Archivos Mensuales: noviembre 2013

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Autismo para principiantes


Me gustaría realizar una entrada muy breve y sencilla para que las personas que no conocen esta condición, o la conocen sólo de oídas, puedan realizar un acercamiento. El autismo no es un mundo aparte, forma parte de nuestro mundo, y como parte de nuestro mundo debemos conocerlo.

El objetivo es que todos tengamos algunas nociones a cerca de lo que nos estamos refiriendo cuando hablamos de autismo, porque la comprensión es el primer paso para perder el miedo a lo diferente, acercarnos, conocerlo e integrarlo.

¿Qué es?

El autismo es una alteración severa del desarrollo que aparece antes de los 3 años, aunque en casos con menor afectación puede detectarse más tarde.  Se manifiesta en importantes dificultades tanto en la comunicación, como en la manera de relacionarse y en la conducta.

Los síntomas más característicos se recogen en el siguiente vídeo o en este álbum de facebook:

Para ser más correctos, el autismo engloba una variedad amplia de trastornos cuyo conjunto llamamos Trastornos del Espectro Autista y que varían en grado de afectación y en algunas particularidades concretas. Puedes hacer click es este enlace si quieres conocerlos: Trastornos del Espectro Autista

Actualmente se desconocen las causas del autismo, aunque la mayoría de los expertos están de acuerdo en que son de origen biológico.

El autismo no se “cura”. A día de hoy, una persona con autismo lo será toda su vida. Aún así, es muy importante detectarlo a tiempo e iniciar el tratamiento cuanto antes para una mejor evolución, fomentando todo el potencial de desarrollo del niño. Los tratamientos más eficaces en estos momentos son los tratamientos psicoeducativos y psicológicos, cuyo objetivo tendrá que ver con mejorar la calidad de vida del niño. Engloban principalmente las áreas social, conductual, cognitiva y de comunicación. En algunos casos es necesario un tratamiento farmacológico para manejar algunos síntomas concretos que nos impidan progresar en el tratamiento psicoeducativo.

No pretendo extenderme demasiado porque el objetivo no es conocer a fondo la condición si no dar una pincelada para aquellos que la desconocen. Desde mi punto de vista, lo que es realmente importante entender, es que las personas con autismo no son sólo un conjunto de síntomas. Al igual que todos, cada uno tiene su personalidad, sus preferencias, sus puntos fuertes, sus puntos débiles… y es necesario conocerles y acercarse a ellos como seres únicos.

Pero yo creo que no se puede llegar a una buena comprensión de lo qué es el autismo ni que significa, hasta que no se escucha de la boca de las familias que conviven con él. Familias especiales para niños especiales. Familias con una dedicación, paciencia y constancia que uno ni se puede imaginar que tenga hasta que no le toca convivir con ello. Es por eso que os dejo el siguiente enlace donde  poder leer de primera mano las experiencias de algunas de estas familias. Será entonces, cuando realmente emocionalmente os llegue y comprendáis a qué nos estamos intentando referir: Cuéntame el autismo

Por último, algunas páginas que me parecen de interés para quien necesite o desee profundizar en el tema son:

  • Este es el blog de la mamá de Erik, un niño diagnosticado de autismo. Es impresionante la cantidad de material que podemos encontrar en él sobre el autismo y como estimular al niño en las diferentes áreas:

El sonido de la hierba al crecer

  • La labor de las asociaciones es muy importante y sería recomendable que contactarais con la más cercana a vuestro domicilio en caso de precisar asesoramiento. Podéis buscarla en el siguiente enlace:

Asociaciones

  • Añado las páginas de la Federación Autismo Madrid y la Asociación de Padres de Autistas de Toledo donde podremos informarnos a cerca del autismo y los recursos disponibles en estas áreas.

Autismo Toledo  y Autismo Madrid

  • Para terminar, el portal ARASAAC ofrece recursos gráficos y materiales para facilitar la comunicación de aquellas personas con algún tipo de dificultad en este área. Este proyecto ha sido financiado por el Departamento de Industria e Innovación del Gobierno de Aragón y forma parte del Plan de Actuaciones del Centro Aragonés de Tecnologías para la Educación (CATEDU), centro dependiente del Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón

ARASAAC

 

Rivalidad entre hermanos

La rivalidad entre hermanos es tan natural como la vida misma. Será más o menos intensa dependiendo de la interacción de diferentes variables como  las diferencias de edad, el número de hermanos, la personalidad de cada niño, la experiencia, el manejo de los padres… pero de alguna u otra forma, más explícita o más encubierta, nos la vamos a encontrar. ¿Por qué? Porque todos los niños desean tener el amor exclusivo de sus padres. Los padres son los seres más importantes de la vida de un niño, y tener un hermano inevitablemente conllevará menos atención por parte de éstos.

