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Cómo vaya, vas a llorar con razón

Elijo esa frase como título por ser una de las que más escuchamos probablemente en nuestra infancia como amenaza (y no deja de ser curiosa cuando es la emoción y no la razón la que está relacionada con el llanto). En el post de hoy quiero hablar de los cachetes, los azotes y las amenazas de hacerlo como instrumento para modular la conducta de los niños.

Antes de nada, quiero aclarar que cuando hablo de pegar en este artículo, no hablo de palizas, de pegar al niño de manera habitual, de hacerle marcas, de causarle dolor físico… ese es un tema a parte, que tiene que ver con maltrato grave penado por la ley que no admite discusión alguna. De lo que voy a hablar, es de una parte más sutil, donde los límites entre lo que está bien y mal son difusos para la mayoría de las familias, donde la mayoría de las personas han vivido o están viviendo. Una parte que entra dentro de la normalidad en la mayoría de nuestras casas.

El objetivo de la entrada no es moralista ni decir lo que uno tiene que hacer o no con sus hijos. El objetivo es únicamente que al menos, cuando uno lo hace, lo haga siendo consciente de lo que estoy transmitiendo, y que pueda elegir hacerlo o no teniendo claro  si realmente esa era la lección que pretendía transmitir al niño. El objetivo es que tengáis toda la información para poder decidir. Porque a veces creemos que el mensaje es “eso no se hace”, pero acompañado de ese mensaje van otros de manera implícita más importantes de los que muchas veces no somos conscientes. 

Parece que todos estamos de acuerdo cuando queremos trasmitir a nuestros hijos: “Nadie tiene derecho a pegarte. No tienes derecho a pegar a nadie” (¡Cuántas cosas se arreglarían en el mundo si consiguiéramos con éxito dar siempre ese mensaje!), pero a veces no sabemos bien cómo es la mejor manera de hacerlo. 

Pegar a seres indefensos está mal. Siempre. Bajo cualquier circunstancia. En cualquier intensidad. No vamos a traumatizar a ningún niño por darle un azote flojo puntual, de verdad, no creo que eso les traumatice ni dañe nuestra relación con ellos, pero si tenemos que ser conscientes de la lección que realmente le estamos transmitiendo.

Voy a hacer un pequeño inciso sobre el cerebro antes de continuar. A grandes rasgos, podemos decir que el cerebro puede dividirse en tres áreas diferenciadas, algunos autores hablan de tres cerebros: 1) el neocortex o corteza cerebral,  la parte  más externa del cerebro, a la que también llamamos corteza; 2) el cerebro límbico;  y 3) el cerebro reptiliano. La corteza es la encargada de las funciones más desarrolladas y complejas del ser humano como la capacidad de planificación, reflexión, control de impulsos, aprendizaje, moralidad, toma de decisiones…. Está parte del cerebro se irá desarrollando a medida que el niño crece, por lo que durante la infancia no funciona a pleno rendimiento. Bajo la corteza, encontramos el cerebro límbico que es emocional, reacciona de manera no consciente, trata de protegernos, reacciona como una alarma ante los peligros y busca la acción rápida. El cerebro reptiliano es la parte más  primitiva encargado de las funciones vitales básicas (respiración, sueño, hambre…). Tanto el cerebro límbico como el reptiliano funcionan desde el inicio porque son indispensables para la supervivencia y son los más instintivos y básicos del ser humano como animal.La corteza actua como filtro y selecciona ante que información responder y cómo hacerlo de la manera más adecuada. Bueno, creo que esta burda explicación puede ser suficiente para entender lo que pretendo contaros.

