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Depresión infantil: detección y prevención

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Los niños suelen tener un buen estado de ánimo. Cuando presentan malestar suele ser muy fluctuante y muy marcado por el entorno y experiencia inmediata (un niño puede mostrarse enfadado o triste y al minuto contento y feliz porque ha empezado a jugar), a veces es tan marcado que puede sorprender a muchos adultos. Los niños viven muy centrados en el presente y es una de las cosas que les hace tan especiales. Sin embargo, debemos tener en cuenta, que los niños también sufren trastornos del estado de ánimo y que debemos estar alerta ante cualquier signo de malestar que se mantenga de manera constante durante varios días. Además, en el caso de la depresión infantil, los síntomas pueden ser algo diferentes a lo que encontamos en los adultos o a la típica idea de depresión que tenemos en la cabeza, y por ello es importante conocerlos. La sintomatología también puede variar según el nivel del desarrollo del niño. Por ejemplo, en niños más pequeños suelen aparecer con más frecuencia quejas físicas, agitación, ansiedad y temores, mientras que los más mayores suelen presentar más problemas de conducta, agresividad e irritabilidad. Los deseos de muerte o intentos de suicidio (que no tienen porqué ir unidos a la depresión) suelen aparecer más en la adolescencia.

Algunos de los síntomas que nos tienen que mantener en alerta son:

– Estado de ánimo irritable o depresivo (a diferencia de los adultos, el estado de ánimo irritable es común en niños depresivos, sin que se aprecie la tristeza)

– Pérdida de interés en sus actividades o de disfrute

– Aislamiento social

– Agitación

– Problemas de conducta

– Autoestima baja, sentimientos de minusvalía

– Desesperanza

– Dificultad de concentración

– Llanto frecuente

– Quejas físicas injustificadas médicamente

– Cambios bruscos en el peso o no aumentar lo esperado para su edad

– Disminución o aumento de apetito

– Disminución o aumento de sueño

– Cansancio (es raro que un niño esté cansado mucho tiempo)

– Autolesiones o pensamientos a cerca de la muerte o el suicidio

Recuerda que todos estos síntomas, pueden formar parte de la depresión pero también de otros trastornos, por lo que siempre es importante consultar a un profesional.

Como medio de prevención de la depresión y el fomento de una buena salud mental en general, os presento el siguiente decálogo basado en la obra El niño que no sonríe de Méndez, con mis modificaciones y ampliaciones:

1. Sé su modelo. Sonríe, muestra tu buen humor, evita las quejas excesivas que no llevan a ninguna parte, disfruta de tu tiempo libre, ten aficiones, habla en forma positiva de ti mismo, cuidate.

2. Ayúdale a sentirse bien: programa actividades agradables, potencia que se relacione, sorpréndele, potencia su curiosidad, jugad juntos, destaca sus logros o su esfuerzo y aprendizaje cuando no se consiguen. Ten en cuenta sus opiniones y preferencias. Elogialé con sinceridad y concretando todo lo posible.

3. Evítale sufrimientos innecesarios: cuida su salud (higiene, alimentación, vacunas, hábitos de sueño), preparalo y acompáñalo ante situaciones de estrés (inicio del colegio, mudanzas, duelos…)

4. Cuida el ambiente familiar: muéstrale tu cariño con palabras y hechos, fomenta la comunicación familiar, evita su presencia en las discusiones de pareja y sobretodo no lo utilices como interlocutor o le pongas entre la espada y la pared entre las dos personas que más quiere. Intenta mantener rutinas y anticipa con tiempo los cambios.

5. Edúcalo con afecto y coherencia: Llegad a consensos en su educación y mostraros unidos y firmes en esas cuestiones. Fija normas razonables. Colabora con la escuela. Ayúdale a entender y manejar sus emociones. Trátale con respeto.

6. Potencia sus cualidades, aficiones y pasatiempos. Anímale, sin forzar, a nuevas experiencias.

7. Enséñalo a tolerar la frustración y la incertidumbre: enséñale a respetar turno, a demorar poco a poco las satisfacciones inmediatas y felicítale por conseguirlo.