La relación con nuestros hermanos provoca sentimientos muy intensos tanto positivos como negativos y puede tener repercusiones importantes en nuestra forma de ser y de relacionarnos. Aunque es verdad que una relación conflictiva puede llegar a hacer mucho daño a alguno de los niños y que sin duda provoca gran malestar en los padres, la rivalidad también cumple funciones importantes: les ayuda a desarrollar habilidades de afrontamiento, a resolver conflictos en entornos seguros, aprenden a defenderse, a luchar por lo que quieren, a compartir, a comprometerse e incluso a desarrollar las ganas por superarse.

La tarea de los padres no es tratar de pretender que no exista la rivalidad ni que los hermanos sean amigos, sino de trasmitir a cada niño que se puede sentir seguro, que es especial y además, ayudar a descubrir las recompensas de compartir y cooperar para que algún día, esos hermanos se vean como figuras de ayuda y bienestar. Será importante tratar de enseñarles valores y habilidades para manejarse ante los inevitables conflictos.

Algunas recomendaciones a tener en cuenta:

  • Reconoce los sentimientos negativos entre los hermanos. Cuanto más intentemos evitarlos “tienes que querer a tu hermano” “No digas eso”, más aparecerán. Todos necesitamos poder expresar nuestros sentimientos negativos, los niños también. Ojo, permitir sentimientos no es permitir actos, debemos enseñarles a expresar su enfado sin dañarse. Cuando un hermano viene quejándose del otro o se enfada con él, tratemos de ponerle palabras a sus sentimientos “no te gusta que…” “te molesta…” “esto te enfada…” y de expresar sus posibles deseos “te gustaría que…”. Muchas veces, únicamente con eso, el niño se siente comprendido y su angustia disminuye. Otra posibilidad es la de ayudar a demostrar el enfado de formas creativas: con un muñeco, dibujando, escribiendo…
  • Siempre tendremos que impedir la agresión física, separarles y pedirles que expresen su enfado y lo que desean con palabras. Es importante dejar claro, que en vuestra familia nadie pega.
  • Fomenta la empatía,  no sólo con el hermano

Empatía

  • No compares. Ni para bien ni para mal. Las comparaciones intensifican más la rivalidad. Es necesario valorar a cada niño de forma individual y si hay que compararlo, hacerlo sólo consigo mismo. Describe lo que ves, lo que te gusta, lo que te disgusta, lo que tiene que hacerse… pero sin mencionar al otro hermano.
  • No repetirles constantemente que “como son hermanos se deben llevar bien” , “deben jugar juntos” cuando les vemos en dificultades para hacerlo. Es preferible reconocer que hoy no están para jugar bien juntos y que es mejor que se separen.
  • No trates a los niños por igual. Cada uno tiene un trato único. Es importante mostrarles que a cada uno los quieres de forma especial, que cada uno tiene sus cualidades y darles según sus necesidades individuales como seres únicos.
  • Asigna responsabilidades a cada niño adecuadas a su edad.
  • No les  encasilles ni permitas que se encasillen “siempre le estás fastidiando” “eres un envidioso”. Las etiquetas (“el responsable”, “el inquieto”, “el inteligente”…) tanto positivas como negativas suponen una gran carga para los niños. Muchos niños que vienen a consulta (y muchos adultos también) sufren grandes problemas de ansiedad al tratar de mantener las etiquetas positivas con las que cargan y sentir que están defraudando si no las cumplen. Señala los comportamientos que te gustan y los que no, pero en la medida que puedas, no lo atribuyas al cumplimiento de un rol dentro de la familia.
  • Fomenta la cooperación: elogiando cuando consiguen realizar alguna tarea juntos, propiciando actividades en familia, haciéndolos partícipes de los proyectos familiares… Y a la vez respeta su individualidad, no tenemos que apuntarles a las mismas cosas ni obligarles a realizar las mismas actividades si tienen gustos diferentes. Es necesario mantener un equilibrio entre el tiempo que compartimos en familia y el espacio personal de cada niño. Cada niño necesita un tiempo a solas con su progenitor de vez en cuando, un tiempo en el que no se hable del otro hermano. Tampoco podemos obligarles a pasar mucho tiempo juntos si no tienen buena relación. Los hermanos no se eligen, y no tienen porqué ser amigos ni tener caracteres compatibles. Buscaremos actividades que compartir sin abusar de ellas. Es preferible que pasen poco tiempo juntos y separarlos antes de que comience el conflicto, poquito a poco podremos ir aumentando este tiempo si la relación va mejorando.
  • Cuando ellos estén presentes, evita hablar con otras personas de sus desacuerdos y haz hincapié en sus momentos buenos juntos.
  • Los hermanos no tienen por qué compartirlo todo. Habrá cosas que sean de ambos, y en otras cosas cada niño tendrá derecho de decidir cuales presta y cuales no.
  • Ayúdales a manejar los conflictos: Lo primero de todo es importante ser conscientes de cómo nosotros manejamos nuestros propios conflictos con nuestra pareja, con nuestros hijos y con el entorno en general… delante de los niños. El ejemplo siempre será lo que tenga más fuerza.

