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Cómo vaya, vas a llorar con razón

Elijo esa frase como título por ser una de las que más escuchamos probablemente en nuestra infancia como amenaza (y no deja de ser curiosa cuando es la emoción y no la razón la que está relacionada con el llanto). En el post de hoy quiero hablar de los cachetes, los azotes y las amenazas de hacerlo como instrumento para modular la conducta de los niños.

Antes de nada, quiero aclarar que cuando hablo de pegar en este artículo, no hablo de palizas, de pegar al niño de manera habitual, de hacerle marcas, de causarle dolor físico… ese es un tema a parte, que tiene que ver con maltrato grave penado por la ley que no admite discusión alguna. De lo que voy a hablar, es de una parte más sutil, donde los límites entre lo que está bien y mal son difusos para la mayoría de las familias, donde la mayoría de las personas han vivido o están viviendo. Una parte que entra dentro de la normalidad en la mayoría de nuestras casas.

El objetivo de la entrada no es moralista ni decir lo que uno tiene que hacer o no con sus hijos. El objetivo es únicamente que al menos, cuando uno lo hace, lo haga siendo consciente de lo que estoy transmitiendo, y que pueda elegir hacerlo o no teniendo claro  si realmente esa era la lección que pretendía transmitir al niño. El objetivo es que tengáis toda la información para poder decidir. Porque a veces creemos que el mensaje es “eso no se hace”, pero acompañado de ese mensaje van otros de manera implícita más importantes de los que muchas veces no somos conscientes. 

Parece que todos estamos de acuerdo cuando queremos trasmitir a nuestros hijos: “Nadie tiene derecho a pegarte. No tienes derecho a pegar a nadie” (¡Cuántas cosas se arreglarían en el mundo si consiguiéramos con éxito dar siempre ese mensaje!), pero a veces no sabemos bien cómo es la mejor manera de hacerlo. 

Pegar a seres indefensos está mal. Siempre. Bajo cualquier circunstancia. En cualquier intensidad. No vamos a traumatizar a ningún niño por darle un azote flojo puntual, de verdad, no creo que eso les traumatice ni dañe nuestra relación con ellos, pero si tenemos que ser conscientes de la lección que realmente le estamos transmitiendo.

Voy a hacer un pequeño inciso sobre el cerebro antes de continuar. A grandes rasgos, podemos decir que el cerebro puede dividirse en tres áreas diferenciadas, algunos autores hablan de tres cerebros: 1) el neocortex o corteza cerebral,  la parte  más externa del cerebro, a la que también llamamos corteza; 2) el cerebro límbico;  y 3) el cerebro reptiliano. La corteza es la encargada de las funciones más desarrolladas y complejas del ser humano como la capacidad de planificación, reflexión, control de impulsos, aprendizaje, moralidad, toma de decisiones…. Está parte del cerebro se irá desarrollando a medida que el niño crece, por lo que durante la infancia no funciona a pleno rendimiento. Bajo la corteza, encontramos el cerebro límbico que es emocional, reacciona de manera no consciente, trata de protegernos, reacciona como una alarma ante los peligros y busca la acción rápida. El cerebro reptiliano es la parte más  primitiva encargado de las funciones vitales básicas (respiración, sueño, hambre…). Tanto el cerebro límbico como el reptiliano funcionan desde el inicio porque son indispensables para la supervivencia y son los más instintivos y básicos del ser humano como animal.La corteza actua como filtro y selecciona ante que información responder y cómo hacerlo de la manera más adecuada. Bueno, creo que esta burda explicación puede ser suficiente para entender lo que pretendo contaros.