8. Hazle responsable, no culpable. Valora sus esfuerzos e intenciones por encima de resultados. Ayúdale a saber cómo reparar lo que ha dañado, emplea castigos que sean consecuencia natural de sus actos. Fija objetivos realistas. Ayúdale a diferenciar lo que está dentro de su control de lo que no.

9. Moldea un estilo cognitivo racional: Evita las etiquetas y lenguaje absolutistas “eres malo”, “nunca me haces caso” (ojo con los “eres”, “todo”, “nada”, “siempre”, “nunca”). No le des las soluciones directamente, ayúdale a pensar “¿Cómo podriamos hacer…?”.

10. Fortalezca tu autonomía: permítele que poco a poco tome decisiones, enséñale a cuidarse y valerse por si mismo de acuerdo a su edad, pérmitele colaborar en casa sin corregirle de manera constante.

Y sobre todo, recuerda que dedicarle tu tiempo y tu mirada es la mejor forma de mostrarle lo importante que es.

Duelo: el álbum de recuerdos

Hoy os quiero hablar de una actividad que a veces invito a realizar a las familias cuando se ha sufrido la dolorosa experiencia de perder a un ser querido; aunque también puede ser adaptado  para otras pérdidas que les resulten difíciles a l@s niñ@s  como la pérdida de una mascota, el cambio de casa, un amigo que se muda lejos…

El ejercicio se llama “El álbum de los recuerdos”, más tarde dí con el precioso cuento El árbol de los recuerdos y me pareció un complemento precioso para complementar el ejercicio.

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Respecto a las edades, puede ser adaptado a cada edad y ser más complejo para los más mayores. Algunas veces lo he utilizado con adultos. También se puede realizar en formato digital o en forma de video, con música… pero yo soy muy partidaria de seguir utilizando las manos y el papel para sentirlo más nuestro (algunos adolescentes prefieren el formato digital).

¿Por qué puede ser útil?

  • Las personas necesitamos rituales de despedida, de ahí los velatorios y funerales. Los que nuestra cultura realiza pueden ser muy útiles, pero especialmente para los niños*, son más incomprensibles y menos personalizados. De este modo, aunque hayan acudido a los ritos, dedicar un tiempo para despedirse y honrar a la persona fallecida les ayudará a asumir la realidad de la pérdida y comenzar a elaborar su dolor.
  • Nos permite compartir momentos especiales con ellos y les permite sentirse acompañados en la pérdida.
  • Facilita poder hablar del fallecido, de nuestras emociones.
  • Nos invita a evocar emociones positivas asociadas al recuerdo.
  • Ayuda a la elaboración de la pérdida, a recolocar emocionalmente al fallecido.

Me he encontrado más de una vez en consulta con adolescentes y adultos jóvenes con duelos prolongados en los que desde la pérdida, no se ha facilitado el poder hablar de la persona fallecida y se ha convertido en un tabú que les ha ido aislando y bloqueando en su proceso de duelo. Este ejercicio puede ayudar a prevenir este tipo de situaciones, que, una vez enquistadas, casi siempre es preferible que sea un profesional quien ayude al joven a pasar por este proceso.

Para realizar el ejercicio es necesario que el niño quiera, y que el adulto no vaya a desbordarse haciendólo, pudiendo mostrar sus emociones controladamente.

¿En qué consiste?

El ejercicio tiene dos partes , aunque puede realizarse solo la segunda. Se puede hacer en varios días y se recomienda que se dé un plazo para terminarlo, para poder cerrar el proceso (aunque no se descarta poder añadir alguna vez otras páginas si es necesario). También recomiendo realizarlo en un horario en el que luego podamos hacer una actividad diferente que nos desepeje (no por ejemplo antes de dormir).

