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Depresión infantil: detección y prevención

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Los niños suelen tener un buen estado de ánimo. Cuando presentan malestar suele ser muy fluctuante y muy marcado por el entorno y experiencia inmediata (un niño puede mostrarse enfadado o triste y al minuto contento y feliz porque ha empezado a jugar), a veces es tan marcado que puede sorprender a muchos adultos. Los niños viven muy centrados en el presente y es una de las cosas que les hace tan especiales. Sin embargo, debemos tener en cuenta, que los niños también sufren trastornos del estado de ánimo y que debemos estar alerta ante cualquier signo de malestar que se mantenga de manera constante durante varios días. Además, en el caso de la depresión infantil, los síntomas pueden ser algo diferentes a lo que encontamos en los adultos o a la típica idea de depresión que tenemos en la cabeza, y por ello es importante conocerlos. La sintomatología también puede variar según el nivel del desarrollo del niño. Por ejemplo, en niños más pequeños suelen aparecer con más frecuencia quejas físicas, agitación, ansiedad y temores, mientras que los más mayores suelen presentar más problemas de conducta, agresividad e irritabilidad. Los deseos de muerte o intentos de suicidio (que no tienen porqué ir unidos a la depresión) suelen aparecer más en la adolescencia.

Algunos de los síntomas que nos tienen que mantener en alerta son:

– Estado de ánimo irritable o depresivo (a diferencia de los adultos, el estado de ánimo irritable es común en niños depresivos, sin que se aprecie la tristeza)

– Pérdida de interés en sus actividades o de disfrute

– Aislamiento social

– Agitación

– Problemas de conducta

– Autoestima baja, sentimientos de minusvalía

– Desesperanza

– Dificultad de concentración

– Llanto frecuente

– Quejas físicas injustificadas médicamente

– Cambios bruscos en el peso o no aumentar lo esperado para su edad

– Disminución o aumento de apetito

– Disminución o aumento de sueño

– Cansancio (es raro que un niño esté cansado mucho tiempo)

– Autolesiones o pensamientos a cerca de la muerte o el suicidio

Recuerda que todos estos síntomas, pueden formar parte de la depresión pero también de otros trastornos, por lo que siempre es importante consultar a un profesional.

Como medio de prevención de la depresión y el fomento de una buena salud mental en general, os presento el siguiente decálogo basado en la obra El niño que no sonríe de Méndez, con mis modificaciones y ampliaciones:

1. Sé su modelo. Sonríe, muestra tu buen humor, evita las quejas excesivas que no llevan a ninguna parte, disfruta de tu tiempo libre, ten aficiones, habla en forma positiva de ti mismo, cuidate.

2. Ayúdale a sentirse bien: programa actividades agradables, potencia que se relacione, sorpréndele, potencia su curiosidad, jugad juntos, destaca sus logros o su esfuerzo y aprendizaje cuando no se consiguen. Ten en cuenta sus opiniones y preferencias. Elogialé con sinceridad y concretando todo lo posible.

3. Evítale sufrimientos innecesarios: cuida su salud (higiene, alimentación, vacunas, hábitos de sueño), preparalo y acompáñalo ante situaciones de estrés (inicio del colegio, mudanzas, duelos…)

4. Cuida el ambiente familiar: muéstrale tu cariño con palabras y hechos, fomenta la comunicación familiar, evita su presencia en las discusiones de pareja y sobretodo no lo utilices como interlocutor o le pongas entre la espada y la pared entre las dos personas que más quiere. Intenta mantener rutinas y anticipa con tiempo los cambios.

5. Edúcalo con afecto y coherencia: Llegad a consensos en su educación y mostraros unidos y firmes en esas cuestiones. Fija normas razonables. Colabora con la escuela. Ayúdale a entender y manejar sus emociones. Trátale con respeto.

6. Potencia sus cualidades, aficiones y pasatiempos. Anímale, sin forzar, a nuevas experiencias.

7. Enséñalo a tolerar la frustración y la incertidumbre: enséñale a respetar turno, a demorar poco a poco las satisfacciones inmediatas y felicítale por conseguirlo.

8. Hazle responsable, no culpable. Valora sus esfuerzos e intenciones por encima de resultados. Ayúdale a saber cómo reparar lo que ha dañado, emplea castigos que sean consecuencia natural de sus actos. Fija objetivos realistas. Ayúdale a diferenciar lo que está dentro de su control de lo que no.

9. Moldea un estilo cognitivo racional: Evita las etiquetas y lenguaje absolutistas “eres malo”, “nunca me haces caso” (ojo con los “eres”, “todo”, “nada”, “siempre”, “nunca”). No le des las soluciones directamente, ayúdale a pensar “¿Cómo podriamos hacer…?”.

10. Fortalezca tu autonomía: permítele que poco a poco tome decisiones, enséñale a cuidarse y valerse por si mismo de acuerdo a su edad, pérmitele colaborar en casa sin corregirle de manera constante.

Y sobre todo, recuerda que dedicarle tu tiempo y tu mirada es la mejor forma de mostrarle lo importante que es.

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