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Como ya he dicho, los niños no tienen desarrollado al 100 × 100 la corteza cerebral, pensad que si ya es complicado para nosotros muchas veces actuar de manera reflexiva y controlar la parte instintiva y emocional, cómo puede ser hacerlo cuando  la corteza aún está inmadura.  Por todo esto, es más fácil que los niños se dejen llevar por este impulso instintivo. Por tanto, en la niñez es muy fácil aprender la conducta de “pegar” como parte de nuestro comportamiento habitual ya que es una conducta que aparece de manera instintiva. Pegar, para los niños,  es un reflejo de defensa muy primitivo.  Si tenéis hijos o niños cerca, habréis observado, que desde bien bebés, el impulso a golpear es frecuente cuando se frustran en la mayoría de ellos. Hasta que con la ayuda del desarrollo de la corteza y la educación,  pueden conocer otras formas de manejar esa frustración. Unos niños tardarán más que otros. 

El adulto tiene un papel importante en el óptimo desarrollo de la corteza del niño. De alguna manera, podemos decir que en los primeros años se convierte en su corteza, siendo quién le enseñe a regular toda esa parte instintiva. Y a lo que voy, si le pego, no estoy siendo “corteza”, estoy reforzando el actuar desde el impulso.

Bueno, y todo esto, solo para tratar de dar a entender que antes de amenazar con pegar a un niño o darle un pequeño cachete, debo ser consciente de que:

  • Para los niños, los padres somos perfectos. Lo que nosotros hagamos está bien.  Somos un modelo a imitar. Somos su guía de vida. 
  • El ejemplo es la manera más potente de profundizar un aprendizaje.
  • Los niños no entienden de intensidad. No vale ” si le doy en el pañal, no le hago daño”, “en el culo si, la cara no”. Los niños no son tan sutiles, lo que le estoy enseñando es que golpear está bien, da igual como lo haga. Los niños no tienen medida.
  • El mensaje que le hago llegar es: pegar está bien para conseguir lo que uno quiere. Pegar me da poder.
  • Cuando pego es porque he perdido el control. Es una conducta no controlada que libera rabia. Si lo que quiero es que el niño aprenda autocontrol tengo que plantearme si es la forma correcta de hacerlo.
  • El solo hecho de amenazar ya está trasmitiendo que pegar es algo lícito, planteo esa conducta como posible y válida para conseguir mis objetivos. 
  • También trasmitimos mensajes subliminales de “Te hago daño porque te quiero” “Te hago daño porque te lo mereces” no hace falta que diga lo dañino que puede ser trasmitir este mensaje para relaciones futuras.

Si no obstante, pierdo el control (como humanos que somos y costumbres heredadas de nuestros padres), y lo hago, recuerda siempre que rectificar es de sabios. Pide perdón y habla con el niño sobre que no está bien lo que has hecho y tratarás de no hacerlo más. Tenga la edad que tenga.

Recuerda que no le has pegado porque su conducta lo merezca, le has pegado por tu falta de recursos para manejar la situación y tu frustración, o bien porque en tu casa se hacía así. A día de hoy hay tanta información sobre crianza con la que nuestros padres y abuelos no contaban, que no podemos escudarnos en lo que ellos hacían. Es nuestra responsabilidad aprender, informarnos y avanzar en ofrecer una crianza con límites y respeto.

De verdad creo que está en nuestras manos cambiar el mundo.

(Pretendía escribir una entrada corta y al final se me ha ido de las manos, perdón por la extensión y gracias a los que habéis llegado hasta el final 😉 ).

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UNO DE CADA CINCO: previniendo el abuso sexual infantil

Hace unos años, el Consejo de Europa  puso en marcha la campaña “Uno de Cada Cinco” con el objetivo de sensibilizar y prevenir contra abuso sexual infantil. La campaña quiso sacar a la luz la escalofriante cifra de que UNO de cada CINCO niños había sufrido abuso sexual dentro  de la Unión Europea. Este dato es coincidente en diferentes estudios realizados por diversas organizaciones. La misma cifra se repite en los diferentes países y coincide también con la encontrada en países no europeos como EEUU o Canadá. En la actualidad, si contamos con el abuso a través de Internet, sin la necesidad del contacto físico, los números podrían dispararse.