En la primera parte recomiendo la lectura con la niña del cuento El árbol de los recuerdos. En el argumento, un zorro muere en el bosque y los animales, muy tristes, se reúnen para recordar juntos al zorro. Es un cuento muy bonito sobre el duelo que se centra en la idea de que nuestros recuerdos harán que la persona que ha fallecido esté en nuestro corazón para siempre y nos enseña que recodar no es un tabú ni tiene porqué ser siempre doloroso, además es necesario.  El cuento nos sirve como introducción para mostrar lo importantes que son los recuerdos y lo importante que es no dejarlos de lado, permite dar mayor sentido al ejercicio. Así nos dará pie, a proponer la segunda parte de la actividad, y si al niño le apetece, empezar a llevarla a cabo.

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La segunda parte sería la creación de El album de los recuerdos. Su formato lo dejo a la imaginación de las familias, pues siempre tienen más creatividad que yo y es una cosa muy personal. Algunas de las cosas que se pueden incluir:

  • Escribir brevemente algunos recuerdos con esa persona
  • Escribir cosas que a esa persona le gustaban o nos enseñó, escribir cosas que nos gustaban de ella.
  • Incluir fotos de momentos vividos juntos
  • Incluir fotos de lugares u objetos especiales que nos recuerden a esa persona
  • Decorarlo a nuestro gusto
  • Incluir siempre algún dibujo, especialmente como modo de poner fin al álbum, incluso podemos dibujar nuestro árbol si hemos leído el cuento.

El dibujo va a ser un medio de expresión fundamental para los más pequeños.

Hay álbumes de recuerdos que pueden ser solo un dibujo y otros que están muy elaborados con muchas páginas, todo en función de cómo  la niña entre a ello, de su desarrollo evolutivo… Las opciones son muchas. La idea es poder hablar de la otra persona y expresarse a través del dibujo y la fotografía.

Y mientras tanto… creemos buenos recuerdos en la vida de nuestr@s niñ@s para poder dejar esa huella en ellos para siempre.

 

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* A lo largo del texto utilizo los términos masculino y femenino de manera indiferente.

Cómo vaya, vas a llorar con razón

Elijo esa frase como título por ser una de las que más escuchamos probablemente en nuestra infancia como amenaza (y no deja de ser curiosa cuando es la emoción y no la razón la que está relacionada con el llanto). En el post de hoy quiero hablar de los cachetes, los azotes y las amenazas de hacerlo como instrumento para modular la conducta de los niños.

Antes de nada, quiero aclarar que cuando hablo de pegar en este artículo, no hablo de palizas, de pegar al niño de manera habitual, de hacerle marcas, de causarle dolor físico… ese es un tema a parte, que tiene que ver con maltrato grave penado por la ley que no admite discusión alguna. De lo que voy a hablar, es de una parte más sutil, donde los límites entre lo que está bien y mal son difusos para la mayoría de las familias, donde la mayoría de las personas han vivido o están viviendo. Una parte que entra dentro de la normalidad en la mayoría de nuestras casas.

El objetivo de la entrada no es moralista ni decir lo que uno tiene que hacer o no con sus hijos. El objetivo es únicamente que al menos, cuando uno lo hace, lo haga siendo consciente de lo que estoy transmitiendo, y que pueda elegir hacerlo o no teniendo claro  si realmente esa era la lección que pretendía transmitir al niño. El objetivo es que tengáis toda la información para poder decidir. Porque a veces creemos que el mensaje es “eso no se hace”, pero acompañado de ese mensaje van otros de manera implícita más importantes de los que muchas veces no somos conscientes. 

Parece que todos estamos de acuerdo cuando queremos trasmitir a nuestros hijos: “Nadie tiene derecho a pegarte. No tienes derecho a pegar a nadie” (¡Cuántas cosas se arreglarían en el mundo si consiguiéramos con éxito dar siempre ese mensaje!), pero a veces no sabemos bien cómo es la mejor manera de hacerlo. 

Pegar a seres indefensos está mal. Siempre. Bajo cualquier circunstancia. En cualquier intensidad. No vamos a traumatizar a ningún niño por darle un azote flojo puntual, de verdad, no creo que eso les traumatice ni dañe nuestra relación con ellos, pero si tenemos que ser conscientes de la lección que realmente le estamos transmitiendo.