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Como ya he dicho, los niños no tienen desarrollado al 100 × 100 la corteza cerebral, pensad que si ya es complicado para nosotros muchas veces actuar de manera reflexiva y controlar la parte instintiva y emocional, cómo puede ser hacerlo cuando  la corteza aún está inmadura.  Por todo esto, es más fácil que los niños se dejen llevar por este impulso instintivo. Por tanto, en la niñez es muy fácil aprender la conducta de “pegar” como parte de nuestro comportamiento habitual ya que es una conducta que aparece de manera instintiva. Pegar, para los niños,  es un reflejo de defensa muy primitivo.  Si tenéis hijos o niños cerca, habréis observado, que desde bien bebés, el impulso a golpear es frecuente cuando se frustran en la mayoría de ellos. Hasta que con la ayuda del desarrollo de la corteza y la educación,  pueden conocer otras formas de manejar esa frustración. Unos niños tardarán más que otros. 

El adulto tiene un papel importante en el óptimo desarrollo de la corteza del niño. De alguna manera, podemos decir que en los primeros años se convierte en su corteza, siendo quién le enseñe a regular toda esa parte instintiva. Y a lo que voy, si le pego, no estoy siendo “corteza”, estoy reforzando el actuar desde el impulso.

Bueno, y todo esto, solo para tratar de dar a entender que antes de amenazar con pegar a un niño o darle un pequeño cachete, debo ser consciente de que:

  • Para los niños, los padres somos perfectos. Lo que nosotros hagamos está bien.  Somos un modelo a imitar. Somos su guía de vida. 
  • El ejemplo es la manera más potente de profundizar un aprendizaje.
  • Los niños no entienden de intensidad. No vale ” si le doy en el pañal, no le hago daño”, “en el culo si, la cara no”. Los niños no son tan sutiles, lo que le estoy enseñando es que golpear está bien, da igual como lo haga. Los niños no tienen medida.
  • El mensaje que le hago llegar es: pegar está bien para conseguir lo que uno quiere. Pegar me da poder.
  • Cuando pego es porque he perdido el control. Es una conducta no controlada que libera rabia. Si lo que quiero es que el niño aprenda autocontrol tengo que plantearme si es la forma correcta de hacerlo.
  • El solo hecho de amenazar ya está trasmitiendo que pegar es algo lícito, planteo esa conducta como posible y válida para conseguir mis objetivos. 
  • También trasmitimos mensajes subliminales de “Te hago daño porque te quiero” “Te hago daño porque te lo mereces” no hace falta que diga lo dañino que puede ser trasmitir este mensaje para relaciones futuras.

Si no obstante, pierdo el control (como humanos que somos y costumbres heredadas de nuestros padres), y lo hago, recuerda siempre que rectificar es de sabios. Pide perdón y habla con el niño sobre que no está bien lo que has hecho y tratarás de no hacerlo más. Tenga la edad que tenga.

Recuerda que no le has pegado porque su conducta lo merezca, le has pegado por tu falta de recursos para manejar la situación y tu frustración, o bien porque en tu casa se hacía así. A día de hoy hay tanta información sobre crianza con la que nuestros padres y abuelos no contaban, que no podemos escudarnos en lo que ellos hacían. Es nuestra responsabilidad aprender, informarnos y avanzar en ofrecer una crianza con límites y respeto.

De verdad creo que está en nuestras manos cambiar el mundo.

(Pretendía escribir una entrada corta y al final se me ha ido de las manos, perdón por la extensión y gracias a los que habéis llegado hasta el final 😉 ).

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Lo que tú me enseñas, pequeño

Ya catorce meses conmigo, nueve dentro y cinco a mi lado. Probablemente aprendo y reaprendo cosas a cada segundo desde que estás aquí.

Quiero compartir algunas de las cosas que me has enseñado y sobre las que me has hecho reflexionar en este tiempo….