Otros datos a destacar son que sólo la mitad de los niños llegan a contarlo, y de éstos, sólo un 15% llegan a convertirse en denuncias. Por lo que las estadísticas podrían estar subestimadas. Otro dato importante es que el 80% de los abusos son cometidos por personas con relaciones afectivas con el niño, y que no debemos olvidarnos de que muchos de ellos son cometidos también por menores.

No se trata de asustar a las familias ni de generar desconfianzas, pero sí de concienciar del problema y dar algunas pautas para evitarlo.

A continuación os trasmito algunas propuestas a tener en cuenta con niños de 3 a 6 años.

  1. PAUTAS DE CRIANZA GENERALES

–              Promover una comunicación abierta y fluida con la familia sobre cualquier tema. Los niños tienen que sentir que pueden hablar de cualquier cosa que les haga sentir mal o les haga dudar sin exponerse a las críticas o minusvaloraciones de su entorno. Esto conlleva validar siempre sus emociones y reforzar que las expresen, evitando los “no pasa nada” “no es para tanto” “es una tontería” “no debes sentirse así”… Tenemos que mantener un equilibrio entre negar sus emociones y crear una alarma y preocupación excesiva (ya que podrían evitar hablarnos de ellas para protegernos). Es esencial enseñar al niño que sus emociones son importantes y que debe escucharlas, ya que a estas edades, es difícil que sepan racionalmente diferenciar lo que está bien o lo que está mal, especialmente cuando hablamos de abuso sexual, y serán sus emociones respecto a ello las que le pueden dar una pista.

–              Los niños y niñas deben recibir una educación en las que se le permita decir “no”. No pueden aprender a decir “no” a un agresor o agresora si no se les da la oportunidad de decírselo a los adultos de su entorno con otros temas. Y, desde luego, no lo aprenderán si cuando dicen “no”, no se les hace caso ni se respeta su criterio. Así mismo, evitemos  forzarles a dar besos y abrazos o a chantajearlos para que lo hagan. Es mejor respetarlo y quitarle importancia “bueno, pues si hoy no quieres ya se lo darás otro día”. En el cuento que encontraréis en este enlace se aborda la posibilidad de decir no sin mencionar temas sexuales.

–              Evitar la sobreprotección ante frustraciones y el ocultamiento. Permitirles vivir pequeñas  frustraciones en el día a día o ser sincero con ellos respecto a situaciones difíciles (como la muerte o la enfermedad), les ayudará a crear estrategias de afrontamiento en nuestra compañía, que podrán utilizar cuando ocurran cosas de las que no sea posible protegerlos o ante las que se encuentren solos.

  1. HABLANDO SOBRE ABUSO Y SEXUALIDAD

Para que un niño pueda diferenciar que es un abuso y se atreva a contarlo, tiene que comprender qué es y tiene que sentir que puede hablar de ello. En niños y niñas de estas edades tan tempranas existe mucha resistencia por parte del entorno a hablarles sobre maltrato.

Algunas de las claves para hacerlo son:

–          Hablar directamente del abuso.  Al menos tendrían que saber:

o   Que existen personas que agreden de diferentes formas a otras personas, incluidos niños y niñas. Estas personas pueden ser conocidas.

o   Conocer nombre de sus órganos genitales como conoce el resto de sus miembros y saber que son diferentes a otros miembros porque son privados y no se pueden mostrar en público.

o   Que su cuerpo les pertenece y nadie puede tocarlo sin su permiso

o   Que si no están seguros de si el comportamiento de una persona es bueno o malo o les hace sentir incómodo se lo cuenten a sus padres.

–          No se trata  de educar desde el miedo. Se trata de hablar abiertamente pero con calma.

–          La conversación no tiene porqué forzarse y puede surgir en diferentes ocasiones trasmitiendo que la familia es un ámbito de seguridad para hablar sobre lo que les asusta o les da miedo, asco o vergüenza, independientemente de que tenga contenido sexual o no. Algunas situaciones que pueden propiciar los temas son:

– Cuando surgen noticias o sucesos relacionados con el abuso, la violencia o la sexualidad.