Ante las peleas cotidianas sin importancia, aunque nos sea difícil, la mejor opción es la          de tratar de mantenerse al margen, confiando en que sean ellos los que solventen el              problema por sí mismos. Si la pelea va en aumento y pensamos que se hace necesaria          nuestra intervención, una posible manera de actuar sería la siguiente:

1. Reconoce el enfado entre ellos “me parece que estáis enfadados”.

2. Escucha las diferentes opiniones y verbalízalas para que vean que has comprendido por un lado, y para que ellos mismos escuchen sus motivos de boca de otro.

3. Describe un resumen del problema “Vaya, parece que aquí hay dos niños que quieren jugar con el camión”

4. Reconoce la dificultad para resolver el problema

5. Expresa convencimiento en que ellos serán capaces de encontrar una solución que sea justa para los dos. Si pensamos que puede ser difícil podemos hacerles un par de sugerencias pero siempre dejando la decisión en sus manos.

6. Márchate y espera

Si no funciona, si hay abuso, si interfiere demasiado en la vida doméstica o si se repite con mucha frecuencia tendremos que optar por tomar una decisión nosotros dejando después un espacio para poder hablar de ello y consensuar unas normas que seguir ante problemas parecidos.

Cuando las dos partes están satisfechas, aunque no nos parezca justo, sería recomendable no intervenir.

En el caso de las peleas que son peligrosas y los niños llegan a las manos  es necesario pararlo de inmediato:

  1. Describe lo que ves, para que se hagan más consciente de lo que está ocurriendo
  2. Deja claro los límites
  3. Si no pueden resolver calmadamente lo que ha sucedido, sepáralos. A ser posible sin que ninguno se quede en la zona del conflicto. Si finalmente tenemos que castigar, es preferible que sea una consecuencia natural de su comportamiento “si no os ponéis de acuerdo en el programa que queréis ver, apagamos a tele”.

Y para terminar, un apunte más, cuando es uno de los niños el que pega al otro, muchas veces la tendencia es a prestar atención al agresor, regañándolo. Una buena opción es dirigir esa atención a la parte agredida “vaya, ¿Te duele? Deja que lo vea. Tu hermano tiene que aprender a pedir las cosas con palabras aunque esté enfadado”. No olvidemos que nuestra atención es un poderoso reforzador para bien o para mal

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BIBLIOGRAFÍA:

Hermanos, no rivales (2011). Adele Faber y Elaine Mazlish Ed: Medici

Ilustración sobre empatía tomada de Escuela de Superpadres

LAS RABIETAS (II): recomendaciones para prevenirlas

Además de la actuación durante las rabietas como vimos en la entrada anterior, también tenemos que tener en cuenta algunas recomendaciones para tratar de evitar algunas de ellas:

  • No decirle a todo que no por sistema, sino cuando sea imprescindible por educación, por seguridad o porque realmente no sea el momento. Los niños necesitan límites, pero límites con sentido. El niño necesita manifestar su independencia pero para ello tiene que enfrentarse a las personas que más quiere. Es algo muy duro para él. Es importante que pueda tomar algunas decisiones, que pueda oponerse y que sus padres lo apoyen en esto. Cedamos ante las cosas que no sean importantes (que se ponga una camiseta que no le hace juego con los pantalones, por ejemplo). Ante esto será necesario meditar bien en qué cosas cederé y en qué cosas no. Si le voy a decir que sí a algo, que sea desde el principio. Si digo que no, tengo que mantener la respuesta. Es necesario importante mantener esta coherencia y  tener unas normas claras.
  • Ante una negativa u oposición, antes de forzarle, intentar:

1º. Reconocer sus sentimientos “vaya, parece que hoy no te apetece nada ducharte”

2º. Educarle en cómo deberían ser las cosas o qué se espera de él “Todas las personas tenemos que ducharnos y estar limpios. Hemos hecho muchas cosas hoy y ahora estamos sucios. No me gustaría que mañana fueras sucio al cole y todos pensaran que no te cuidamos bien o que no sabes limpiarte”

3º. Darle capacidad de elección.  “¿Cómo crees que podemos solucionarlo? ¿Hay algo que podemos hacer para que sea más fácil ir a la ducha hoy?”

4º Si continua la negativa, mostrar nuestra disconformidad “me disgusta que no te duches. En esta casa, nos gusta que todos estemos limpios” y volver a replantear las mismas u otras alternativas.

  • Da las órdenes de manera clara, corta, sencilla, de una en una. Ponte a su altura y  busca el contacto ocular. Emplea un tono alegre al dar esas instrucciones, para que suene más como una invitación que como una imposición
  • Mantén una actitud firme y segura.
  • Mostrar coordinación entre ambos padres. Es preferible que mostréis que estáis de acuerdo delante del niño, aunque sintáis que el comportamiento de un progenitor está siendo injusto. Podéis hablarlo más tarde sin el niño delante.
  • Nunca le amenacemos con dejarle de querer o abandonarle. Un niño tiene que sentir que lo querremos siempre, haga lo que haga. Si demostramos esto y somos respetuosos con ellos, a la larga las rabietas siempre serán más suaves. Su angustia será menor.
  • Retira la atención de conductas no deseadas y ponla en las deseadas. Debemos recordar que es mucho más importante aplaudir al niños sus comportamientos positivos que reprocharle los negativos (muchas veces nos olvidamos de ello al pensar que “tiene que ser así”).
  • Aunque es preferible extinguir las conductas indeseadas y reforzar las conductas deseadas, si amenazo con algún castigo, tengo que cumplirlo.
  • Si sabemos que algo puede desencadenar una rabieta, intentemos evitarlo (no voy a pasar por el parque si sé que es muy tarde para quedarnos, no voy a dejar a la vista cosas que se le puedan antojar…)
  • Prevenir situaciones como el hambre o el sueño o no tratar de realizar actividades que puedan cansarle cuando se encuentra en ese estado.
  • No abuses del tiempo que pasas en lugares donde el niño se tiene que comportar (por ejemplo el supermercado).
  • Trata, aprovechando cualquier oportunidad, de poner palabras a las emociones del niño. Hablar en voz alta lo que el niño puede estar sintiendo en determinados momentos lo ayudará a hacerse más consciente de sus emociones. Aprovecha las oportunidades diarias para hablar sobre emociones en general, y en particular para contarle que es estar enfado y como uno no siempre consigue lo quiere (por ejemplo cuando aparecen situaciones en otros niños, cuentos, dibujos animados…)
  • Establece límites y rutinas claras
  • No entres con el niño en discusiones sobre quien manda o como deben ser las cosas
  • Si el niño tiene mucha energía y es muy movido, intenta emplearla en cosas positivas (juego, deportes, aire libre, ayudar a mamá en casa…)
  • Si se va a cambiar de actividad es mejor hacérselo saber con tiempo para que vaya asimilándolo. Por ejemplo si se va a cenar y está jugando, avisarle unos minutos antes para que vaya recogiendo.

Y lo más importante:

  • Sé un modelo para ellos. Es importante poder manejar bien la frustración delante de ellos y no perder los nervios cuando no conseguimos lo que queremos. Los niños son unos perfectos imitadores. Si ven a sus padres gritar y discutir, tenderán a utilizar estas fórmulas cuando se enfaden.