  • Que eres un milagro, que somos un milagro. Que si podemos formar seres tan maravillosos de la nada, todo es posible.
  • Que nos construimos de la nada, por lo que siempre podremos reconstruirnos.
  • Que necesitamos de los demás para sobrevivir (aunque no de personas concretas). No hay que tener miedo ni vergüenza de apoyarse en los demás.
  • Que el cuerpo y la mente de la mujer son increíbles. Tengan o no hijos. Tenemos una fuerza de la que no somos conscientes en absoluto.
  • Que tengo que amar, cuidar mi cuerpo, tratarle con cariño. Ya no es el mismo de antes pero ha sido capaz de crearte a ti. Le debo mucho a mi cuerpo, le debo mi vida y la tuya. Un respeto para nuestros cuerpos.
  • Lo que es el dolor. El dolor del parto es indescriptible, pero cuando el dolor lo tienes tú eso no tiene palabras. Eso es el dolor de verdad.
  • A vivir el presente. Es increíble verte vivir el presente de manera tan radical, tanto que puedes reír si te dicen algo y explotar a llorar al minuto al ser consciente de tener hambre. No hay pasado ni futuro, solo tienes presente.
  • A redescubrir el mundo, a volver a mirar los árboles desde abajo y darme cuenta de que estoy paseando bajo ellos. A mirar por primera vez y valorar todas las cosas que damos por supuesto. Ser consciente de las pequeñas cosas que hacen importante la vida.
  • A saber que puedo dormir menos de 8 horas y estar bien ;). A saber que puedo, a secas.
  • A que tenemos que pedir y protestar firmemente por lo que queremos, expresar nuestras necesidades. Perdemos esta costumbre cuando crecemos. Pedir cuando se necesita, negarse cuando no se quiere (lo haces parecer tan sencillo…).
  • A pedir abrazos y mimos. La importancia del cariño, no solo tenerlo sino demostrarlo.
  • A recordar que el ser humano desde que nace aprende por ensayo y error, que hay que insistir sin frustrarse. Si las cosas más importantes para la vida se aprenden así, es porque es un buen método, que no importa equivocarse.
  • Que existen miedos que no conocía. Que tenemos que vivir con ellos. Que es importante que estén ahí para cumplir su función (la función del miedo siempre es prevenir el daño) pero que es necesario no dejarlos ir más allá, mantenerlos al margen para poder disfrutar mejor de nuestros momentos.
  • Que la sonrisa es contagiosa. Que hace sentir bien. Que tenemos que sonreír más. Ser más agradecidos como tu agradeces cualquier mínima cosa que se te dice con tu sonrisa.
  • Me maravillo con la velocidad a la que se desarrolla tu cerebro, como se nota cada día esa evolución en cómo reconoces, como coordinas, la forma en que miras… Es impresionante, jamás en la vida volverá a explosionar de esa manera. Es mi responsabilidad que te sientas seguro física y afectivamente para que tu cerebro no tenga que preocuparse de tu supervivencia, para que pueda seguir evolucionando.
  • Que el tiempo pasa muy rápido. Que lamentarse de ello no ayuda a que sea de otra forma (solo hace que no lo aprovechemos). Que tampoco importa que el tiempo pase porque cada tiempo de nuestras vidas es especial y tiene sus peculiaridades. Que la posibilidad de de disfrutar y/o aprender se mantiene constante. Que es bonito mirar con añoranza hacia atrás (porque significa que fue bueno) pero que no podemos quedarnos anclados en eso, porque siempre están pasando cosas y si no vivimos en el presente nos las estamos perdiendo. Quiero construirte miles de buenos recuerdos, porque serán mi mayor legado para ti y para toda la gente que algún día formará parte de tu mundo. Nuestras acciones tienen repercusiones durante mucho tiempo en mucha gente, lo cual nos hace inmortales de alguna manera. Quiero que esta responsabilidad no me abrume pero me haga intentar siempre ser mejor persona. 
  • Que los bebés no necesitan estimulación sofisticada ni grandes gastos o estrategias complicadas: solo cariño, apoyo, que le hablemos, le miremos, le cantemos (aunque parezcas un grillo, adorará tu voz) y demos nuestra aprobación.  Solo hacerle caso. Solo ayudarle a sentir que existe, que importa. El desarrollo viene por sí mismo en cada uno a su tiempo (si no hay ninguna necesidad especial que requiera atención extra). Es necesario dejarles libertad de movimiento en un entorno seguro, dejarles experimentar, enseñarles mundo. Tampoco necesitamos gastarnos 100€ en un juguete por tener por ejemplo el apellido montessori. Los juguetes cuanto más sencillos mejor, harán desarrollar mejor su capacidad de atender y su creatividad. Vivimos en un mundo de niños sobreestimulados.  Nuestro tiempo, nuestro cuerpo y nuestra mente serán su mejor y más preciado juguete.