– Cuando ocurran cosas que les hayan hecho sentir mal y les hayan producido incomodidad, asco, vergüenza o miedo, aunque no estén relacionadas con la sexualidad. Explicitar todas esas emociones y ayudarles a generar estrategias para reaccionar cuando alguien les hace algo que no les gusta o que les hace sentir mal es una de las claves para prevenir.

– Existen muchas situaciones, sin contenido sexual, que podemos utilizar para que el niño vaya adquiriendo el concepto de abuso en general, como cuando dos niños o dibujos animados se pelean o se ríen de otro a sus espaldas, un compañero presiona a otro para que le regale algo, alguien les dice a los niños que van a hacer algo que sus padres no les dejan y que no se lo cuenten….

–           Las familias deben aprender a no condenar agresivamente a los abusadores/as. La reacción natural cuando escuchamos algún caso es insultar y agredir al agresor.  Debemos recordar que muchas veces el abusador puede ser una persona querida por el niño y atacarlo con agresividad puede hacer que el niño decida ocultarlo para no dañar a esta persona. La actitud adecuada es condenar, mostrar que es algo que no se debe hacer y reforzar el que la víctima lo haya contado, pero sin mostrar una gran agresividad y desprecio por el agresor.

–          Otro momento para hablar de sexualidad puede darse cuando aparece la curiosidad sexual natural en los niños y niñas (que puede aparecer con preguntas, autoestimulación, conductas hacia otros niños….). Es necesario afrontarlas como algo natural en su desarrollo, pero que se han de realizar en un entorno protector y siempre desde el respeto a los propios sentimientos y los de los demás. Los niños y niñas deben incorporar una actitud positiva y sana hacia la sexualidad, pero siempre uniéndola al respeto y a la intimidad.

–          Respecto a la autoestimulación, tenemos que saber que la masturbación es placentera, y que es normal que al niño o niña le guste repetirla. Es el descubrimiento de una parte de su cuerpo, y al igual que sucede cuando descubren otras  querrán  tocarla a menudo durante un tiempo. Lo que debemos enseñar es que la debe practicar siempre él/ella a solas, sin testigos, en un sitio privado igual que aprende a ir al baño solo/a, a bañarse solo/a…

  1. AYUDANDO A DIFERENCIAR BUENOS Y MALOS SECRETOS

Los niños tienen que saber que:

• Nadie puede usar su cariño para obligarlos a hacer algo que no quieran hacer, que saben que no está bien hacer o que sus familias no querrían que hicieran.

• No se trata de no guardar nunca un secreto. Los secretos forman parte de la intimidad de las relaciones y querer a otra persona también significa respetar su intimidad y guardar sus secretos: esos son los secretos “buenos”.

• Un secreto “malo”, que no se debe guardar, es aquel que sirve para ocultar un hecho que pone en riesgo a los propios niños y niñas o a otra persona de sufrir daño, o bien que se lo hace directamente.

Nunca debemos pedirle a un niño que oculte algo ni a su madre ni a su padre, por muy inocente que sea “te dejo comer chuches pero no se lo digas a mamá”.

Una manera de explícaselo adaptada a su edad podría ser:

“Nadie puede obligarte a contar tus secretos, ni a contar los que te han contado tus amigos. Pero no debes guardar secretos que: a) te hagan sentir mal; b) permitan a otros hacerte daño a ti o a otros niños; c) tengas que ocultar a tus padres (salvo que sea una sorpresa preparada por ti mismo o tu familia para tus padres), y d) vengan de personas desconocidas”.

  1. FOMENTANDO LA  SENSACIÓN DE AUTOEFICACIA Y EL AUTOESTIMA

Un abordaje completo de este punto, debido a su amplitud, se escapa de los objetivos de esta entrada. Pero sí podemos dar algunas directrices muy generales.