Voy a hacer un pequeño inciso sobre el cerebro antes de continuar. A grandes rasgos, podemos decir que el cerebro puede dividirse en tres áreas diferenciadas, algunos autores hablan de tres cerebros: 1) el neocortex o corteza cerebral,  la parte  más externa del cerebro, a la que también llamamos corteza; 2) el cerebro límbico;  y 3) el cerebro reptiliano. La corteza es la encargada de las funciones más desarrolladas y complejas del ser humano como la capacidad de planificación, reflexión, control de impulsos, aprendizaje, moralidad, toma de decisiones…. Está parte del cerebro se irá desarrollando a medida que el niño crece, por lo que durante la infancia no funciona a pleno rendimiento. Bajo la corteza, encontramos el cerebro límbico que es emocional, reacciona de manera no consciente, trata de protegernos, reacciona como una alarma ante los peligros y busca la acción rápida. El cerebro reptiliano es la parte más  primitiva encargado de las funciones vitales básicas (respiración, sueño, hambre…). Tanto el cerebro límbico como el reptiliano funcionan desde el inicio porque son indispensables para la supervivencia y son los más instintivos y básicos del ser humano como animal.La corteza actua como filtro y selecciona ante que información responder y cómo hacerlo de la manera más adecuada. Bueno, creo que esta burda explicación puede ser suficiente para entender lo que pretendo contaros.

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Como ya he dicho, los niños no tienen desarrollado al 100 × 100 la corteza cerebral, pensad que si ya es complicado para nosotros muchas veces actuar de manera reflexiva y controlar la parte instintiva y emocional, cómo puede ser hacerlo cuando  la corteza aún está inmadura.  Por todo esto, es más fácil que los niños se dejen llevar por este impulso instintivo. Por tanto, en la niñez es muy fácil aprender la conducta de “pegar” como parte de nuestro comportamiento habitual ya que es una conducta que aparece de manera instintiva. Pegar, para los niños,  es un reflejo de defensa muy primitivo.  Si tenéis hijos o niños cerca, habréis observado, que desde bien bebés, el impulso a golpear es frecuente cuando se frustran en la mayoría de ellos. Hasta que con la ayuda del desarrollo de la corteza y la educación,  pueden conocer otras formas de manejar esa frustración. Unos niños tardarán más que otros. 

El adulto tiene un papel importante en el óptimo desarrollo de la corteza del niño. De alguna manera, podemos decir que en los primeros años se convierte en su corteza, siendo quién le enseñe a regular toda esa parte instintiva. Y a lo que voy, si le pego, no estoy siendo “corteza”, estoy reforzando el actuar desde el impulso.

Bueno, y todo esto, solo para tratar de dar a entender que antes de amenazar con pegar a un niño o darle un pequeño cachete, debo ser consciente de que:

  • Para los niños, los padres somos perfectos. Lo que nosotros hagamos está bien.  Somos un modelo a imitar. Somos su guía de vida. 
  • El ejemplo es la manera más potente de profundizar un aprendizaje.
  • Los niños no entienden de intensidad. No vale ” si le doy en el pañal, no le hago daño”, “en el culo si, la cara no”. Los niños no son tan sutiles, lo que le estoy enseñando es que golpear está bien, da igual como lo haga. Los niños no tienen medida.
  • El mensaje que le hago llegar es: pegar está bien para conseguir lo que uno quiere. Pegar me da poder.
  • Cuando pego es porque he perdido el control. Es una conducta no controlada que libera rabia. Si lo que quiero es que el niño aprenda autocontrol tengo que plantearme si es la forma correcta de hacerlo.
  • El solo hecho de amenazar ya está trasmitiendo que pegar es algo lícito, planteo esa conducta como posible y válida para conseguir mis objetivos. 
  • También trasmitimos mensajes subliminales de “Te hago daño porque te quiero” “Te hago daño porque te lo mereces” no hace falta que diga lo dañino que puede ser trasmitir este mensaje para relaciones futuras.