Y si tengo que hacer un resumen a tanto texto… Me has enseñado a vivir cada día de manera consciente y con significado. Y deseo devolvértelo, que no lo pierdas al crecer.

…Y esto no ha hecho más que empezar. Estoy expectante por no perderme nada de lo que los niños vienen a enseñarnos.

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Dar y Recibir

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Imagen de Mama Ghanush

Mientras escribo desde mi cama, con mi pequeño al lado y me muero de amor mirando su carita… tengo que confesarlo, aunque suene impopular: soy una persona completa y feliz ahora que soy madre y… también era una persona completa y feliz antes de serlo. Y, además, creo que es importante que así sea.

Es importante no poner en nuestros hijos la responsabilidad de completarnos (ni directa ni indirectamente). Son ellos los que nos necesitan a nosotros, somos nosotros como padres lo que tenemos que dar, y para poder dar es importante cuidarse.

No es infrecuente ver en la consulta adultos que siguen cargando con el peso de la responsabilidad sobre el bienestar de sus padres, y es que lo que aprendemos de niños queda grabado en el alma. No es difícil ver cómo los adultos que no se trabajan esto y lo hacen consciente, además de sufrir, a su vez sin querer lo transmiten a sus propios niños.

Tratemos de sostenerlos y no de ser sostenidos por ellos.  Querámosles de manera incondicional sin exigirles lo mismo (en el fondo ya lo hacen se comporten como se comporten).

Cuidemos el lenguaje “si lo haces no te quiero, si lo haces no me quieres, me vas a quitar la vida, te voy a abandonar, con todo lo que hago por ti..” tanto el que les decimos como el que nos decimos a nosotros mismos.

Demos sin hacerles sentir en deuda. Los padres dan, los hijos reciben. Cuando damos la vuelta a esta situación aparecen problemas que pueden arrastrarse durante generaciones.

No han nacido para cumplir nuestras expectativas ni rellenar nuestros vacíos.

Demos amor incondicional, demos sustento físico y psicológico, demos guías, límites y demos alas. Y solo dando, sin querer ni pedir recibiremos.

Y mientras tanto sigo mirando la carita de mi niño tranquila, relajada. Confío y deseo en que siempre (o la mayoría de las veces) pueda sentir de mí que soy un soporte, que puede confiar y sentirse así de tranquilo a mi lado y que puede separarse cuando lo necesite sin hacerme daño.

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(Imágenes tomadas de la autora Senzhana Soohs. Instagram: Vskafandre)

 

El cuento de la mariposa: reflexiones sobre autonomía

Os comparto este precioso cuento de Jorge Bucay para reflexionar.

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“Mi mamá era hija de una pareja de campesinos de Entre Ríos.

Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos contó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego del horno vio un capullo de gusano colgando de un tallo quebrado.

Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevarla a la casa y adoptarla a su cuidado. Al llegar, la puso bajo una lámpara para que diera calor y la arrimó a una ventana para que el aire no le faltara.

Durante las siguientes horas mi madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento. Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente, la jovencita vio cómo el capullo se rasgaba y una patita pequeña y velluda asomaba desde dentro.

Todo era mágico y mi mamá nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro.

Pero, de repente, el milagro pareció volverse tragedia.

La pequeña mariposa parecía no tener fuerza suficiente para romper el tejido de su cápsula. Por más que hacia fuerza no conseguía salir por la pequeña perforación de su casita efímera.

Mi madre no podía quedarse sin hacer nada. Corrió hasta el cuarto de las herramientas y regresó con un par de pinzas delicadas y una tijera larga, fina y afilada que mi abuela usaba en el bordado.

Con mucho cuidado de no tocar al insecto, fue cortando una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel y caminó a los tumbos hacia la luz de la ventana.

