Archivos Mensuales: enero 2014

Algunos tips para ayudarles con los deberes

•             Procurar que el «momento deberes» sea importante para la familia: en un lugar fijo, es mejor si es su propio rincón de estudio. Si no se dispone de él, en un ambiente de silencio y trabajo general en la casa, sin distracciones, sin móvil, sin tele…

•             Establecer una hora de comienzo y otra de finalización.

•             A cada edad su tiempo. Con 15 minutos es suficiente para que los más pequeños lean, pinten, o ejerciten cálculos matemáticos. De 6 a 8 años: entre 30 y 40 minutos. De 8 a 10 años: una hora. A partir de esa edad: entre 60 y 90 minutos. En Bachillerato: entre dos y tres horas. Ojo, son tiempos aproximados, tenemos que tener en cuenta la velocidad y dificultades de nuestro niño y la cantidad de deberes que tiene para calcular mejor el tiempo que le damos. Al inicio es mejor darle tiempo de sobra y después ir disminuyendo ese tiempo si vemos que puede mejorarlo.

•             Hacer una pausa de entre dos y diez minutos cada hora de estudio.

•             No empezar por la asignatura más difícil. Pasados 30 minutos es cuando los niños alcanzan su máximo rendimiento. A la hora y media, el rendimiento disminuye. Deben afrontar las asignaturas más fáciles.

•             A partir de los 6 o 7 años ya son autónomos para empezar a hacer los deberes solos.

¿Qué hacer si aún no hace los deberes sólo?

•             No podemos establecerlo de golpe, sino ir retirando nuestra presencia poco a poco.

•             Podemos acompañarlo mientras saca todo lo que necesita y prepara la mesa de trabajo, con el tiempo esto tendrá que hacerlo solo. A continuación veremos con él todo lo que tiene que hacer hoy.

•             Podemos proponer una pequeña tarea y decirle que avise cuando la termine, cuando vaya a enseñarla, le reforzamos y concretamos otra tarea. Poco a poco aumentará la tarea que tiene que hacer solo antes de enseñarla, para que se vaya acostumbrando a trabajar en tiempos cada vez más prolongados.

•             Podemos emplear diferentes refuerzos dependiendo si la tarea está toda terminada o si además termina en el tiempo acordado (por ejemplo más o menos tiempo de juego, de televisión…). Aunque utilicemos refuerzos materiales, siempre acompañaremos con refuerzo social y valorando su trabajo y las consecuencias de hacer el trabajo bien.

•             Si no entiende algo, iremos al lugar de estudio a explicárselo.

•             Si cuando voy a explicarle, no me hace caso, monea, no colabora….  Es importante recordar que no debemos premiarle con nuestra atención. Le avisaremos “si no me atiendes, al segundo aviso, dejaré de explicarte y lo preguntarás mañana en el colegio”. Si no responde, soy consecuente con lo que le he dicho. Si más tarde vuelve con una duda diferente, realizo el mismo procedimiento sin recordarle o echarle en cara lo que hizo antes.

•             Algunos niños reciben la mayor atención exclusiva de sus padres en el tiempo de los deberes, por ello es importante que compartamos otras actividades con el niño y le prestemos atención en otros momentos.

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Papá/Mamá está enfermo/a (parte IV)

Esta será la cuarta y última entrada dedicada a la comprensión y manejo del niño cuando uno de los progenitores enferma. Terminamos con algunas recomendaciones sobre como ayudarles, una vez que ya se ha transmitido adecuadamente la información, y algunos síntomas a los que estar pendientes para valorar si puede ser conveniente  la consulta a algún profesional.

¿Cómo ayudarles a sobrellevar la situación?

Es necesario entender que nunca vamos a poder dar el tipo de tranquilidad que quisiéramos y nunca será “cómo si no pasara nada”. A veces los papás tienen el objetivo de conseguir esto y sólo acaban frustrados. Sin embargo,  sí hay cosas que podemos hacer y tener en cuenta para ayudarles a sobrellevar la situación de la mejor manera posible y por supuesto, normalmente no tiene porqué convertirse en una experiencia traumática.

Para tranquilizar a los niños es importante transmitirles que sin importar lo que pase, siempre habrá alguien que los cuide. Si el padre o la madre se siente enfermo/a, se tratarán de hacer los arreglos necesarios para que alguien le sustituya. La preocupación más importante para los niños en cualquier edad es su propio sentido de seguridad. No son egoístas, los niños dependen de sus padres para sus necesidades físicas básicas y emocionales,  y por naturaleza, ésta será una de sus principales preocupaciones. El cáncer de alguno de los padres puede hacer sentir a las familias que sus vidas están totalmente fuera de control, y en este sentido será necesario transmitir seguridad.

