Archivos Mensuales: julio 2014

UNO DE CADA CINCO: previniendo el abuso sexual infantil

Hace unos años, el Consejo de Europa  puso en marcha la campaña “Uno de Cada Cinco” con el objetivo de sensibilizar y prevenir contra abuso sexual infantil. La campaña quiso sacar a la luz la escalofriante cifra de que UNO de cada CINCO niños había sufrido abuso sexual dentro  de la Unión Europea. Este dato es coincidente en diferentes estudios realizados por diversas organizaciones. La misma cifra se repite en los diferentes países y coincide también con la encontrada en países no europeos como EEUU o Canadá. En la actualidad, si contamos con el abuso a través de Internet, sin la necesidad del contacto físico, los números podrían dispararse.

Otros datos a destacar son que sólo la mitad de los niños llegan a contarlo, y de éstos, sólo un 15% llegan a convertirse en denuncias. Por lo que las estadísticas podrían estar subestimadas. Otro dato importante es que el 80% de los abusos son cometidos por personas con relaciones afectivas con el niño, y que no debemos olvidarnos de que muchos de ellos son cometidos también por menores.

No se trata de asustar a las familias ni de generar desconfianzas, pero sí de concienciar del problema y dar algunas pautas para evitarlo.

A continuación os trasmito algunas propuestas a tener en cuenta con niños de 3 a 6 años.

  1. PAUTAS DE CRIANZA GENERALES

–              Promover una comunicación abierta y fluida con la familia sobre cualquier tema. Los niños tienen que sentir que pueden hablar de cualquier cosa que les haga sentir mal o les haga dudar sin exponerse a las críticas o minusvaloraciones de su entorno. Esto conlleva validar siempre sus emociones y reforzar que las expresen, evitando los “no pasa nada” “no es para tanto” “es una tontería” “no debes sentirse así”… Tenemos que mantener un equilibrio entre negar sus emociones y crear una alarma y preocupación excesiva (ya que podrían evitar hablarnos de ellas para protegernos). Es esencial enseñar al niño que sus emociones son importantes y que debe escucharlas, ya que a estas edades, es difícil que sepan racionalmente diferenciar lo que está bien o lo que está mal, especialmente cuando hablamos de abuso sexual, y serán sus emociones respecto a ello las que le pueden dar una pista.

–              Los niños y niñas deben recibir una educación en las que se le permita decir “no”. No pueden aprender a decir “no” a un agresor o agresora si no se les da la oportunidad de decírselo a los adultos de su entorno con otros temas. Y, desde luego, no lo aprenderán si cuando dicen “no”, no se les hace caso ni se respeta su criterio. Así mismo, evitemos  forzarles a dar besos y abrazos o a chantajearlos para que lo hagan. Es mejor respetarlo y quitarle importancia “bueno, pues si hoy no quieres ya se lo darás otro día”. En el cuento que encontraréis en este enlace se aborda la posibilidad de decir no sin mencionar temas sexuales.

–              Evitar la sobreprotección ante frustraciones y el ocultamiento. Permitirles vivir pequeñas  frustraciones en el día a día o ser sincero con ellos respecto a situaciones difíciles (como la muerte o la enfermedad), les ayudará a crear estrategias de afrontamiento en nuestra compañía, que podrán utilizar cuando ocurran cosas de las que no sea posible protegerlos o ante las que se encuentren solos.

  1. HABLANDO SOBRE ABUSO Y SEXUALIDAD

Para que un niño pueda diferenciar que es un abuso y se atreva a contarlo, tiene que comprender qué es y tiene que sentir que puede hablar de ello. En niños y niñas de estas edades tan tempranas existe mucha resistencia por parte del entorno a hablarles sobre maltrato.