Si no obstante, pierdo el control (como humanos que somos y costumbres heredadas de nuestros padres), y lo hago, recuerda siempre que rectificar es de sabios. Pide perdón y habla con el niño sobre que no está bien lo que has hecho y tratarás de no hacerlo más. Tenga la edad que tenga.

Recuerda que no le has pegado porque su conducta lo merezca, le has pegado por tu falta de recursos para manejar la situación y tu frustración, o bien porque en tu casa se hacía así. A día de hoy hay tanta información sobre crianza con la que nuestros padres y abuelos no contaban, que no podemos escudarnos en lo que ellos hacían. Es nuestra responsabilidad aprender, informarnos y avanzar en ofrecer una crianza con límites y respeto.

De verdad creo que está en nuestras manos cambiar el mundo.

(Pretendía escribir una entrada corta y al final se me ha ido de las manos, perdón por la extensión y gracias a los que habéis llegado hasta el final 😉 ).

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Lo que tú me enseñas, pequeño

Ya catorce meses conmigo, nueve dentro y cinco a mi lado. Probablemente aprendo y reaprendo cosas a cada segundo desde que estás aquí.

Quiero compartir algunas de las cosas que me has enseñado y sobre las que me has hecho reflexionar en este tiempo….

  • Que eres un milagro, que somos un milagro. Que si podemos formar seres tan maravillosos de la nada, todo es posible.
  • Que nos construimos de la nada, por lo que siempre podremos reconstruirnos.
  • Que necesitamos de los demás para sobrevivir (aunque no de personas concretas). No hay que tener miedo ni vergüenza de apoyarse en los demás.
  • Que el cuerpo y la mente de la mujer son increíbles. Tengan o no hijos. Tenemos una fuerza de la que no somos conscientes en absoluto.
  • Que tengo que amar, cuidar mi cuerpo, tratarle con cariño. Ya no es el mismo de antes pero ha sido capaz de crearte a ti. Le debo mucho a mi cuerpo, le debo mi vida y la tuya. Un respeto para nuestros cuerpos.
  • Lo que es el dolor. El dolor del parto es indescriptible, pero cuando el dolor lo tienes tú eso no tiene palabras. Eso es el dolor de verdad.
  • A vivir el presente. Es increíble verte vivir el presente de manera tan radical, tanto que puedes reír si te dicen algo y explotar a llorar al minuto al ser consciente de tener hambre. No hay pasado ni futuro, solo tienes presente.
  • A redescubrir el mundo, a volver a mirar los árboles desde abajo y darme cuenta de que estoy paseando bajo ellos. A mirar por primera vez y valorar todas las cosas que damos por supuesto. Ser consciente de las pequeñas cosas que hacen importante la vida.
  • A saber que puedo dormir menos de 8 horas y estar bien ;). A saber que puedo, a secas.
  • A que tenemos que pedir y protestar firmemente por lo que queremos, expresar nuestras necesidades. Perdemos esta costumbre cuando crecemos. Pedir cuando se necesita, negarse cuando no se quiere (lo haces parecer tan sencillo…).
  • A pedir abrazos y mimos. La importancia del cariño, no solo tenerlo sino demostrarlo.
  • A recordar que el ser humano desde que nace aprende por ensayo y error, que hay que insistir sin frustrarse. Si las cosas más importantes para la vida se aprenden así, es porque es un buen método, que no importa equivocarse.
  • Que existen miedos que no conocía. Que tenemos que vivir con ellos. Que es importante que estén ahí para cumplir su función (la función del miedo siempre es prevenir el daño) pero que es necesario no dejarlos ir más allá, mantenerlos al margen para poder disfrutar mejor de nuestros momentos.
  • Que la sonrisa es contagiosa. Que hace sentir bien. Que tenemos que sonreír más. Ser más agradecidos como tu agradeces cualquier mínima cosa que se te dice con tu sonrisa.
  • Me maravillo con la velocidad a la que se desarrolla tu cerebro, como se nota cada día esa evolución en cómo reconoces, como coordinas, la forma en que miras… Es impresionante, jamás en la vida volverá a explosionar de esa manera. Es mi responsabilidad que te sientas seguro física y afectivamente para que tu cerebro no tenga que preocuparse de tu supervivencia, para que pueda seguir evolucionando.
  • Que el tiempo pasa muy rápido. Que lamentarse de ello no ayuda a que sea de otra forma (solo hace que no lo aprovechemos). Que tampoco importa que el tiempo pase porque cada tiempo de nuestras vidas es especial y tiene sus peculiaridades. Que la posibilidad de de disfrutar y/o aprender se mantiene constante. Que es bonito mirar con añoranza hacia atrás (porque significa que fue bueno) pero que no podemos quedarnos anclados en eso, porque siempre están pasando cosas y si no vivimos en el presente nos las estamos perdiendo. Quiero construirte miles de buenos recuerdos, porque serán mi mayor legado para ti y para toda la gente que algún día formará parte de tu mundo. Nuestras acciones tienen repercusiones durante mucho tiempo en mucha gente, lo cual nos hace inmortales de alguna manera. Quiero que esta responsabilidad no me abrume pero me haga intentar siempre ser mejor persona. 
  • Que los bebés no necesitan estimulación sofisticada ni grandes gastos o estrategias complicadas: solo cariño, apoyo, que le hablemos, le miremos, le cantemos (aunque parezcas un grillo, adorará tu voz) y demos nuestra aprobación.  Solo hacerle caso. Solo ayudarle a sentir que existe, que importa. El desarrollo viene por sí mismo en cada uno a su tiempo (si no hay ninguna necesidad especial que requiera atención extra). Es necesario dejarles libertad de movimiento en un entorno seguro, dejarles experimentar, enseñarles mundo. Tampoco necesitamos gastarnos 100€ en un juguete por tener por ejemplo el apellido montessori. Los juguetes cuanto más sencillos mejor, harán desarrollar mejor su capacidad de atender y su creatividad. Vivimos en un mundo de niños sobreestimulados.  Nuestro tiempo, nuestro cuerpo y nuestra mente serán su mejor y más preciado juguete.