Durante este tiempo, es importante darse cuenta de que es probable que toda la familia se sienta ansiosa e inestable. La persona con cáncer necesitará hacer viajes al hospital, puede estar de baja laboral, las tareas domésticas cambiarán y los miembros de la familia sentirán (y mostrarán) todo tipo de emociones. A pesar de todo esto, los padres deben tratar de mantener la vida de sus hijos lo más normal posible. Y aunque  puede parecer una tarea difícil de lograr, por lo general es posible reorganizar las rutinas de la familia, al menos por un periodo temporal, sin subestimar la ayuda de amigos y familiares para lograrlo. Puede que algún pariente se mude por un tiempo para ayudar si el padre o la madre necesitan permanecer en el hospital. Quizá el padre enfermo tiene amigos que se ofrecen para preparar por turnos las cenas de la familia. Puede que un pariente o amigo se ofrezca para recoger al niño de la escuela o para llevarle a sus clases de música o entrenamientos deportivos. Repito que aceptar la ayuda ofrecida y procurar buscar el apoyo es importante en estos momentos. Los seres queridos, amigos, vecinos y hasta los padres de los amigos de los hijos pueden ser de gran ayuda para que la vida siga tan normal como sea posible. Hay que tratar de recordar que por lo general, las personas realmente desean ayudar y que si se les solicita, sentirán que son útiles y necesarias. Sin embargo, muchas veces necesitarán que se les diga exactamente que  tipo de ayuda  pueden ofrecer,  ya que en muchas ocasiones, la gente del entorno se paraliza al no saber como reaccionar ante esta situación ni lo que es lo que tu deseas.

No podremos evitar modificar algunas de las rutinas del niño, pero sí anticiparlas cuando sea posible para que no sientan que viven en un caos. Al explicar estos cambios a los niños, daremos un fuerte mensaje de que mamá o papá sigue al mando y que las necesidades del niño no serán olvidadas. La vida seguirá lo más normal posible, tomando en cuenta la crisis que la familia está enfrentando. Los padres deben reconocer ante sus niños que a nadie le gusta esta nueva situación, pero que no durará para siempre. Mientras tanto, es necesario repetir a los hijos constantemente que los quieres y que estás haciendo todo para que siempre sean atendidos.

A veces los niños reaccionan de forma temperamental a los cambios en la rutina. Los padres pueden frustrarse y enfadarse ante estas reacciones a medida que tratan de satisfacer las necesidades de todos. Es necesario darse cuenta de esto y tratar de no perder el control. Dentro de las circunstancias, podéis buscar aquello en lo que los niños tengan la opción de escoger, por ejemplo, quién quisieran ellos que los esperara cuando llega el autobús de la escuela, o qué les gustaría llevarse consigo cuando van a la casa de un vecino después de la escuela.

No hay que dedicar mucho tiempo a las discusiones. Algunas veces hay que transmitir simplemente que las cosas tienen que ser así en este momento. No se espera que a los niños les guste que sus rutinas se alteren, a los adultos tampoco les gusta. Los padres pueden reconocer esto ante sus hijos junto con el hecho de que ellos tienen derecho a sentirse enfados y perturbados ahora pero que no puede ser de otra manera. Aunque los padres no puedan resolver la situación, deben estar atentos sobre cómo se están sintiendo sus hijos.

Las necesidades de los niños varían dependiendo de las edades. Los niños pequeños tienen necesidades de supervivencia básicas y son más dependientes de los padres para sentirse seguros, es importante estar con ellos todo el tiempo que sea posible. Si personas diferentes a los padres tienen que encargarse de ellos, es bueno que en la medida de lo posible, siempre sean las mismas, con los mínimos cambios posibles.

Los adolescentes presentan retos especiales debido a que se encuentran en un punto personal de lucha entre la independencia y la dependencia. Es normal que se les pida que estén ahí para apoyar durante la ausencia o enfermedad de alguno de sus padres pero puede que haya ocasiones en las que haya una línea muy delgada entre pedirle ayuda a un adolescente y darle demasiadas responsabilidades. Los padres deben reconocer los deseos de independencia que son naturales en sus hijos adolescentes y asegurarles que saben que ellos necesitan su propio tiempo y espacio a pesar del hecho de que uno de los padres esté enfermo. Hay que animarles a que en la medida de lo posible sigan con sus tareas extraescolares y su ocio sin que se sientan culpables por ello. Puede ser útil programar reuniones familiares en la que los padres y los hijos puedan hacer una revisión de cómo van las cosas en la familia y decidir qué hay que cambiar y qué debe permanecer igual.

Otra posible recomendación con los adolescentes es asegurarte de que alguien de la familia, con quien tenga buen trato esté más pendiente de ellos.