Cuenta mi madre que, llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la recién llegada, en su vuelo inaugural.

Sin embargo, la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando la punta de las pinzas la rozó suavemente.

Pensó que estaba asustada por su presencia y la dejó junto a la ventana abierta, segura de que no la encontraría al regresar.

Después de jugar toda la tarde, mi madre volvió a su cuarto y encontró junto a la ventana a su mariposa inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo, las patitas tiesas hacia el techo.

Mi mamá siempre nos contaba con qué angustia fue a llevar el insecto a su padre, a contarle todo lo sucedido y a preguntarle qué más debía haber hecho para ayudarla mejor.

Mi abuelo, que parece que era uno de esos sabios casi analfabetos que andan por el mundo, le acarició la cabeza y le dijo que no había nada más que debiera haber hecho, que en realidad la buena ayuda hubiera sido hacer menos y no más.

Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, explicó mi abuelo, el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su caparazón nunca pudo expandir sus alas, porque mi mamá no la había dejado luchar por su vida.

Mi mamá siempre nos decía que muchas veces le hubiese gustado aliviarnos el camino, pero recordaba a su mariposa y prefería dejarnos inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón.”

Pienso que es un cuento que por si mismo no precisa de mucha explicación, pero si me gustaría matizar algunas cosas cuando hablamos de la tan importante autonomía de nuestros pequeños. No se trata de dejar a nuestros niños solos. Se trata de no hacer por ellos lo que podemos enseñarles a hacer por si mismos: aunque se equivoquen, aunque sean más lentos, aunque nos surja la necesidad de darles soluciones inmediatas ante sus problemas… Siempre acompañándoles en sus equivocaciones, en sus reflexiones, enseñándoles también que pueden pedir ayuda y que estaremos ahí si lo necesitan.

Perseguir la autonomía del niño como fin en su desarrollo no es perseguir que haga las cosas siempre solo  y siempre como primera opción, sino que logre distinguir aquellas situaciones que puede resolver de aquellas en las que necesita ayuda, y que se sienta capaz de pedirla. Enseñar a un niño a pedir ayuda es enseñarle a ser autónomo también, ya que como seres sociales que somos el no saber pedir ayuda en determinadas situaciones puede cargarnos de mucho sufrimiento. Pedir ayuda es bueno y nos podemos encontrar en situaciones serias en las que el niño que no sepa pedirla o lo conciba como debilidad y sufra en silencio. 

Queremos niños y personas autónomas… que sepan diferenciar las situaciones en las que necesitan ayuda y no teman pedirla cuando así sea. Y recordar que en algunas ocasiones, uno también disfruta de ser ayudado simplemente por el gozo de compartir con el otro o en momentos de mayor estrés o vulnerabilidad.

Quizás una pauta por la que dejarnos guiar a la hora de ayudar o no al niño, es que  no nos dejemos llevar por nuestra impaciencia o por el temor a que se equivoquen. Esperar, animar, acompañarles, preguntar si precisan ayuda antes de de invadirles y hacer las cosas por ellos, darles ayudas parciales en las que ellos puedan colaborar, buscar ocasiones en las que pedirles ayuda nosotros a ellos, preguntando como creen que pueden resolver una situación en lugar de darles la respuesta inmediata, analizando conjuntamente las equivocaciones, no hacer las cosas por ellos sino con ellos…

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Autoestima infantil: 15 recomendaciones

 

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Vamos a comenzar el año con algunas recomendaciones para fomentar la autoestima de los peques:

  • Estar presentes, tenerle en cuenta. Dedícales tiempo exclusivo, escúchales con atención cuando te hablen, mirándoles, dando muestras de que escuchas y te interesas.
  • Dales responsabilidades, fomenta su autonomía. Hay muchos aspectos de la vida cotidiana de un niño en que se le puede ofrecer autonomía. Por ejemplo, en sus hábitos diarios de higiene, alimentación, sus obligaciones, en la gestión de su tiempo de ocio… Déjales tomar pequeñas decisiones y elegir entre diferentes opciones acordes a su edad.
  • Facilita situaciones donde pueda relacionarse con diferentes niños.
  • Establece límites y sé consistente con ellos. Los límites dan seguridad, marcan el camino y los niños los necesitan.
  • No compares. Ni de forma negativa ni positiva. Le quieres y valoras por ser él mismo, no por ser mejor ni peor que otros.
  • No le etiquetes. Las etiquetas ( “el listo”, “el vergonzoso”, “el revoltoso”…) tanto en positivo como en negativo son perjudiciales. Una etiqueta en positivo puede generar ansiedad en el niño intentando cumplir siempre con tus expectativas y sintiéndose muy mal cuando no lo consigue.
  • Cuando tenga un mal comportamiento juzga las conductas y no al niño, no es lo mismo decir “que malo eres” que “está mal que empujes a ese niño”.
  • Déjale probar, explorar cosas nuevas, equivocarse. No le des las soluciones de manera inmediata, deja que lo intente y si fracasa normalízalo y hablad de qué podíamos haber hecho de manera diferente. Reconozcamos nuestros propios errores.
  • Sé lo más específico posible a la hora de hacer halagos, es preferible decir “Me gusta mucho como has recogido todos tus juguetes” que “te has portado bien”. Es importante que el niño sepa exactamente qué es lo que te ha gustado y además son halagos más creíbles. No exageres.
  • Valora sobretodo el esfuerzo, no te limites a premiar el logro.
  • No le sobreprotejas. Mostrar excesivamente nuestro miedo a separarnos, a que intenten cosas nuevas… le puede trasmitir inseguridad.
  • No le critiques delante de otros, aunque parezca que no escucha.
  • Valida sus emociones.
  • Si tienes más hijos, intenta buscar, de vez en cuando un espacio individual a uno.
  • Y sobre todo, fomenta tu propia autoestima y autocuidado pues eres el mejor ejemplo que puede seguir.

Inteligencias múltiples

La concepción de la inteligencia únicamente como la capacidad académica/intelectual, hace tiempo que va perdiendo fuerza entre los profesionales de la salud mental y la educación (entre los que intentan estar actualizados, claro).

En lo últimos años se ha demostrado que la capacidad intelectual no equivale a tener éxito en la vida, a establecer y conseguir las metas deseadas  o a ser más feliz.

Sin embargo, entre la mayoría de las familias y en la sociedad en general, sigue siendo el tipo de inteligencia más valorada y en muchos casos la única. Esto nos lleva a centrarnos en su fomento dejando de lado otras inteligencias y perdiendo muchas oportunidades de que los niños se desarrollen en todo su potencial, por no hablar del efecto en el autoestima de los niños que destacan en otros tipos de inteligencia que no son tenidos en cuenta.

Os presento un vídeo sencillo para comprender los nuevos modelos de inteligencia más adaptados a la diversidad del mundo real en el que vivimos.

“Mamá y Papá” ahora son “Mamá o Papá”: Separación

Existe mucha información en Internet y en la bibliografía acerca de cómo manejar la situación de divorcio cuando tenemos nenes en común a quienes vamos a cambiarles la vida (¡Aclaración!:  Si las cosas se hacen bien, siempre será un cambio para mejor, que no hay nada peor para un peque que convivir con sus dos padres cuando estos ya no funcionan como pareja o cuando el único  motivo de la unión, y por tanto toda la responsabilidad, es el niño).

En esta página (Divorcio con hijos) podemos encontrar buena información acerca de cómo comunicarles el divorcio según su edad  y en esta otra (cuentos) podemos encontrar algunos cuentos que nos pueden ayudar a hacerlo.