Y si tengo que hacer un resumen a tanto texto… Me has enseñado a vivir cada día de manera consciente y con significado. Y deseo devolvértelo, que no lo pierdas al crecer.

…Y esto no ha hecho más que empezar. Estoy expectante por no perderme nada de lo que los niños vienen a enseñarnos.

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Dar y Recibir

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Imagen de Mama Ghanush

Mientras escribo desde mi cama, con mi pequeño al lado y me muero de amor mirando su carita… tengo que confesarlo, aunque suene impopular: soy una persona completa y feliz ahora que soy madre y… también era una persona completa y feliz antes de serlo. Y, además, creo que es importante que así sea.

Es importante no poner en nuestros hijos la responsabilidad de completarnos (ni directa ni indirectamente). Son ellos los que nos necesitan a nosotros, somos nosotros como padres lo que tenemos que dar, y para poder dar es importante cuidarse.

No es infrecuente ver en la consulta adultos que siguen cargando con el peso de la responsabilidad sobre el bienestar de sus padres, y es que lo que aprendemos de niños queda grabado en el alma. No es difícil ver cómo los adultos que no se trabajan esto y lo hacen consciente, además de sufrir, a su vez sin querer lo transmiten a sus propios niños.

Tratemos de sostenerlos y no de ser sostenidos por ellos.  Querámosles de manera incondicional sin exigirles lo mismo (en el fondo ya lo hacen se comporten como se comporten).

Cuidemos el lenguaje “si lo haces no te quiero, si lo haces no me quieres, me vas a quitar la vida, te voy a abandonar, con todo lo que hago por ti..” tanto el que les decimos como el que nos decimos a nosotros mismos.