Ayudamos a los niños dándoles responsabilidades acordes con su edad, no haciendo por ellos lo que pueden hacer solos, no comparando, evitando hacer constantes reproches o hablando solo de su mal comportamiento, destacado sus características y comportamientos positivos, ensalzando sus logros, ayudándolo a aprender de sus errores, fomentando que busquen sus propias soluciones desde nuestra compañía y apoyo …

Los niños y niñas necesitan sentir que son capaces de pedir ayuda, así como de hacer otras muchas cosas. La autoeficacia es la visión que la persona tiene internamente de sus propias capacidades para resolver los problemas que se le presenten. Si se han fomentado experiencias previas de autonomía, anticipará que es capaz de resolver las nuevas que se le presenten y lo intentará. Un niño sin sentido de autoeficacia se bloqueará y no sabrá reaccionar ante una situación de abuso.

  1. APRENDIENDO A PEDIR AYUDA

Fomentar la autonomía del niño y enseñarle a pedir ayuda no son conceptos contrapuestos. Es más, enseñarle a pedir ayuda cuando la necesita es muy importante para aprender a ser autónomo. Fomentar la autonomía del niño no significa que tenga que hacer siempre las cosas solito como primera opción, sino enseñarle a diferenciar cuando necesita ayuda y cuando no. Y es necesario reforzar tanto cuando haga las cosas solo como cuando sea capaz de pedir ayuda si la necesita.

El mensaje a un niño o niña de entre 3 y 6 años no debe ser: “Defiéndete solo”, sino: “Busca ayuda”. Pedir ayuda es la mejor estrategia de protección, porque cuando se impulsa a un niño o niña, y más en esta franja de edad, a afrontar los problemas solo:

• Se le impide la expresión de su vulnerabilidad, su impotencia,  su miedo… todas ellas señales de alarma  que debe reconocer en las situaciones de riesgo.

• Los niños y niñas de esas edades tienen un pensamiento absolutista que puede generalizar esa pauta a todas las situaciones ante las que se tenga que defender, exponiéndolos a situaciones de riesgo de ser maltratados sin que acudan a nosotros.

Los niños y niñas deben sentir que no están solos ni deben intentar afrontar estas situaciones sin ayuda.  La búsqueda de ayuda es el primer paso para defenderse, y solo ellos pueden darlo.

Tenemos que ser muy cuidadosos con los mensajes de protección que se les trasmitimos, sobre todo a estas edades, para no convertirlos en mensajes de culpa: “¿Por qué no hiciste nada? ¿Por qué no saliste corriendo? ¿Por qué no me lo contaste antes?”

Por último, tenemos que tener en cuenta que la presencia cercana y afectiva de las figuras parentales en el día a día de los niños y niñas es esencial para que los niños les utilicen como fuente de ayuda y protección. Por muy capaz que se sienta un niño o niña de pedir ayuda, necesita tener a quién hacerlo.

Referencias:

http://www.espiralesci.es/campana-uno-de-cada-cinco-contra-el-abuso-sexual/

http://www.espiralesci.es/nuevo-libro-de-pepa-horno-escuchando-mis-tripas/

Amor, violencia y adolescencia

Sí, la violencia de género también aparece en la adolescencia, y con mucha más frecuencia de la que pensamos. En 2013 aumentó en España un 5% el número de menores maltratadores que fueron juzgados (151) respecto al año anterior, según los datos del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial. Pero la gran mayoría de estos maltratadores, nunca serán denunciados. El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha hecho público un estudio que refleja que una de cada tres adolescentes reconoce sufrir un «control abusivo» por parte de su pareja. ¡Una de cada tres! Y las nuevas tecnologías y medios de comunicación facilitan esta labor de control. Pero lo peor de todo, es que tiende a considerarse “normal”.