Es normal que el niño se altere ante todo lo que está sucediendo, pero aunque seamos más flexibles en algunas cuestiones, aún será importante cumplir las reglas básicas del buen comportamiento. Es importante tratar de seguir con las rutinas habituales tanto como sea posible, y ser consistentes con los hijos. El conservar las mismas reglas y límites ayuda a los niños a sentirse seguros. Podrían sentir que las cosas están fuera de control si de repente ven que pueden tener conductas caprichosas sin que se les reproche.

El cariño y el contacto físico con los niños también serán muy importantes, así como dedicarle tiempo de juego.

Cuando el progenitor esté hospitalizado, que el niño escriba, llame por teléfono, envíe dibujos o mensajes, le prepare un mural para vuelta… pueden ser una buenas ideas. Si es posible una visita al hospital, será recomendable que vaya acompañado por alguien de confianza y que le anticipe lo que va a ver. A la vuelta del hospital, y cuando la salud física lo permita, sería importante que el padre ausente pasara algún tiempo con el niño, le permitiera expresar como se ha sentido y le recuerde lo mucho que le quiere.

Durante el tratamiento, conviene tratar de hablar sobre éste de una forma positiva a ser posible, en lugar de profundizar en los efectos secundarios negativos. Es recomendable mostrar que uno sigue siendo el mismo de siempre, incluso sin cabello, con cansancio, durmiendo más… etc., y que se quiere a los niños tanto como siempre. Es necesario que cuando el comportamiento del papá enfermo cambia o se vuelve más irritable o necesita estar más tiempo solo, expliquemos al niño que se siente así debido al cansancio o los efectos de la enfermedad o el tratamiento según sea el caso, y que de ninguna manera tiene que ver con algo que ellos hayan hecho o que haya disminuido su amor por ellos.

Por último, es necesario que en el colegio estén informados de lo que está sucediendo en casa así como la información con la que cuenta el niño. En niños más mayores es importante consultar con ellos que se va a ir a hablar con el colegio y lo que se les va a contar.

¿Cómo saber si mi hijo necesita ayuda adicional?

 A veces resulta complicado saber que es una respuesta normal o no a un diagnóstico reciente de cáncer, ya que es una situación completamente nueva para la familia y tomará tiempo organizarse y saber que es lo que mejor funciona. Debido a que los niños, en especial los más pequeños, a menudo no son capaces de identificar sus sentimientos y hablar sobre cómo se sienten, lo suelen demostrar a través de su comportamiento. Algunos niños se retraerán, mientras que otros pueden pelear, discutir y quejarse. Casi siempre vamos a observar alguna reacción, lo más importante es contemplar si el cambio es muy radical y  por cuánto tiempo perdura.

La mayoría de los niños cuyos padres tienen cáncer son capaces de sobrellevar la situación, aunque hay momentos en los que la presión puede ser demasiada. Quizás sea conveniente consultar con un médico o un psicólogo, en el caso de presentar algunos de estos síntomas durante varias semanas:

  • Se siente triste todo el tiempo.
  • No puede sentirse tranquilo.
  • Se siente excesivamente irritable.
  • No juega
  • Se enfurece con mucha facilidad y rapidez.
  • Tiene cambios importantes en sus resultados escolares.
  • Se retrae o aísla en exceso.
  • Actúa muy diferente de lo normal.
  • Tiene cambios de apetito importantes.
  • Tiene poca energía todo el tiempo.
  • Muestra mucho menos interés en las actividades.
  • Tiene serios problemas para concentrarse.
  • Llora mucho.
  • Tiene dificultades para dormir.

Si las formas habituales de lidiar con estos problemas no funcionan, o si el problema persiste durante varias semanas, y en cualquier caso, siempre que la familia o la escuela tenga dudas, puede ser oportuno consultar con un profesional. Un recurso gratuito disponible es la Asociación Española Contra el Cáncer.

Papá / Mamá está enfermo/a (parte III)

Continuamos con la penúltima parte de la serie de entradas dedicadas al manejo de los niños cuando un progenitor está padeciendo un proceso oncólogico. En esta ocasión, haré a alusión a otras inquietudes frecuentes que suelen ser consulta de los padres como las posibles reacciones de sus hijos y las respuestas ante preguntas difíciles.

Reacciones de los niños ante la comunicación del diagnóstico

Las reacciones de los niños son muy variadas y pueden encontrarse desde una gran alteración hasta la indiferencia. Cada niño es diferente. Los padres por lo general son quienes conocen mejor a sus hijos y pueden esperar que reaccionen de acuerdo a la forma típica de su personalidad, aunque hay veces que pueden sorprendernos.