Ante todo, será muy importante desarrollar la paciencia y saber que es una etapa pasajera que, aunque no es fácil, manejada con naturalidad no conllevará a mayores problemas. Poco a poco el niño encontrará sus fórmulas para regularse.

Para concluir, podemos considerar que las rabietas son anormales y precisan de ayuda de un especialista:

–       Si no disminuyen una vez superados los 4-5 años.

–       Si el niño causa lesiones o se autolesiona durante un berrinche.

–       Si se aguanta la respiración o se producen desmayos.

–       Si el niño se niega a comer o a dormir de forma reiterada.

–       Si éstas van acompañadas de otros síntomas como pesadillas, terrores nocturnos, involución en el control de los esfínteres, dolor de estómago, ansiedad, o incluso gran dificultad para separarse de los padres.

–       Si suponen un gran deterioro de la vida social, familiar o escolar del niño

LAS RABIETAS (I): el camino hacia la autonomía y el autocontrol

En el desarrollo evolutivo normal de todos los niños aparece una etapa (entre aproximadamente los dos y los cuatro años de edad) que resulta especialmente agotadora para los cuidadores y que puede variar en intensidad en cada niño. Hablamos de la etapa de “las rabietas”.

En las próximas dos entradas pretendo repasar brevemente tanto el significado de estas rabietas como algunas pautas que podemos tener en cuenta para prevenirlas y/o ayudar a los niños a sobrellevarlas. Aunque no existen fórmulas milagrosas y al final la paciencia siempre va a ser el ingrediente secreto,  si hay propuestas que podemos tener en cuenta para pasar por esta fase de la forma menos traumática posible para todos.

Comprendiendo las rabietas…

Durante los primeros meses de vida, el niño apenas se diferencia de sus cuidadores principales. Por supervivencia es necesario que esto sea así, ya que el ser humano es el ser vivo que tiene mayor dependencia y vulnerabilidad al nacer, y en el que además éstas se mantienen por más tiempo.  Será poco a poco cuando veremos como el bebé va adquiriendo conciencia de sí mismo. Cuando el niño comienza a desplazarse y por tanto a ganar más autonomía, irá manifestándose su necesidad de mostrarse diferente, de diferenciarse de sus padres y el entorno, apareciendo la conocida etapa del “no” y la necesidad de empezar a tomar pequeñas decisiones. Sin embargo, tropiezan también con el inamovible hecho de que uno no puede hacer siempre lo que desea… y es aquí cuando aparece el conflicto. En este momento, el niño es aún muy pequeño para manejar y comprender sus emociones, por lo que la forma más natural de que aparezca esta frustración suele ser a través de las rabietas (¡si en los adultos ya es difícil manejar la frustración intenta ponerte en el lugar de un niño pequeño!). Cada rabieta será una oportunidad para enseñar al niño a autorregularse.

No debemos perder de vista que es una etapa necesaria y positiva dentro del desarrollo del niño y es importante que intentemos verla como tal,  centrándonos en los aspectos positivos de nuestro hijo sin que esos momentos inunden toda nuestra relación con él ni le pongamos etiquetas: “es un cabezón” “es insoportable” “siempre tiene que ser lo que él quiera”. Entender esto es ya un paso importante a la hora de manejar las rabietas, ya que la actitud y el sentimiento que nos generan y trasmitimos al niño serán diferentes.

En esta etapa, será necesario mantener un equilibrio entre respetar su autonomía, dejándolo tomar pequeñas decisiones, y no consentir y acceder a todas sus exigencias.

Voy a dividir la información que me gustaría trasmitir en dos entradas. En esta, veremos cómo podemos actuar ante una rabieta que ya se ha desencadenado. En la próxima, veremos algunas sugerencias a tener en cuenta para evitarlas en la medida de lo posible (¡no es posible evitarlas por completo porque son necesarias!).