Debido a las propias características del maltrato, que siempre ocurre poco a poco y va introduciéndose en nuestra vida de manera sutil,  es difícil de detectar cuando una misma lo está sufriendo. En la adolescencia, nos encontramos además con chicas que comienzan sus primeras relaciones, que tienen aún más dificultad si cabe para diferenciar lo que es normal en una relación, lo que es violencia y lo que no, que están formando su identidad  y se sienten inseguras ante la multitud de cambios físicos, psicológicos y sociales que conlleva este periodo y que conviven con una idea romántica del amor que aparece en todas las canciones y películas.

Muchas personas asocian la violencia a los golpes. Está claro que si el primer día que conocemos a una pareja, esta nos da un puñetazo, inmediatamente lo calificaríamos de violencia y abandonaríamos esa relación. Pero la violencia de género nunca comienza así. Es importante conocer, desde que nos sumergimos en nuestras primeras relaciones,  qué es violencia, qué es amor y qué no lo es. Porque aunque pueda sorprender, los límites son difusos, y muchas jóvenes y no tan jóvenes pueden confundir los celos y la posesión con el amor.

¿Qué es una relación sana?

Nadie nos enseña cómo debe ser una relación. Es algo que vamos aprendiendo con la práctica y que vemos a nuestro alrededor en la tele, la música, en casa…  Una relación sana tiene los siguientes ingredientes: sinceridad, tolerancia, nos permite ser uno mismo, tomamos decisiones compartidas, damos y recibimos apoyo, existe confianza, compromiso, deseo, igualdad, nos sentimos con derecho a decir no, derecho a tener tu propio grupo de amigos, respeto mutuo, respeto a tu familia y amigos, mantenemos una comunicación abierta, percibimos generosidad, derecho a vestir como a uno le gusta, nos divertimos juntos… En las relaciones sanas también aparecen conflictos y es normal que se discuta y se hable para gestionarlos, pero en ningún caso existe violencia.

 ¿Qué es la violencia de género?

Es una expresión de desigualdad entre hombres y mujeres basada en la superioridad del hombre sobre la mujer, y esto incluye múltiples manifestaciones en las que la agresión física no es la más frecuente ni muchas veces la más dañina. A parte la violencia física nos encontramos también con la violencia psicológica donde podemos encontrar: comentarios degradantes (¡muchas veces muy sutiles!), insultos, chantajes, humillaciones, comparaciones denigrantes, desvalorizaciones, críticas constantes, celos, anulación de nuestras decisiones, enfadarse a menudo por cosas sin importancia, amenazas, destrucción de objetos de valor sentimental, culpar al otro, controlar lo que hace, mostrar desconfianza …

Otro tipo de violencia es la sexual, nadie puede imponerte mantener una relación sexual completa o incompleta o exigir por ejemplo que le mandes fotos comprometidas. Ni abusando de su poder ni con técnicas más sutiles como la pena, la culpa…

Y por último, nos encontramos con la violencia social: cuando nuestra pareja nos trata mal delante de otras personas, critica a la gente que queremos, se enfada cuando salimos o nos lo pasamos bien (muchas veces no asocian el enfado directamente con la salida pero el  caso es que siempre hay mosqueos cuando te lo has pasado bien sin él), controla nuestras relaciones sociales, nos aísla de la familia y los amigos, controla nuestras llamadas de teléfono, nuestra forma de vestir, nos hace mentir a nuestra familia, controla nuestras redes sociales en Internet….

La violencia suele comenzar de manera sutil y poco a poco va siendo cada vez mayor, siendo cada vez más difícil de abandonar la relación.

¡Ojo! No tienen que aparecer todas estas cosas a la vez para que exista violencia machista. Todas y cada una de ellas por separado son indicadores en si mismos y tenemos que tener cuidado de no justificarlas, porque  lo natural es que tendamos a hacerlo: “es verdad que me hace esto PERO….”. No te sientas extraña o tonta por tratar de hacerlo porque es normal y es por eso que estoy escribiendo este artículo, porque es muy difícil darse cuenta de que esto está pasando. Es verdad que alguno de los indicadores mencionados puede aparecer de forma puntual en una relación sana, pero no debemos permitir que se repitan.