Demos sin hacerles sentir en deuda. Los padres dan, los hijos reciben. Cuando damos la vuelta a esta situación aparecen problemas que pueden arrastrarse durante generaciones.

No han nacido para cumplir nuestras expectativas ni rellenar nuestros vacíos.

Demos amor incondicional, demos sustento físico y psicológico, demos guías, límites y demos alas. Y solo dando, sin querer ni pedir recibiremos.

Y mientras tanto sigo mirando la carita de mi niño tranquila, relajada. Confío y deseo en que siempre (o la mayoría de las veces) pueda sentir de mí que soy un soporte, que puede confiar y sentirse así de tranquilo a mi lado y que puede separarse cuando lo necesite sin hacerme daño.

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(Imágenes tomadas de la autora Senzhana Soohs. Instagram: Vskafandre)

 

El cuento de la mariposa: reflexiones sobre autonomía

Os comparto este precioso cuento de Jorge Bucay para reflexionar.

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“Mi mamá era hija de una pareja de campesinos de Entre Ríos.

Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos contó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego del horno vio un capullo de gusano colgando de un tallo quebrado.

Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevarla a la casa y adoptarla a su cuidado. Al llegar, la puso bajo una lámpara para que diera calor y la arrimó a una ventana para que el aire no le faltara.

Durante las siguientes horas mi madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento. Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente, la jovencita vio cómo el capullo se rasgaba y una patita pequeña y velluda asomaba desde dentro.

Todo era mágico y mi mamá nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro.

Pero, de repente, el milagro pareció volverse tragedia.

La pequeña mariposa parecía no tener fuerza suficiente para romper el tejido de su cápsula. Por más que hacia fuerza no conseguía salir por la pequeña perforación de su casita efímera.

Mi madre no podía quedarse sin hacer nada. Corrió hasta el cuarto de las herramientas y regresó con un par de pinzas delicadas y una tijera larga, fina y afilada que mi abuela usaba en el bordado.

Con mucho cuidado de no tocar al insecto, fue cortando una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel y caminó a los tumbos hacia la luz de la ventana.

Cuenta mi madre que, llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la recién llegada, en su vuelo inaugural.

Sin embargo, la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando la punta de las pinzas la rozó suavemente.

Pensó que estaba asustada por su presencia y la dejó junto a la ventana abierta, segura de que no la encontraría al regresar.

Después de jugar toda la tarde, mi madre volvió a su cuarto y encontró junto a la ventana a su mariposa inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo, las patitas tiesas hacia el techo.

Mi mamá siempre nos contaba con qué angustia fue a llevar el insecto a su padre, a contarle todo lo sucedido y a preguntarle qué más debía haber hecho para ayudarla mejor.

Mi abuelo, que parece que era uno de esos sabios casi analfabetos que andan por el mundo, le acarició la cabeza y le dijo que no había nada más que debiera haber hecho, que en realidad la buena ayuda hubiera sido hacer menos y no más.

Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, explicó mi abuelo, el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su caparazón nunca pudo expandir sus alas, porque mi mamá no la había dejado luchar por su vida.

Mi mamá siempre nos decía que muchas veces le hubiese gustado aliviarnos el camino, pero recordaba a su mariposa y prefería dejarnos inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón.”

Pienso que es un cuento que por si mismo no precisa de mucha explicación, pero si me gustaría matizar algunas cosas cuando hablamos de la tan importante autonomía de nuestros pequeños. No se trata de dejar a nuestros niños solos. Se trata de no hacer por ellos lo que podemos enseñarles a hacer por si mismos: aunque se equivoquen, aunque sean más lentos, aunque nos surja la necesidad de darles soluciones inmediatas ante sus problemas… Siempre acompañándoles en sus equivocaciones, en sus reflexiones, enseñándoles también que pueden pedir ayuda y que estaremos ahí si lo necesitan.