He de decir, que existen varias posturas entre los profesionales a la hora de manejar las rabietas, y luego además, cada padre encuentra sus propios “trucos”. Yo voy a exponer la que considero más eficaz teniendo en cuenta el respeto por el niño y la crianza afectuosa. Después cada padre puede adaptarlas a su forma de crianza y a la forma de relación que tienen con sus niños. No siempre obtendremos los resultados que queremos (¡nos encontramos de nuevo con el hecho inamovible de que uno no consigue siempre lo que quiere!) pero lo importante será ser consistentes en la manera de aplicarlo… aunque se den muchas ocasiones en las que los nervios nos traicionen (los padres no son perfectos y nadie necesita que lo sean).

Ahora veamos algunas de las cosas que podríamos hacer ante una rabieta…

    • Lo primero de todo mantener la calma y el control. No gritarle ni zarandearle. Trata de respirar hondo y recuerda que no lo hace para fastidiarte, es la única forma que encuentra de expresar su frustración y malestar. Si para los padres es difícil no perder el control, imaginemos lo complicado que resulta para el niño. Es importante mostrar con el ejemplo el propio autocontrol, manteniendo una actitud firme y segura. Es recomendable que nos entrenemos en conseguirlo, puesto que será un paso fundamental.
    • Una vez comenzada la rabieta, es importante mantener nuestra postura y no ceder ante sus exigencias una vez que ya le hemos dicho que no, ya que si cedemos puede aprender que esa es la forma en la que puede conseguir las cosas, y después será mucho más difícil que desaparezcan. Cuanto más larga sea la rabieta, más importante será no ceder.
    • Al inicio, podemos intentar distraerlo con otra cosa, si esto no es posible y ya está inmerso en la rabieta:

# No le toques si no quiere, pero si el niño se deja, abrázalo suavemente para ayudar a la autorregulación. Si repele el contacto físico y te retira es mejor dejarlo tranquilo.

# Una vez que está muy enfadado no sirve intentar razonar (al igual que con los adultos), no le des discursos ni largas explicaciones cuando está emocionalmente desbordado.

# Es mejor hablarle con palabras simples, ponerle nombre a sus sentimientos y aplazar la conversación “estas enfadado, cuando se te pase ven y te doy un abrazo”, “estás enfadado, cuando estés calmado hablamos”. Es mejor un mensaje simple, y repetírselo de la misma manera de vez en cuando que tratar de convencerlo para que se calme o lo entienda.

# Si el niño continua sin responder, la mejor opción es mostrar indiferencia y dejar que se desahogue, aplicando extinción (retirada de atención): no le digo nada ni le miro, no intento razonar, sin enfados promesas o amenazas. Lo dejo que se calme solo, pero siempre permaneciendo en el mismo lugar que él, sin perderle de vista, a no ser que sintamos que estamos perdiendo el control sobre nosotros mismos y necesitemos salir un momento a tomar aire, aun así asegurarnos que sepa que vamos a volver. Algunos psicólogos infantiles recomiendan dejarlo solo. Desde mi punto de vista, el mensaje que se le debe trasmitir a un niño tan pequeño es que así no va a conseguir lo que quiere, pero que nosotros siempre vamos a estar ahí.

Además de esto:

    • Si está molestando en un lugar publico, te incomoda mucho y no puedes continuar con lo que estás haciendo, podemos llevarlo hasta un sitio más apartado hasta que se le pase, sin violencia ni decirle nada. Lo retiro junto a mí a un lugar más apartado. No te avergüences del comportamiento de tu hijo ante una rabieta, vívelo con normalidad y te ayudará a no perder los nervios.
    • Si hace algo peligroso o va a romper algo, retíraselo y ponlo fuera de su alcance sin decirle nada y sin alterarte demasiado. Si por su seguridad es necesario contenerlo físicamente, hazlo con firmeza y afecto.
    • Cuando se vaya tranquilizando, no se le debe gritar ni castigar, sino darle seguridad, reforzándole que se haya tranquilizado e intentando distraerlo con otra actividad. Cuando todo haya pasado y lo veamos oportuno, será el momento de explicarle lo inadecuado de su comportamiento.

Por último, tras una rabieta es recomendable no mencionar el episodio con otras personas delante del niño con los objetivos de no etiquetarlo y de no prestar atención a ese comportamiento. Esto puede aplicarse a nivel más general: delante del niño, no hables con otras personas de las conductas no deseadas, sólo de las conductas positivas que el niño hace. No le pongas etiquetas “este siempre hace lo que quiere” “es un caprichoso”… porque los niños acaban por adquirir los papeles que se les asignan.