La dificultad que tienen los niños para expresar lo que sienten puede que haga que sólo podamos intuirlo a través de su comportamiento. Puede ser útil ayudarle a poner palabras a lo que está pasando. Por ejemplo, ver a sus hijos que pelean más entre sí, puede ser una forma de mostrar que están alterados. Los padres pueden poner esto en palabras al decir “sé qué todos estamos preocupados ahora, pero hablemos de ello en lugar de estar peleándonos”.

Otra posible reacción es la regresión a etapas menos maduras, así pueden empezar a tener conductas que ya estaban superadas como hacerse pis, chuparse el dedo… puede que les cueste más separarse se los padres o tengan mayor dificultad para prestar atención en el colegio. En este sentido tendremos que darle un tiempo de adaptación, sin regañarles pero a la vez tratando de fomentar poco a poco de nuevo su autonomía y reforzándole los logros.

Recordemos que los niños también necesitarán su tiempo para adaptarse a todos los cambios.

En la mayoría de los casos, los niños a los que se les ha contado la verdad sobre lo que está pasando al comienzo de la enfermedad, reaccionan con menos ansiedad que aquellos cuyos padres que tratan de ocultárselo o evitan responder a sus preguntas.

Esto no significa que se tenga que decirles todo en una sola ocasión, puede hacerse poco a poco especialmente cuando son más pequeños. Si desconoce la respuesta a alguna pregunta no hay que temer reconocerlo, si es posible, diles que tratarás de averiguarlo.

 

Preguntas difíciles: ¿te vas a morir?

Muchas veces la primera reacción natural a esta pregunta es la de “no preguntes tonterías“. Pero lo cierto es que la mayor parte de la angustia de las familias es debida a esta pregunta. Una pregunta que, en realidad, todos los miembros en algún momento tienen en mente. A la hora de responderla, es importante admitir que es igual de temerosa para todos. También es difícil para el niño y es posible que no se atreva a hacerla directamente, por lo que a veces, si vemos que es algo que les está inquietando, es incluso recomendable tocar el tema aunque ellos no pregunten.

En general, no hay forma de saber desde un comienzo si una persona morirá de cáncer. Depende de muchos factores, cada cáncer, cada paciente y cada respuesta al tratamiento es diferente. El cáncer es una enfermedad grave pero muchas veces no es mortal. Mientras tanto la familia debe concentrarse en cómo pueden vivir con la enfermedad. Dependiendo de la situación, las posibles respuestas que darles a los niños serán diferentes. Estos son algunos ejemplos en función de diferentes grados de gravedad:

 

“Es verdad que algunas veces las personas mueren de cáncer. Yo no espero que esto vaya a pasar por que los doctores me han dicho que los tratamientos de ahora son muy buenos, y mi tipo de cáncer por lo general se mejora con el tratamiento”.

– “Los doctores me han dicho que mis probabilidades de curar son muy buenas. Voy a pensar en eso hasta que tenga razones para pensar en otra cosa. Espero que también pienses en eso y te avisaré si me entero de cualquier otra novedad.”

– “No hay forma de saber ahora mismo qué es lo que pasará. Lo sabremos una vez que haya terminado con las primeras sesiones del tratamiento. Cuando me informen más, puedes estar seguro(a) que te lo diré.”

– “Por el momento no hay mucho que se sepa sobre el tipo de cáncer que tengo, pero tanto yo como los médicos haremos todo lo que podamos  para recuperarme.”

– “Mi tipo de cáncer es difícil de tratar pero haré todo lo que pueda para recuperarme. Nadie puede saber por el momento qué pasará más adelante. Lo que sí puedes saber con seguridad es que seré honesto(a) contigo sobre lo que esté pasando. Si no puedes dejar de preocuparte, por favor dime para que podamos juntos buscar cómo tranquilizarnos.”

– “La situación es muy difícil y no parece que vaya a poder recuperarme, todo el mundo está haciendo todo lo que puede para cuidarme, es importante que nos centremos en el día a día”

 

Sin importar las palabras que utilicéis, una de las cosas más importantes que los padres deben expresar claramente a sus hijos es su deseo de hablarles con la verdad. Esto no significa que haya que decirles todo lo que sabemos nada más saberlo. Significa que hay que dar a los niños información verídica, cuando necesitan tenerla, para poder afrontar adecuadamente lo que les está sucediendo día a día. Una madre o padre podría decir, por ejemplo:

“No quiero que te preocupes sobre el futuro en este momento. Hablemos sobre lo que está pasando ahora mismo. Si esto llegara a cambiar, te prometo que te lo diré. Siempre trataré de decirte la verdad. Quiero que me hagas cualquier pregunta que tengas y haré lo posible por contestarla”.