En cualquier caso, si dudas, de forma general, para detectar cuando existe violencia machista hay dos cosas que tenemos que tener muy en cuenta:

1)      El MIEDO es un buen indicador de que no nos encontramos ante una relación sana. Cuando tememos hacer o decir algo por miedo a su reacción, por miedo a hacerle daño o que nos lo haga… es una señal de alarma importante a tener en cuenta. Es la principal alarma. No podemos vivir con miedo en una relación de amor.

2)      La SEPARACIÓN de nuestra familia o amigos, cuando la otra persona nos pone en contra o debido a la relación con ella estas relaciones se estropean.

Otras emociones que podemos sentir cuando estamos sumergidas en una relación de maltrato son: victimización (me resigno a sufrir sin buscar soluciones, “ya se pasará”, “me aguanto porque le quiero, no sé qué haría sin él, me necesita…”), culpa, vergüenza, abandono de mi imagen personal, mis aficiones, mis estudios, rabia, tristeza, nerviosismo, inseguridad, problemas de sueño o alimentación….

 ¿Qué hacer?

Si hay maltrato, debes alejarte porque no vas a poder cambiarlo. La relación ya no es sana y no hay marcha atrás, aunque algo dentro de mí me diga que sí. Esa persona que me maltrata no necesita mi ayuda y el único responsable de que me trate mal es él (da igual lo difícil o no que sea su vida).

Abandonar la relación no es tan fácil, lo sé,  pero hay pasos intermedios que podemos ir dando para conseguirlo. Hay dos cosas básicas que podemos empezar a realizar y que nos irán dando fuerza para dar el paso de romper la relación:

1)      Cuidarnos a nosotras mismas. Volver a cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, retomar nuestras actividades y aficiones, recuperar nuestra AUTONOMIA, preocuparnos de nuestro futuro profesional y volver a retomar nuestras relaciones y el acercamiento a la familia.  Esto nos irá dando fuerza y nos hará ver que no estamos solas y que no dependemos de ninguna pareja.

2)      PEDIR ayuda. Es muy complicado ir realizando todo esto sola, porque la otra persona va a ejercer mucha presión cuando vea estos cambios. Cuentaselo a alguien en quien confíes tanto si tienes dudas de que realmente hay maltrato como si no. Contarlo puede ayudarte a aclararlo y a ver las cosas desde fuera. También puedes buscar ayuda profesional. Tu misma con las orientaciones y apoyo adecuado puedes salir de esta situación. Aunque no vaya a ser fácil, un día te darás cuenta de lo importante que ha sido tomar esta decisión. Aunque estés  bajo amenaza (bien que puede hacerte o hacerse daño, o tiene fotos comprometidas que puede publicar…) es importante que des este paso porque el problema siempre irá a más y es necesario cortarlo cuanto antes. Busca apoyos y déjate guiar por la gente que de verdad te quiere o que entiende sobre el tema..

El 016 es un teléfono para llamar si eres víctima de maltrato o si conoces un caso cercano de violencia machista. Es gratuito, funciona las 24 horas del día los 365 días del año y no deja rastro en la factura del teléfono. Nadie sabrá que has llamado. Es confidencial y pueden orientarte sobre qué pasos dar. ¡No estás sola!

3)      Y recuerda que… TODO EL MUNDO TIENE ALGO BUENO, hasta el ser más terrible de la tierra lo tiene. NUNCA podemos permanecer al lado de una persona porque tiene cosas buenas. NO HAY QUE SUFRIR por amor. NADIE se muere de amor. NO necesitamos a nadie en concreto para sobrevivir o ser felices. NO existe la media naranja ni el príncipe azul sino que somos compatibles con muchas personas. El amor NO todo lo puede. NI tu lo necesitas a él NI él te necesita a ti.

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