Algunas de las claves para hacerlo son:

–          Hablar directamente del abuso.  Al menos tendrían que saber:

o   Que existen personas que agreden de diferentes formas a otras personas, incluidos niños y niñas. Estas personas pueden ser conocidas.

o   Conocer nombre de sus órganos genitales como conoce el resto de sus miembros y saber que son diferentes a otros miembros porque son privados y no se pueden mostrar en público.

o   Que su cuerpo les pertenece y nadie puede tocarlo sin su permiso

o   Que si no están seguros de si el comportamiento de una persona es bueno o malo o les hace sentir incómodo se lo cuenten a sus padres.

–          No se trata  de educar desde el miedo. Se trata de hablar abiertamente pero con calma.

–          La conversación no tiene porqué forzarse y puede surgir en diferentes ocasiones trasmitiendo que la familia es un ámbito de seguridad para hablar sobre lo que les asusta o les da miedo, asco o vergüenza, independientemente de que tenga contenido sexual o no. Algunas situaciones que pueden propiciar los temas son:

– Cuando surgen noticias o sucesos relacionados con el abuso, la violencia o la sexualidad.

– Cuando ocurran cosas que les hayan hecho sentir mal y les hayan producido incomodidad, asco, vergüenza o miedo, aunque no estén relacionadas con la sexualidad. Explicitar todas esas emociones y ayudarles a generar estrategias para reaccionar cuando alguien les hace algo que no les gusta o que les hace sentir mal es una de las claves para prevenir.

– Existen muchas situaciones, sin contenido sexual, que podemos utilizar para que el niño vaya adquiriendo el concepto de abuso en general, como cuando dos niños o dibujos animados se pelean o se ríen de otro a sus espaldas, un compañero presiona a otro para que le regale algo, alguien les dice a los niños que van a hacer algo que sus padres no les dejan y que no se lo cuenten….

–           Las familias deben aprender a no condenar agresivamente a los abusadores/as. La reacción natural cuando escuchamos algún caso es insultar y agredir al agresor.  Debemos recordar que muchas veces el abusador puede ser una persona querida por el niño y atacarlo con agresividad puede hacer que el niño decida ocultarlo para no dañar a esta persona. La actitud adecuada es condenar, mostrar que es algo que no se debe hacer y reforzar el que la víctima lo haya contado, pero sin mostrar una gran agresividad y desprecio por el agresor.

–          Otro momento para hablar de sexualidad puede darse cuando aparece la curiosidad sexual natural en los niños y niñas (que puede aparecer con preguntas, autoestimulación, conductas hacia otros niños….). Es necesario afrontarlas como algo natural en su desarrollo, pero que se han de realizar en un entorno protector y siempre desde el respeto a los propios sentimientos y los de los demás. Los niños y niñas deben incorporar una actitud positiva y sana hacia la sexualidad, pero siempre uniéndola al respeto y a la intimidad.

–          Respecto a la autoestimulación, tenemos que saber que la masturbación es placentera, y que es normal que al niño o niña le guste repetirla. Es el descubrimiento de una parte de su cuerpo, y al igual que sucede cuando descubren otras  querrán  tocarla a menudo durante un tiempo. Lo que debemos enseñar es que la debe practicar siempre él/ella a solas, sin testigos, en un sitio privado igual que aprende a ir al baño solo/a, a bañarse solo/a…

  1. AYUDANDO A DIFERENCIAR BUENOS Y MALOS SECRETOS

Los niños tienen que saber que:

• Nadie puede usar su cariño para obligarlos a hacer algo que no quieran hacer, que saben que no está bien hacer o que sus familias no querrían que hicieran.

• No se trata de no guardar nunca un secreto. Los secretos forman parte de la intimidad de las relaciones y querer a otra persona también significa respetar su intimidad y guardar sus secretos: esos son los secretos “buenos”.

• Un secreto “malo”, que no se debe guardar, es aquel que sirve para ocultar un hecho que pone en riesgo a los propios niños y niñas o a otra persona de sufrir daño, o bien que se lo hace directamente.

Nunca debemos pedirle a un niño que oculte algo ni a su madre ni a su padre, por muy inocente que sea “te dejo comer chuches pero no se lo digas a mamá”.