Comunicar el divorcio a los niños es difícil, pero el aprender a mantener una relación sana con el niño (porque la relación con nuestro hijo también cambia) y con su otro progenitor después de la separación, lo es muchísimo más. El objetivo de mi entrada no es más que la de escribir acerca de algunas recomendaciones sobre aspectos que observo que muchas veces aparecen en la situación de divorcio, y que suelen afectar mucho a los hijos.  Aunque a veces puedan parecer simples o de sentido común, no son fáciles de cambiar y la mayoría de las veces uno no es consciente de ellos cuando está inmerso en una situación tan complicada como es la de una separación. Muchas veces nos equivocamos cuando lo que realmente buscamos es lo mejor para nuestros niños.

Hay un par de cosas que tenemos que tener presente siempre:

  • Los niños se desviven por hacer felices a sus padres (a los dos) y necesitan tener una buena imagen de ellos.

  • Los niños necesitan sentirse seguros, y que su cuidado esté siempre garantizado

Por tanto, todo aquello que amenace estas dos premisas será muy difícil de llevar para el niño.

Algunas de las recomendaciones que propongo para mantener las dos premisas anteriores son:

  • EVITEMOS criticar al otro progenitor delante del niño (¡ni si quiera cuando pensamos que no nos oye!), y si podemos hablar bien de él mejor que mejor. Por muy desastre que sea la otra persona seguro que podemos encontrar cosas buenas que alabar. Si hay algo que no nos gusta de lo que el otro progenitor hace, tratemos de hablarlo con él en privado, pero nunca le llevemos la contraria delante del niño.
  • EVITEMOS la sobreprotección. Es cierto que deberemos ser más compresivos con algunas cosas y apoyar al niño, sobretodo durante el primer año de adaptación al cambio, pero es necesario seguir manteniendo los límites y las normas que tenía previamente. Los límites dan seguridad. No ayudamos dejándole de pronto hacer lo que quiera.
  • RUTINAS. Todos los niños, y más cuanto más pequeños son, necesitan tener rutinas claras y una vida organizada. Es cierto que en esta situación es más difícil de cumplir, pero siempre hay que intentar buscar la forma de conseguirlo en la medida de lo posible. Es importante que los niños sepan que ocurrirá, con quien estarán y que los cambios sean los menos posibles (siendo flexibles en ocasiones especiales). Cuando los cambios sean inevitables será importante informarles de ello lo antes posible.
  • “TE ECHO TANTO DE MENOS…”. Otra cuestión, que suele surgir de manera natural y que en principio no parece dañina, es la de hacer mucho hincapié en la tristeza que nos da despedirnos cuando se va con el otro progenitor y lo felices que estamos cuando estamos con él. Debemos tener cuidado con la efusividad de estas expresiones, porque como ya hemos dicho, los niños quieren que seamos felices. Si nos ponemos tristes cuando se va, se sentirá dividido y quizás culpable, sin poder disfrutar plenamente de cada progenitor el tiempo que le corresponde al saber que el otro sufre si no está con él. Él tiene que saber que le queremos muchísimo pero que también estamos contentos de que pueda disfrutar del otro progenitor, sin hacer dramas de las despedidas.
  • Por supuesto no debemos utilizar al niño como MENSAJERO O ESPÍA de su padre/madre.
  • En la medida de lo posible se aconseja, sobre todo en los niños pequeños, que durante la transición de hogar ambos padres dediquen un ESPACIO COMÚN (aunque sea corto) para intercambiar información del niño y transmitir la sensación de complicidad e interés por su futuro.
  • Es importante mantener al niño AL MARGEN DE PROBLEMAS de custodia, de la relación y económicos.
  • Estamos hablando de una situación muy dura para los padres por lo que no debemos dejar de lado el AUTOCUIDADO personal.
  • Y siempre RECORDAR: Que no es una competición, que los dos le queréis más que a nada y queréis lo mejor para él.
  • Si la otra persona no colabora y no cumple con pautas de crianza que consideramos necesarias… recordar siempre el primer punto y manteneros firme con vuestra labor, haciendo bien vuestra parte para que el niño pueda mantener ese pilar de seguridad.

Por último, decir que es muy importante reflexionar y autoobservar lo que hacemos y decimos porque muchas veces caemos en todas estas trampas sin ni si quiera ser conscientes de ello.