para atender a tu niño desgasta. Darte cuenta de que tu vida ha dado un giro brutal puede ser un shock. Y no reconocerte en tu propio cuerpo, verte con tantos kilos de más, la flacidez, las estrías es agobiante.

Y comienzan las prisas para que todo vuelva a la “normalidad” (pero cuidado, ¡que igual la normalidad es otra cosa en este momento!)

¿Y por qué nos sentimos así? ¿Por qué intentamos llegar a todo? Pienso que socialmente a día de hoy la mujer tiene un nivel de exigencia y autoexigencia brutal. Tenemos que dar el 100% en nuestra vida profesional, tenemos que tener la casa impecable, cocinar bien,  tenemos que tener cuerpos perfectos, ir guapas, maquillaje, depiladas, la manicura bien hecha, los pelos decentes… Tenemos que ser buena esposa, buena amiga, buena hija, buena madre. Tenemos que parir sin epidural con parto natural, dar lactancia materna  cueste lo que cueste (pero ojo, que si la das alguno te dirá que el niño no se alimenta bien), no perder los nervios en la crianza, sacrificarnos con gusto si de verdad queremos a nuestros niños… Pero además sacar tiempo para salir con amigas, ser independiente,  viajar… Un todo terreno, vamos. Que al final, hasta el ocio se vive como imposición. Ser una mujer de hoy en día es complicado (tristemente siempre lo ha sido, pero ahora encima creemos que estamos liberadas), y cuando ya eres madre mejor ni hablar. Y todo esto sin quejarnos no vaya a ser que alguien piense que somos flojas o que no queremos suficente a nuestros hijos. Nos venden la imagen de “superwoman” como si fuera algo bueno ¡Cuidado! Es una trampa… Y cuando fallamos en alguna de de todas las cosas que CREEMOS que tenemos que sacar adelante nos sentimos mal, nos despreciamos. En vez de hablarnos a nosotras mismas con comprensión, con cariño, como lo haríamos con una amiga, somos realmente crueles y nos dañamos más. Y no nos damos cuenta de que lo hacemos. Haz la prueba, cuando te sientas mal, observa detenidamente como te estás hablando a ti misma, que tono y palabras utilizas y si de verdad crees que es la forma adecuada de hablar con alguien a quien debes amar y con quien debes pasar el resto de tu vida.

Hasta esta semana me he sentido fatal con los kilos de más que el embarazo me ha dejado (hablo de los kilos como pueden ser el resto de presiones autoimpuestas). He buscado ropa ancha que me disimule y tenía intención de no ir a la playa este verano. Pero de repente, y leyendo a tanta mujer que se siente así, me he dado cuenta que hacer eso es solo alargar esta situación y no me estaba dando cuenta. Que empezar a esconderme y dejar de hacer cosas, perderme pedazos de vida solo por esos kilos les da cada vez más fuerza. Así que ayer me puse una camiseta ajustada y en unas semanas me marcho a la playa. Y estudiaré cuando pueda y viviré a mi ritmo y al de mi niño y cuando me apetezca salir sin él, lo haré sin sentirme culpable, y si no me apetece salir sin él tampoco me sentiré culpable.

Que después de dar vida, una tenga que andarse con estas tonterías (porque todo es una tontería al lado de lo que hemos hecho) es muy triste.

Y ojo, no hay que engañarse. A veces vemos a madres que parece que cumplen todos los requisitos y eso nos hace sentir peor,  “ella puede”. Pero desde ahora os digo que no. Que todas esas madres aunque puedan tener mejor o peor aspecto de cara al escenario, en el backstage también tienen sus dudas, sus miedos y sus presiones.

No digo que no nos cuidemos o cuidemos nuestro entorno, pero cuando nos estamos sintiendo mal es una señal que indica que necesario revisar nuestras prioridades,  bajar la exigencia, ver que es lo que realmente necesitamos en ese momento y darnos una autopalmadita en la espalda , sin reproches. Solo tratándonos con cariño podemos dar y darnos lo mejor de nosotras mismas.

Somos las propias mujeres las únicas que podemos cambiar esto, y solo podemos hacerlo queriéndonos más,  tratándonos con cariño y apoyándonos en los demás siempre que sea necesario. Las “superwoman” para los tebeos.

Y ahora voy a dormirme la siesta al lado de mi pequeño y el mundo y los kilos, que esperen.

Y por cierto, aunque al principio parece imposible, al final ocurre, al final si te olvidas del parto y del postparto al mirarle la carita.