Una manera de explícaselo adaptada a su edad podría ser:

“Nadie puede obligarte a contar tus secretos, ni a contar los que te han contado tus amigos. Pero no debes guardar secretos que: a) te hagan sentir mal; b) permitan a otros hacerte daño a ti o a otros niños; c) tengas que ocultar a tus padres (salvo que sea una sorpresa preparada por ti mismo o tu familia para tus padres), y d) vengan de personas desconocidas”.

  1. FOMENTANDO LA  SENSACIÓN DE AUTOEFICACIA Y EL AUTOESTIMA

Un abordaje completo de este punto, debido a su amplitud, se escapa de los objetivos de esta entrada. Pero sí podemos dar algunas directrices muy generales.

Ayudamos a los niños dándoles responsabilidades acordes con su edad, no haciendo por ellos lo que pueden hacer solos, no comparando, evitando hacer constantes reproches o hablando solo de su mal comportamiento, destacado sus características y comportamientos positivos, ensalzando sus logros, ayudándolo a aprender de sus errores, fomentando que busquen sus propias soluciones desde nuestra compañía y apoyo …

Los niños y niñas necesitan sentir que son capaces de pedir ayuda, así como de hacer otras muchas cosas. La autoeficacia es la visión que la persona tiene internamente de sus propias capacidades para resolver los problemas que se le presenten. Si se han fomentado experiencias previas de autonomía, anticipará que es capaz de resolver las nuevas que se le presenten y lo intentará. Un niño sin sentido de autoeficacia se bloqueará y no sabrá reaccionar ante una situación de abuso.

  1. APRENDIENDO A PEDIR AYUDA

Fomentar la autonomía del niño y enseñarle a pedir ayuda no son conceptos contrapuestos. Es más, enseñarle a pedir ayuda cuando la necesita es muy importante para aprender a ser autónomo. Fomentar la autonomía del niño no significa que tenga que hacer siempre las cosas solito como primera opción, sino enseñarle a diferenciar cuando necesita ayuda y cuando no. Y es necesario reforzar tanto cuando haga las cosas solo como cuando sea capaz de pedir ayuda si la necesita.

El mensaje a un niño o niña de entre 3 y 6 años no debe ser: “Defiéndete solo”, sino: “Busca ayuda”. Pedir ayuda es la mejor estrategia de protección, porque cuando se impulsa a un niño o niña, y más en esta franja de edad, a afrontar los problemas solo:

• Se le impide la expresión de su vulnerabilidad, su impotencia,  su miedo… todas ellas señales de alarma  que debe reconocer en las situaciones de riesgo.

• Los niños y niñas de esas edades tienen un pensamiento absolutista que puede generalizar esa pauta a todas las situaciones ante las que se tenga que defender, exponiéndolos a situaciones de riesgo de ser maltratados sin que acudan a nosotros.

Los niños y niñas deben sentir que no están solos ni deben intentar afrontar estas situaciones sin ayuda.  La búsqueda de ayuda es el primer paso para defenderse, y solo ellos pueden darlo.

Tenemos que ser muy cuidadosos con los mensajes de protección que se les trasmitimos, sobre todo a estas edades, para no convertirlos en mensajes de culpa: “¿Por qué no hiciste nada? ¿Por qué no saliste corriendo? ¿Por qué no me lo contaste antes?”

Por último, tenemos que tener en cuenta que la presencia cercana y afectiva de las figuras parentales en el día a día de los niños y niñas es esencial para que los niños les utilicen como fuente de ayuda y protección. Por muy capaz que se sienta un niño o niña de pedir ayuda, necesita tener a quién hacerlo.

Referencias:

http://www.espiralesci.es/campana-uno-de-cada-cinco-contra-el-abuso-sexual/

http://www.espiralesci.es/nuevo-libro-de-pepa-horno-escuchando-mis-tripas/