Perseguir la autonomía del niño como fin en su desarrollo no es perseguir que haga las cosas siempre solo  y siempre como primera opción, sino que logre distinguir aquellas situaciones que puede resolver de aquellas en las que necesita ayuda, y que se sienta capaz de pedirla. Enseñar a un niño a pedir ayuda es enseñarle a ser autónomo también, ya que como seres sociales que somos el no saber pedir ayuda en determinadas situaciones puede cargarnos de mucho sufrimiento. Pedir ayuda es bueno y nos podemos encontrar en situaciones serias en las que el niño que no sepa pedirla o lo conciba como debilidad y sufra en silencio. 

Queremos niños y personas autónomas… que sepan diferenciar las situaciones en las que necesitan ayuda y no teman pedirla cuando así sea. Y recordar que en algunas ocasiones, uno también disfruta de ser ayudado simplemente por el gozo de compartir con el otro o en momentos de mayor estrés o vulnerabilidad.

Quizás una pauta por la que dejarnos guiar a la hora de ayudar o no al niño, es que  no nos dejemos llevar por nuestra impaciencia o por el temor a que se equivoquen. Esperar, animar, acompañarles, preguntar si precisan ayuda antes de de invadirles y hacer las cosas por ellos, darles ayudas parciales en las que ellos puedan colaborar, buscar ocasiones en las que pedirles ayuda nosotros a ellos, preguntando como creen que pueden resolver una situación en lugar de darles la respuesta inmediata, analizando conjuntamente las equivocaciones, no hacer las cosas por ellos sino con ellos…

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Autoestima infantil: 15 recomendaciones

 

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Vamos a comenzar el año con algunas recomendaciones para fomentar la autoestima de los peques:

  • Estar presentes, tenerle en cuenta. Dedícales tiempo exclusivo, escúchales con atención cuando te hablen, mirándoles, dando muestras de que escuchas y te interesas.
  • Dales responsabilidades, fomenta su autonomía. Hay muchos aspectos de la vida cotidiana de un niño en que se le puede ofrecer autonomía. Por ejemplo, en sus hábitos diarios de higiene, alimentación, sus obligaciones, en la gestión de su tiempo de ocio… Déjales tomar pequeñas decisiones y elegir entre diferentes opciones acordes a su edad.
  • Facilita situaciones donde pueda relacionarse con diferentes niños.
  • Establece límites y sé consistente con ellos. Los límites dan seguridad, marcan el camino y los niños los necesitan.
  • No compares. Ni de forma negativa ni positiva. Le quieres y valoras por ser él mismo, no por ser mejor ni peor que otros.
  • No le etiquetes. Las etiquetas ( “el listo”, “el vergonzoso”, “el revoltoso”…) tanto en positivo como en negativo son perjudiciales. Una etiqueta en positivo puede generar ansiedad en el niño intentando cumplir siempre con tus expectativas y sintiéndose muy mal cuando no lo consigue.
  • Cuando tenga un mal comportamiento juzga las conductas y no al niño, no es lo mismo decir “que malo eres” que “está mal que empujes a ese niño”.
  • Déjale probar, explorar cosas nuevas, equivocarse. No le des las soluciones de manera inmediata, deja que lo intente y si fracasa normalízalo y hablad de qué podíamos haber hecho de manera diferente. Reconozcamos nuestros propios errores.
  • Sé lo más específico posible a la hora de hacer halagos, es preferible decir “Me gusta mucho como has recogido todos tus juguetes” que “te has portado bien”. Es importante que el niño sepa exactamente qué es lo que te ha gustado y además son halagos más creíbles. No exageres.
  • Valora sobretodo el esfuerzo, no te limites a premiar el logro.
  • No le sobreprotejas. Mostrar excesivamente nuestro miedo a separarnos, a que intenten cosas nuevas… le puede trasmitir inseguridad.
  • No le critiques delante de otros, aunque parezca que no escucha.
  • Valida sus emociones.
  • Si tienes más hijos, intenta buscar, de vez en cuando un espacio individual a uno.
  • Y sobre todo, fomenta tu propia autoestima y autocuidado pues eres el mejor ejemplo que puede seguir.